Cómo hacer para empezar a salir a correr

Hasta la semana pasada, la única vez que terminé una carrera fue durante el Día del Atletismo en quinto grado. Ya en la secundaria intentaba averiguar cómo librarme de la clase de gimnasia porque correr un kilómetro y medio me costaba demasiado. Los deportes, en general, no eran lo mío. Correr, todavía menos.

De adulta fui al gimnasio, tomé clases de gimnasia y trabajé con entrenadores. Pero nada de eso me dio satisfacción ni me ha hecho querer seguir haciéndolo. El ejercicio que hice de manera más sostenida en la última década fue un régimen de flexiones profundas de rodillas con un bebé con cólicos en brazos después de que naciera mi primer hijo.

Después llegaron los diversos confinamientos y sorprendí a todos en mi casa, especialmente a mí misma, al incorporarme a un grupo cercano de gente que corría, cuyos miembros habían pasado de reunirse localmente a comunicarse virtualmente. Como era un tipo de ejercicio que podía hacer sola, las condiciones me resultaron ideales.

Pero para una recién llegada al mundo del running, la idea de que basta simplemente con ponerse un par de zapatillas y lanzarse a las calles resulta una gran mentira, creada, supongo, por personas que empezaron a correr después de abandonar el fútbol o el básquet.

Cada vez, para correr ese primer minuto horrible, tengo que hacer un gran esfuerzo. Me quedo sin aliento. Los músculos que no sabía que tenía me duelen como nunca creí posible. Me siento cohibida cuando un vecino me ve corriendo en la calle. Sin embargo, sigo adelante. Ahora puedo correr 20 minutos seguidos y no todos son horribles.

Las que siguen son algunas de las cosas que he aprendido y me han ayudado a superar la situación y continuar avanzando incluso cuando preferiría mucho más parar para tomar un café helado.

Dejá de lado el cinismo

Si sos de quienes se ríen de las citas inspiradoras de Instagram, bloqueá esa parte de tu cerebro durante todo el tiempo que corrés. Ahora entiendo por qué los instructores de fitness suelen ser tan implacablemente directos. Se necesitan mensajes positivos para superar las partes difíciles de hacer entrenamiento.

Probá con un sencillo ejercicio de reflexión que recomienda Coffey, cineasta y fundador del DeFine New York Run Club. Preguntate: «¿Cuál es mi por qué?» y «¿Cuál es mi objetivo?». El «por qué» de Coffey es ponerse en forma; su objetivo, poder seguirles el ritmo a sus tres hijos chiquitos.

«Quiero tener energía suficiente cuando ellos quieren jugar», dice. «No quiero ser uno de esos padres que contesta: ‘No puedo'».

Aconsejan regular la velocidad. Foto ilustrativa Shutterstock.

Aconsejan regular la velocidad. Foto ilustrativa Shutterstock.

Buscate una voz para tu cabeza

Para invitar toda esa cuestión positiva a mi frío y oscuro corazón, como dice la canción, aprovecho las clases de correr al aire libre de la aplicación Peloton, que es más barata que las bicicletas estáticas o las cintas de correr que vende esa misma empresa. Durante 20 o 60 minutos siento en el oído un instructor o una instructora que me mantienen en marcha, ponen su música favorita y me dan consejos para correr o me indican cuándo caminar.

«Como entrenadora, dejo que la gente se apoye en mí», comenta Becs Gentry, una de las instructoras de running de Peloton. Dado que ella misma graba las clases mientras corre, Becs utiliza sus propias batallas internas como motivadores. Si se siente agotada, dice: «Sé que esto es una mierda, gente, pero hagámoslo juntos. No me decepcionen». O: «Podés hacerlo durante tres minutos. Pensá en todas las cosas que te llevan más de tres minutos».

Si querés un entrenador virtual menos parlanchín, podés utilizar la aplicación Couch to 5K, programa apto para principiantes que te permite elegir personajes como Johnny Dead, un zombi que persigue cerebros, o Runicorn, un unicornio que hace running, para que te digan cuándo correr o caminar.

