Disfunción del suelo pélvico y síntomas

El dolor empezó como un tirón raro en la ingle. “A los pocos días sentía que me quemaba”, refiere Lisa, de 36 años, madre de dos niños y ejecutiva de recursos humanos en Nueva Jersey. “Soy una mujer fuerte, pero el dolor era insoportable. Llegué al punto de hacerme un ovillo y ponerme a llorar en la oficina”.

Era el verano de 2012. En un mes, Lisa acudió a 11 médicos, pero ninguno le dio un diagnóstico. Los análisis en busca de infecciones fueron negativos, y los antibióticos, antivirales y antimicóticos, ineficaces.

Un psiquiatra insinuó que sus dolencias se debían a problemas conyugales (“Nada menos cierto”, dice ella). “Detestaba preguntarme a diario si terminaría la jornada de trabajo y podría luego pasar un rato con mi familia o acabaría recostada otra vez en el sofá”, cuenta.

En una de tantas salas de espera vio el libro Heal Pelvic Pain (“Sana el dolor pélvico”), de la fisioterapeuta Amy Stein. En él encontró síntomas que ya conocía y un nombre que nunca había oído: “suelo pélvico”, designación de la red de músculos, ligamentos y nervios muy sensibles situada en la base de la pelvis y que, en la mujer, sostiene útero, vejiga, colon y recto.PublicidadPublicidad

Estabiliza el tronco y las caderas, y afecta muchas funciones, desde el orgasmo hasta la continencia. Si sufre un trastorno, puede producir intensos dolores en numerosos órganos y tejidos.

Al final Lisa recibió un diagnóstico: disfunción del suelo pélvico (DSP), pero no antes de recurrir a la fisioterapia del suelo pélvico, una práctica relativamente nueva para aliviar los trastornos de la pelvis tanto en hombres como en mujeres.

A quién afecta la disfunción del suelo pélvico

Pese al difícil diagnóstico, la DSP es muy común. Se calcula que afecta a una de cada tres mujeres en Estados Unidos. De acuerdo con el Instituto Herman & Wallace de Rehabilitación Pélvica, en Seattle, dar a luz aumenta en 18% el riesgo de contraer trastornos del suelo pélvico si se ha tenido un hijo, y en 32% si se han tenido tres o más.

Otras causas posibles son el déficit hormonal de la menopausia y la pérdida de masa muscular asociada a la edad, así como las operaciones, ciertos accidentes (como caer sobre la cadera o el coxis) y la obesidad. Entre los 50 y los 69 años de edad el riesgo de DSP es casi tres veces mayor que entre los 20 y los 39 años.

Aunque la DSP es menos común en los hombres, el diagnóstico es deficiente. Cerca de 90 por ciento de los casos de inflamación crónica de próstata, por ejemplo, no se deben a infección bacteriana; los expertos creen que una de las causas es la debilidad del suelo pélvico.

En los varones, las operaciones quirúrgicas, las lesiones, la obesidad y el estreñimiento crónico pueden dañar el suelo pélvico y producir incontinencia, dolor y disfunción sexual. A muchos les da vergüenza buscar tratamiento y, como ocurre con las mujeres, cuando lo buscan suelen recibir diagnósticos erróneos.

En casos como el de Lisa, la DSP se manifiesta con dolor en la vulva; en otros, el primer síntoma es un trastorno intestinal, endometriosis o dolor en la vejiga, cadera, espalda o abdomen.

“A menudo los médicos tratan los síntomas del órgano o articulación afectados, y no buscan la verdadera causa”, advierte la fisioterapeuta Amy Stein. “Tratan sólo el dolor en la vulva, el estreñimiento o la artritis de la cadera, pero, si se desconoce la causa, no es posible remediar el trastorno”.

Una causa oculta de dolor de espalda

El suelo pélvico es el centro de la fuerza física y el equilibrio del cuerpo. Si los músculos de esa zona sufren una contractura o una pérdida de movilidad, pueden torcer los huesos. Éste fue el caso de Alexandra, abogada de unos 55 años de Washington, D.C., quien durante años padeció un dolor de espalda atroz.

Los médicos le dijeron que una rotación del hueso sacro y de la articulación sacroiliaca le había torcido la columna. Ni la fisioterapia normal, ni los relajantes musculares, ni la cortisona inyectada la aliviaban.

Después de recurrir a la fisioterapia del suelo pélvico, supo que el tejido cicatricial y las adherencias derivados de una histerectomía le habían dejado rígidos los músculos del suelo pélvico, lo cual le había desalineado los huesos.

Hacia un alivio verdadero

La DSP es reconocida por especialistas en dolor pélvico, ginecólogos, gastroenterólogos, urólogos y especialistas en trastornos colorrectales, quienes conocen bien tanto las afecciones urinarias como las de la pelvis. El primer paso para obtener alivio es un examen del suelo pélvico, y luego fisioterapia.

“El examen se parece mucho a la palpación que hacen los ginecólogos con la mano enguantada, pero nos centramos en la función muscular”, explica Holly Tanner, fisioterapeuta del suelo pélvico y directora de planes de estudio del Instituto Herman & Wallace.

El terapeuta busca zonas de hipersensibilidad, dolor y tensión en los músculos. En los varones, es un urólogo u otro especialista quien emite el diagnóstico tras un tacto rectal e inguinal minucioso.

“Esta debe ser la primera medida terapéutica”, dice la uroginecóloga Colleen Fitzgerald, directora médica del Programa de Dolor Pélvico Crónico de la Universidad Loyola, en Chicago.

“Si no acudes a un especialista que conozca los efectos de estos músculos en el dolor, quizá no obtengas la atención óptima. Menos de la mitad de las mujeres que se beneficiarían con un examen del suelo pélvico se someten a él”.

A pesar de que hay fármacos y soluciones quirúrgicas para algunos trastornos del suelo pélvico, la fisioterapia y ciertos ejercicios caseros ofrecen alivio a mucha gente. En un reciente estudio realizado con casi 800 mujeres aquejadas de DSP, la fisioterapia les brindó una mejoría de al menos 80 por ciento en síntomas como incontinencia, estreñimiento y dolor.

En otro estudio, personas que padecían dolor lumbar obtuvieron un alivio adicional si añadían ejercicios pélvicos a los destinados para la espalda y a la ultrasonoterapia.

Entre otras terapias se cuentan el masaje intravaginal por parte de un fisioterapeuta para relajar las zonas tensas, y la bioautorregulación para enseñar a la paciente a contraer y relajar los músculos por sí sola.

“No es charlatanería. Es un tratamiento serio”, dice Lisa. Además, a diario las pacientes realizan en casa ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos débiles y otros de relajación para los músculos tensos, los flexores de la cadera y los glúteos.

Aunque Lisa sufrió dos recaídas, recibió más fisioterapia y perseveró en los ejercicios en casa. “Mi vida ha vuelto a la normalidad”, dice. “Practico la escalada en roca, el surf y el baile con jeans y tacones, lo que temía no volver a hacer nunca”.

Fuente: https://selecciones.com.mx/dolor-en-la-zona-genital/