Actividad Física: ¡un poco vale mucho!

La Organización Mundial de la Salud promueve el 6 de abril como el Día Mundial de la Actividad Física, definiendo esta última como todos los movimientos que forman parte de la vida diaria, incluyendo el trabajo, la recreación, el ejercicio y las actividades deportivas. Al respecto opinó para Télam el Lic. Sebastián Blasco, profesor de la carrera de Psicología y director del primer Curso de Psicología del Deporte de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.

Por Sebastián Blasco

Según el estudio PSY-COVID 19 coordinado por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, realizado en 30 países -entre ellos 12 latinoamericanos-, que busca identificar el impacto de la pandemia en la salud mental, el 29% de la población consultada presentaba síntomas de ansiedad y un 35% de depresión durante el período de aislamiento.

Por su parte, el informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA menciona que el 75% de los participantes experimentaron malestar psicológico a los 115-124 días de cuarentena obligatoria en Argentina. La misma investigación señala que las alteraciones del sueño afectaron alrededor del 75% de los encuestados.

Ciertamente, dentro de las múltiples causas que incrementaron estos niveles de ansiedad y angustia podríamos destacar la incertidumbre generalizada, la preocupación económica laboral, la percepción de falta de control de la situación, el desdibujamiento del mundo vincular, como así también la menor exposición a la luz solar y la disminución de la actividad física.

Desde hace varias décadas, gracias a diversos aportes de múltiples disciplinas sabemos los beneficios que conlleva la práctica deportiva para la contemplación integral de la persona. Sin embargo, recién el último año, atravesados por el confinamiento, tomamos real consciencia de su relevancia.

Repentinamente nos encontramos trabajando largas horas frente a una computadora, privados de un contacto real con el afuera, desprovistos del plano vincular; corriendo el riesgo de caer en un continuo indiferenciado de tiempo y espacio. Es aquí donde encontramos tanto en el arte como en la actividad física factores protectores para volver a entrar en contacto con el propio pulso vital.

Resurgió la vivencia de amasar el pan, se incrementaron las vistas en tutoriales de yoga, meditación, mindfulness; se extendieron las caminatas y los paseos en bicicleta. Comenzamos a vislumbrar la importancia de nuestra dimensión corporal. No en vano el origen del vocablo deporte –del latín deportare- refiere a la capacidad de liberarse, trasladarse, recrearse. Encontramos en la actividad física un antídoto contra el automatismo, un canal directo para resguardar nuestra vitalidad.

Vivir aislados, encerrados, con distancia social, vivir adentro; resultó necesario, conveniente, oportuno, pero antinatural al fin. La persona humana es autotrascendente, tiende naturalmente al encuentro con el afuera. Salir de sí mismo para orientarse hacia el mundo: los vínculos, la tarea, los proyectos, el trabajo, nuestros seres queridos. Todo aquello que le da sentido a nuestra existencia se encuentra en el afuera. Adentro descubrimos recursos, encontramos posibilidades; afuera las realizamos. Según Viktor Frankl -creador de la logoterapia-, el hombre solo se siente realizado, plenificado, como consecuencia directa de la autotrascendencia.

El lema elegido por la OMS para la Celebración del Día Mundial de la Actividad Física 2021 «Un poco vale mucho», nos invita a repensar el lugar que ocupa la actividad física en nuestra vida cotidiana. No se trata entonces de gestar grandes proezas o imponernos metas exorbitantes, sino de encontrar momentos diarios para generar espacios que nos ayuden a conectarnos con nosotros mismos y con los demás. En definitiva, ponernos en movimiento para desplegar nuestro entusiasmo vital.

Por el Lic. Esp. Sebastián Blasco, director de la Diplomatura de Psicología Deportiva de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.

Fuente: Télam