Volvé a ponerte la ropa sucia

Los expertos aconsejan dormir con la ropa de correr —calzas de compresión y todo— para que nada se interponga entre vos y el comienzo de tu corrida matutina. Y, como explica Tara Parker-Pope en el blog Desafío Well de 7 Días, del New York Times, eliminar este tipo de obstáculos facilita que logres nuevos objetivos de salud. Pero no había manera de que yo durmiera con un corpiño deportivo o me levantara de la cama antes de las 7 de la mañana para correr.

La lamparita se me encendió cuando la mujer que dirige mi grupo de corredores, Helen McCaffrey Birney, nos dijo por Zoom que ella no siempre se pone ropa limpia para correr. Vuelve a usar sus simpáticas calzas con bolsillos y nadie se da cuenta.

Dado que lo que menos necesito durante la pandemia es lavar ropa (está en segundo lugar, muy cerca detrás de ocuparme de los platos sucios), éste ha sido un modo perfecto de reducir fricciones y tareas domésticas.

Si a vos también te parece bien volver a ponerte el equipo usado, simplemente asegurate de colocar esa ropa sucia en un lugar de tu habitación, quizás en una percha para que el sudor se seque a tiempo del siguiente entrenamiento. A la larga, deberás lavar las prendas antes de que empiecen a anunciarse por sí solas al entrar alguien en el cuarto; mi experiencia es que probablemente sea después de tres puestas.

Para algunas personas, correr en grupo puede ser una motivación. Foto ilustrativa Shutterstock.

Para algunas personas, correr en grupo puede ser una motivación. Foto ilustrativa Shutterstock.

No corras rápido

Puede ser que no te consideres veloz, pero probablemente estés corriendo más rápido de lo necesario. ¿Te parece que avanzás más despacio que si estuvieras caminando? Reducí más la velocidad.

 ¿Te sentís una tortuga? Poné la tortuga en cámara lenta.

De esta manera vas a poder correr más tiempo y cuanto más despacio vayas, más atención vas a poder prestarle a tu cuerpo. Ese dolor en las canillas te está diciendo algo, pero no necesariamente que tengas que dejar de correr. Tal vez te haga falta apoyar el pie de otra manera o probar con un estiramiento de recuperación diferente.

Como ventaja adicional, también vas a aprender a orientarte cuando corras despacio. «El running era mi GPS», me comenta Coffey.

Cuando el cineasta sale a correr en grupo por Nueva York, el objetivo nunca es ir rápido; es ver la ciudad. Con los grandes problemas de orientación, transitar a pie mi pequeño suburbio me ha permitido saber por fin qué calle tomar para llegar a las clases de dibujo de mis hijos.

Encontrá a tus compinches lentos para correr

Dar con una comunidad cool como la «pandilla de runners» de Coffey cerca tuyo puede ser una maravilla. Te hará cumplir metas sin que entres a competir. Y para algunos, tener un grupo así para correr en persona es motivador simplemente porque se trata de algo social.

Aunque si sos como yo y correr con otros te agrega más presión para hacer lo tuyo, unite virtualmente. Entrá en un grupo de corredores online para ver si te inspira leer las experiencias de los demás.

Helen McCaffrey Birney, que además es directora ejecutiva de Cultivate Health Coaching, dice que en su grupo de Facebook hay gente que pasa dos años antes de decidirse a empezar a correr realmente.

A través de Run Across America, sitio que Helen lanzó el año pasado, podés incorporarte a carreras virtuales con alguien que te acompañe o un equipo que recauda dinero para organizaciones sin ánimo de lucro y seguir tu avance hacia un objetivo determinado. Incluso podés sacarte una «selfie sudorosa» con la aplicación cada vez que terminás de correr.

Para Helen, sacarse esa foto es clave. Cuando trasladó su programa a Internet, empezó a pedirle a todo el mundo que compartiera fotos publicándolas después de terminar de correr. Ahora el feed del grupo se llena de fotos mezcladas de mujeres como yo. Publicamos las fotos con orgullo, y los likes y los comentarios de felicitación empiezan a sucederse enseguida. Esa actitud de camaradería bien puede ser la mayor motivación que he encontrado hasta el momento.

¿Todo listo para empezar? Buscá a alguien que te ayude a cumplir responsablemente tus metas, escuchá a entrenadores optimistas, pensá en positivo y sacate una foto con la ropa sucia. Después todos podemos volver a ser nuestro yo más sarcástico y cero deportivo.

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/hice-empezara-gustarme-salir-correr_0_-ZASKKu0Z.html