Edad recomendada para usar pantallas

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Esta es la edad recomendada por los psiquiatras para usar pantallas y redes sociales

La tecnología, y muy especialmente las redes sociales y los mensajes instantáneos, han modificado la forma en la que trabajamos y, sobre todo, en la que nos relacionamos. Los jóvenes son especialmente vulnerables a usar de forma intensiva y pasiva las redes, dejando de lado relaciones sociales interpersonales esenciales para su desarrollo cognitivo y emocional.

teléfonos móviles
  1. Isabel Gallardo Ponce

Es la era de la interconexión, pero también de la soledad. Tenemos a los amigos a golpe de click, pero no cerca para charlar o para pasar el rato. La tecnología ha cambiado por completo la forma en la que trabajamos, en cómo entendemos el mundo, y, sobre todo, en cómo nos relacionamos. Hemos pasado de un modelo en el que la calle, era el lugar de encuentro, para pasar más tiempo en el domicilio sin interacciones sociales en persona. 

Soledad en la hiperconexión

¿Cuántas veces hemos visto a un grupo de adolescentes juntos pero cada uno mirando su móvil? Es una acción cada vez es más frecuente pero que revela cómo han cambiado las relaciones sociales no solo en los adultos sino también en la población infantojuvenil. Carmen Moreno, vicepresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, y jefe de Sección en el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, explica que los jóvenes buscan datos, identidad y conexión. Tenemos a “chicos hiperconectados que se sienten muy solos y que no están en el entorno social”.

La adolescencia, el momento de pertenencia

Tradicionalmente la adolescencia era el momento de estar con los amigos, de pertenecer, de ser rebelde… es uno de los momentos más genuinos de la vida. La adolescencia el momento en el que se desarrolla el cerebro y la identidad.  “Los adolescentes, tienen hiperactivado el sistema límbico. Están buscando emociones, recompensa y les cuesta mucho planificar. Al mismo tiempo tienen muy hipoactivado el sistema prefrontal”, dice Moreno. 

Por todo ello, la adolescencia no deja de ser una suerte de entrenamiento social, en el que aprendemos a relacionarnos con los iguales sin la presencia de los padres, se aprende a tolerar y compartir las emociones, a confiar en los demás, a tener una vía de desahogo con los amigos… Sin embargo, en el escenario actual los jóvenes con problemas para relacionarse encuentran un refugio en las pantallas. “Esto implica que si no te has entrenado en este momento esas habilidades, va a ser más difícil que las desarrolles a lo largo del tiempo”, dice Moreno. Y esa falta de desarrollo en las capacidades sociales tendrá consecuencias a largo plazo. 

“Las pantallas forman una parte importantísima del entorno al que estamos expuestos, en el que interactuamos. En este grupo de edad  ha cambiado la forma en la que se relacionan con los demás; por ejemplo, cuando dicen: voy a hablar, lo que están haciendo es escribir mensajes de texto”.

En este nuevo contexto hablar es mandar mensajes, dice Moreno que no podemos dejarles solos sino que hay que protegerlos frente a los riesgos. Y aunque estos peligros aún están por investigar en profundidad, hay que “aportar una posición prudente frente a este cambio de vida”, dice Moreno. Y es que muchos jóvenes han cambiado la interacción cara a cara con una vida más casera frente a una pantalla. “Han sustituido preguntar a sus mayores o a sus amigos o buscarla información de otra manera: mediante informadores digitales que son los prescriptores de estilo de vida e incluso les enseñan formas de hacerse daño”, apunta la psiquiatra. 

Uso pasivo y uso intensivo

Según Moreno, realizar un uso pasivo de las redes, que no es otra cosa que ver reels sin pausa, junto al uso intensivo -muchas horas- es una de las cosas que está más relacionada con la posibilidad de tener problemas adversos relacionados con la salud mental, según los últimos estudios. “Y es justo ese uso el que muchas veces se hace cuando uno se encuentra mal, cuando uno se encuentra angustiado y desregulado” para calmarse. Los estudios señalan que el uso problemático de las redes sociales se relaciona con depresiónansiedad y estrés, en adolescentes y adultos jóvenes. 

No sólo eso, sino que los adolescentes o niños están a merced de algoritmos que les llevan a  encontrar caminos a los que nunca hubieran llegado. “Si no, ¿de qué forma vamos a tener esta cantidad de niños de 8, 9, 10 años expuestos a la pornografía?”, apunta Moreno. 

Moreno explica que hay que estar ahí junto a ellos mientras usan las pantallas y las redes sociales, y procurar que niños, adolescentes y jóvenes reciban los estímulos más importantes para su desarrollo cerebral fuera de la tecnología. “Por eso se recomienda que no haya exposición a pantallas antes de los 6 años ni redes sociales antes de los 16. Cuando haya algún tipo de exposición tiene que ser lógica, controlada, conocida”.

Redes sociales en España

Precisamente después de que Francia haya prohibido la edad de uso de las redes sociales a los menores de 15 años hace unos días, le ha llegado el turno a España. El presidente Pedro Sánchez ha avanzado un paquete de cinco medidas para el futuro en el que planea prohibir el uso de estas tecnologías a los menores de 16 años, una edad que coincide con la que recomiendan los profesionales de la salud mental. Australia ya legisló sobre este tema en 2025 y marcó la edad para menores en la misma que plantea Sánchez. 

Respecto a esta medida, José César Perales, catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, en declaraciones a SMC España, ha comentado que los 16 años es una edad alta para poner un límite. No obstante, según este profesional, «hoy en día, la evidencia disponible en relación con el daño que pueda hacer sobre la salud mental el acceso y el uso de redes sociales en adolescentes no justifica en buena medida el establecimiento de ningún umbral, pero mucho menos un umbral bastante conservador como el de 16 años».

Puesto que no hay mucha evidencia científica sobre el impacto en salud mental de las redes sociales, Perales apunta que «hay investigación bastante sólida sobre el impacto sobre la salud mental adolescente que tiene la presión académica y sabemos que el tamaño de ese efecto es probablemente un orden de magnitud mayor que el tamaño del efecto atribuible a las redes sociales. Así que, por una parte, se está tomando una medida drástica sobre una base de evidencia bastante débil y, en buena medida, eso se debe a que esta es una medida popular». 

Hablar de las redes en casa

En el otro extremo, Moreno considera que en los menores los riesgos de las tecnologías sobrepasan a los beneficios y esas edades son aquéllas en las que uno todavía no tiene esta capacidad de control emocional. En este sentido, Moreno apunta que “al final es que realmente estamos colocando a la gente en una situación en la que no tiene capacidad de navegar. Si las redes están en casa tienen que ser parte de la conversación” y consensuar con ellos que es necesaria una supervisión pero también hablar de qué les interesa, qué les ofrecen los algoritmos… 

En este nuevo contexto aún falta por analizar en profundidad lo que pueden producir las redes sociales. Pero lo que está claro es que los adolescentes son vulnerables al tiempo que son los primeros que la adoptan por el interés que les provocan. Por eso es tarea de los padres y de los adultos protegerlos.