¿Cuáles son las fantasías de los hombres?

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¿Qué tienen ellos en la cabeza y qué creemos nosotras? ¿Imaginan que les gusta mucho el sexo hasta que encuentran a una mujer que disfruta demasiado hacer el amor? ¿Qué los convierte en leones herbívoros? ¿Somos tan distintos? La clave está en el permiso o en ponerle ganas. Aptitud o actitud. 

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Cuando los hombres están a solas y juntos pareciera que no hay nadie más. Pero sólo es en apariencia. Hay más. Los que están, pero no están. Los que no se ven pero importan mucho: las fantasías y las ganas. También los miedos e inseguridades, prejuicios, mandatos sociales, ideas de éxito o fracaso, alguna conversación con amigos, una imagen de una peli porno. Más allá de los impulsos, aparecen los interrogantes de lo que cada uno cree que el otro espera (no siempre está tan conversado o se expresa en forma clara) y viceversa. En algún momento vibra el clásico: “¿Lo estaré haciendo bien?” Una inseguridad que se potencia en unos y otros, sobre todo en los primeros encuentros sexuales.

De acuerdo con los especialistas, en los consultorios, las preocupaciones que llevan los varones son las históricas y culturalmente asociadas al género. Y hoy, más que nunca, se sienten más inseguros. ¿Las razones? La más obvia –coinciden todos– es que cada vez se habla y se ve más. Pero todos exageran. Todos mienten. Y, hombres y mujeres, cada vez se sienten más ignorantes sexuales e incapaces de lograr “lo que todos cuentan”. ¿Será por eso que hoy se tiene menos sexo que en la época de nuestros padres? Sin duda, dicen los sexólogos. El miedo al fracaso, a quedar expuesto, conduce al rapidito, relajante, sin compromisos y testigos o el sexting (intercambio de textos e imágenes eróticas). Hay que ser experimentado, no tener prejuicios, tener el control de la situación, rendir según lo esperado de acuerdo a la fantasía de cada uno y de lo que se supone del otro. ¿Lo que es excitante para una lo es para el otro? Las coincidencias son tan difíciles de alcanzar como los juegos de azar. ¿Se dice más de lo que se sabe? ¿Menos prejuicios y mayores logros? ¿Miedo a defraudar? ¿Demasiadas expectativas? ¿Confusión de ficción con realidad? ¿Egoísmo? Mitos, leyendas, juguetes, demasiadas series y nuevas propuestas. ¿No será mucho?

¿TENGO EL PODER?

Está instalado –sí, aún– en la conducta de los hombres que asuman el control en la cama. Y cada vez menos, pero está instalado, que tomen la iniciativa. Aunque todavía se escuchan discursos variados. “Estuve tres años de novio y era siempre yo el que comenzaba el juego. Ella casi nunca me buscaba”, dice Federico (24, docente y estudiante de ingeniería). “Me gusta cuando en una relación la seducción se da de ambas partes. Y si todo queda blanqueado desde el principio, es supremo. Ya se sabe a dónde y cómo vamos a terminar y toda la previa se puede estar relajado o, al menos, sin ninguna presión. Pero no es fácil, cada uno llega a un encuentro con su propia mochila cargada con lo que ha vivido.” Micaela (23, estudiante de abogacía) relata su experiencia: “Me pasó con un pibe, le propuse ir a la casa y él no lo podía creer, no lo consideraba parte de mi rol. Creo que a
los hombres les parece extraño todavía que nosotras les digamos ¡vamos!” ¿Qué pasa con estas conductas? “Al hombre lo excita manejar la situación, por eso cuando la mujer propone, en general –y aun cuando existen pruebas de que esto está cambiando–, le sigue costando un poco. Es una herencia del machismo y el patriarcado”, dice el psicólogo Patricio Gómez Di Leva. También resulta un nuevo aprendizaje, según Natalia (22, estudiante de diseño de indumentaria). “Estamos en un proceso que también a nosotras nos cuesta hacer lo que tenemos ganas sin sentir vergüenza o temor a apresurar. Saltarse el manual (invisible) muy instalado. Sí o no en el primer encuentro. Cuánto esperar, no intimidarlo. Nadie es tan relajado cuando se tiene una cita o se empieza una relación. Hay que tener actitud y aptitud”, comenta simulando un poco de hastío.

ESTÍMULOS MUTUOS

¿Qué piensan ellos? ¿Qué esperan? “Los hombres jóvenes, en general, han visto mucho porno y sus fantasías son atrevidas. Quieren vivir todas las experiencias y en la mayoría la imaginación vuela al trío con dos mujeres”, apunta Di Leva. Los entrevistados para esta nota, acuerdan. “¡Mi fantasía es hacerlo con varias personas!”, dice Julián. “¡La mía es con la ropa puesta!”, confiesa Federico. “En lugares públicos –el ascensor, la cochera, el balcón–, me excita la adrenalina de ser descubierto”, se atreve a contar Ramiro. “La primera vez, en el auto. Es una cábala, nunca falla –comenta Thomás– y nunca cuando recién nos conocemos. Antes de llegar ahí, charlas, comidas, salidas…”

Ellos son más sensibles a los estímulos visuales y las mujeres a los auditivos, tacto y movimiento. La psicóloga y sexóloga Sandra Lustgarten explica que, hace unos años, los solía excitar el desnudo femenino, pero ya no porque el cuerpo está más a la vista. “Pareciera que tiene que haber un juego más intenso y una propuesta mejorada. La mirada de ellos se dirige a fetiches, los pies, las orejas, la piel, ciertos perfumes.” “A mí me gusta salir a cazar en la selva, es más fuerte que todo. Por eso tuve 3 matrimonios que duraron entre 2 y 4 años –confiesa Ramiro, 44 años, arquitecto–. Quise tener una familia, pero no puedo ser fiel, si tengo en mi casa a mi mujer segura, me convierto en un león herbívoro. Se me van las ganas y salgo a seducir a cuanta mujer se me cruce. A muchos hombres lo que más nos excita es la conquista”, concluye con un poco de melancolía. Las chicas, en general, confiesan que las estimula pensar en el clímax. Y entre amigas intercambian datos. Verdades y mentiras. Miran series y películas. Algunas tuvieron información en el colegio. Personajes como Otis (de la serie británica Sex Education, que da consejos de amor y cómo cuidar la salud) existen en todos los grupos.

MENOS FICCIÓN, MÁS REALIDAD

La vida es más como se refleja en la serie americana Girls, en la que el sexo se muestra como algo muy natural, quitándole cualquier “deber ser” a la relación. Pero, a pesar de vivir en una sociedad con menos prejuicios, la falta de información real no acompaña la libertad sexual. Uno de los miedos que suelen aparecer en los varones es poder mantener la erección. Lo ejemplifica Federico: “En el encuentro, en un momento la atención está puesta en si uno va a lograrlo y cómo, y en poder controlar no hacerlo muy rápido, poder esperar a la mujer”. Los fantasmas se potencian al extremo la primera vez. Ellas lo saben. “Suele haber mucha presión y por eso no siempre sale bien. Es un tema de piel y de conocerse, un proceso de confianza y saber que con el tiempo puede mejorar –dice Micaela–, pero si no pudo pasar nada, una no tiene mucho entusiasmo y ellos pánico a no lograr otra chance. Todos sabemos que puede fallar, pero cuando esa experiencia queda en la cabeza no es fácil de borrar, aunque tampoco imposible.” La primera vez con alguien tiene que ver con un examen. “Para los hombres surge lo que llamamos la ansiedad de rendimiento. Se sienten evaluados, expuestos y es esta situación la que hace que a veces puedan no lograr lo que se habían propuesto, lo que soñaban. Por eso, aun los jóvenes suelen acudir a alguna ayuda extra para sentirse más seguros de sí mismos”, confirma Gómez Di Leva.

PREJUICIOS Y FALSOS ESPEJOS

¿Soy buena en la cama? La preocupación es compartida. “Pero la exigencia es masculina, es él quien tiene que demostrar experiencia y capacidad. En cambio, a la mujer históricamente se le hizo bullying si mostraba interés o libertad sexual, tratándola de manera descalificativa. Entonces, si bien esto está cambiando, desde lo cultural está bien visto que ella no sepa mucho, se muestre ingenua o, al menos, no tan experimentada, aunque el hombre lo agradece”, explica Di Leva. Según una encuesta realizada por la Asociación Americana de Salud entre 2000 personas, divididas en partes iguales entre hombres y mujeres, los comportamientos sexuales más deseados tanto para mujeres como para hombres, eran los relacionados con el romance y el afecto. A los consultados les gustaba que los abrazaran y besaran. Que les dijeran cosas afectuosas durante el sexo. La lista se completaba con otros como que la pareja estuviera abierta a prácticas sexuales más osadas. Con esos anteojos nos miran. También resulta que, aunque no sea el caso, igual no nos ven. “En mi experiencia son pocos los que se interesan por lo que estás sintiendo. Los pibes se concentran en su placer y durar más que en la conexión”, dice Micaela. También hay otros casos. “Los que son gauchitos, les importa que lo pasemos bien ambos. Y te sentís plena en todo sentido”, afirma Natalia.

AMOR vs. PLACER

¿Los excita una mujer que disfruta el sexo? “Sí, es una situación bastante habitual. Pero no creamos que son tan generosos. Ellos se sienten gozosos, por ser quienes generan esa satisfacción”, aclara Di Leva. Y dice que “sigue vigente que se atribuyan los orgasmos de las mujeres”. Otros viven un presente más igualitario. Para Federico, una buena partenaire en la cama “es la que tiene ganas de explorar, que no se queda con lo que ya conoce o sabe hacer”. Y Julián resume “elijo a la mujer con la que disfruto, la paso bien, nos reímos, entendemos nuestros tiempos y falencias. Y con quien las cosas se dan naturalmente, sin nada estructurado. Para mí la clave es ser sinceros, saber pedir, decir y escuchar lo que tu pareja desea”. “Lo que es realmente importante, más allá de nuestras diferencias físicas y psicológicas, es la capacidad que tengamos para comunicarnos –afirmó la psicóloga Milena Larraza en su conferencia en las Jornadas Internacionales de Sexología en Portugal–. El sexo es un juego que tiene infinitos matices y es necesario tener la posibilidad, ganas y confianza para compartir los que nos interesen. No se trata de dar o recibir placer, sino de unir ambas cosas y nunca olvidarse de uno mismo.”

PURA IMAGINACIÓN

En cuanto a gustos no hay nada escrito y en lo que se refiere a sexo mucho menos. La clave, según los especialistas, tiene que ver con la mente y con cómo jugamos con nuestras fantasías. Un estudio del departamento de Psicología de la Universidad de Quebec (Canadá) y publicado en la revista Journal of Sexual Medicine, muestra también que en este ámbito los pensamientos son diferentes. Entre los resultados sobre cuáles eran las fantasías más habituales y repetidas entre las hombres figuraban tener sexo oral, hacer un trío con dos mujeres, estar con alguien que no es su pareja, tener sexo salvaje y apasionado de forma inesperada, ver a dos chicas en situaciones íntimas. Mientras que para ellas, mantener relaciones en lugares extraños o insólitos, recibir sexo oral, caricias subidas de tono, acostarse con alguien que no sea su novio o marido, ser dominadas sexualmente. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la sexualidad no tiene límites. Cada uno experimenta el placer y la excitación de las más diversas maneras.

POR MABY RAFFIN

Fuente: Revista Elle/Clarín