La alopecia afecta cerca del 30% de las mujeres
La premenopausia y la menopausia son etapas decisivas que producen pérdida de densidad por la caída hormonal, pero hay otros factores.
“Durante mucho tiempo, el cabello fue para mí un símbolo de identidad y feminidad que, al empezar a caer, arrastró consigo parte de mi seguridad; vivimos en una sociedad donde el cabello tiene un peso simbólico muy fuerte, especialmente para las mujeres, y enfrentarse a su pérdida supone cuestionar muchos estereotipos”.
El testimonio de Elisabet Rodríguez condensa toda la carga psicológica y social que supone la calvicie en la mujer.
Habla desde la fortaleza acumulada en sus 35 años de convivencia (de los 44 años que tiene ahora) con la alopecia areata —que implica la pérdida total de cabello, y que en muchos casos nunca vuelve—, un recorrido en el que ha pasado por diferentes etapas emocionales. “Tras el impacto inicial, hubo un punto de inflexión”, relata a La Vanguardia.
“Comprendí que la alopecia no es solo una cuestión estética, sino una vivencia emocional que se lleva mejor cuando dejas de esconderte”.
De esa necesidad de encontrar a otras “iguales” y de transformar el estigma en empoderamiento nació en 2017 la asociación A pelo Alopecia, ubicada en Barcelona y con mayor penetración en Cataluña, aunque cuentan con asociadas y colaboraciones con el resto del país.
“El objetivo de la asociación es claro: que nadie se sienta sola en este proceso. Y entre sus prioridades está la visibilizar la alopecia femenina de forma que deje de ser un tabú o motivo de lástima.
Además, acompañar, ofreciendo un espacio de seguridad para compartir miedos, dudas y risas, y reivindicar y recordar que nuestra valía y nuestra belleza no dependen de los folículos pilosos”, destaca Elisabet Rodríguez, cofundadora de la asociación.
“Nuestra belleza no dependen de los folículos pilosos” Foto: Unsplash
Esa fortaleza y apoyo es lo que necesitaba Rosa Gallach, de 55 años, que convive con la alopecia areata. Lo que comenzó hace 10 años como una mancha del tamaño de una moneda en la nuca acabó en “dejar de tener pelo en la cabeza y también en otras partes del cuerpo. Durante la pandemia, perdí también las cejas y las pestañas”.
Casi desde el principio de su problema capilar buscó apoyo en A pelo alopecia, y “desde el principio fue un subidón muy heavy encontrar a otras mujeres que, como yo, desconocían que de un día para otro, sin que hubiera pasado nada excepcional en tu vida, podías quedarte sin cabello”.
Compartir experiencias o tratamientos “es un apoyo brutal para salir adelante, porque tu primer instinto es taparte, ponerte una peluca, decir yo no puedo salir así a la calle”. Ahora, exhibe su calvicie cuando quiere y la oculta cuando lo necesita (por frío o sol). Y estas mujeres se sienten orgullosa de pertenecer “a nuestra familia pelona, en la que todas somos maravillosas y brillamos”.
Sin embargo, ni todas las alopecias femeninas son iguales ni todas las mujeres las aceptan de buen grado. Se estima que la alopecia afecta alrededor del 30% de las mujeres en España, y la premenopausia y la menopausia son etapas decisivas que afectan al cabello que, en condiciones normales, se adelgaza y pierde densidad por la caída hormonal, pero hay otros factores.
Ahora, exhibe su calvicie cuando quiere y la oculta cuando lo necesita (por frío o sol). Foto: Unsplash
El doctor Sergio Vañó, coordinador de la Unidad de Tricología y Trasplante Capilar del Hospital Ramon y Cajal y de Grupo Pedro Jaen, apunta que la incidencia de alopecia femenina “está aumentando en los últimos años y no es por una única causa, sino que influyen factores ambientales, hormonales, tratamientos médicos, etc.”.
La investigación en este campo es muy intensa (Vañó es secretario general de la European Hair Research Society, un cargo que hasta ahora no había ocupado ningún español), y aunque cada vez hay más opciones de tratamiento para los diferentes tipos de alopecia, “aún quedan muchos aspectos para los que no encontramos explicación”.
Entre las calvicies que concentran más esfuerzo investigador se encuentra la alopecia frontal fibrosante, “más frecuente en mujeres y cuya incidencia ha crecido en los últimos años”.
El dermatólogo explica que esta alopecia se caracteriza por un retroceso progresivo de la línea de implantación del pelo (es como si la frente creciera) y para esta, de momento, no se puede hablar de curación, pero sí de “detener, con diferentes tratamientos el mecanismo que causa la inflamación que provoca la caída”.
“Aún quedan muchos aspectos para los que no encontramos explicación”. Foto: Unsplash
Una idea que ronda por la cabeza de los tricólogos es que, “tal vez y en algunos casos, la alopecia de cejas (madarosis), pueda ser un indicador temprano de alopecia fibrosante”, sugiere Sergio Vañó.
La pérdida de pelo en las cejas es un motivo frecuente de consulta al dermatólogo y para el que existen diversidad de opciones de tratamiento, aunque lo primero “es determinar la causa, que puede ser desde un trastorno autoinmune a un problema hormonal o por factores emocionales”.
La granadina Flora Fiel perdió su pelo a los 63 a consecuencia de la quimioterapia, aunque pasados unos meses, su cabeza volvió a cubrirse (ahora luce un pelo espléndido) y las pestañas también regresaron (menos que antes de la quimio), pero las cejas no.
Y es que diez años antes, y coincidiendo con el gran estrés que le causó la enfermedad de un hijo, perdió completamente las cejas, una caída que no fue repentina, sino en unos meses. “Entonces no consulté con ningún dermatólogo; decidí tatuármelas y atender a lo que entonces era más urgente”.
La pérdida de pelo en las cejas es un motivo frecuente de consulta al dermatólogo y para el que existen diversidad de opciones de tratamiento. Foto: Unsplash
Si compara el impacto de ambas alopecias, no tiene duda de que “ha sido peor perder las cejas; es un trauma y lo ves claramente cuando vuelves a ver tu cara con unas cejas, aunque sean tatuadas, y compruebas la diferencia entre tenerlas y no tenerlas. Cambia completamente la expresión, su ausencia da un aspecto de enfermedad (aunque no lo estés) y de vejez”.
Flora ha aceptado el tatuaje como solución a la ausencia de cejas, pero “si tuviera que dar marcha atrás, o la alopecia de cejas se le presentara ahora, me haría un trasplante de pelo en las cejas”, confiesa.
Además de la alopecia fibrosante, el tricólogo apunta que la alopecia androgénica es otra de las formas más frecuentes de alopecia femenina y se suele manifestar como una pérdida de densidad capilar. Déficits nutricionales, enfermedades ginecológicas, anorexia o dietas restrictivas pueden estar detrás de este problema capilar, para el que también hay diferentes tratamientos que, como siempre, “son personalizados para cada paciente y dependiendo de su diagnóstico”.
Vañó también recuerda que hay tratamientos médicos —y no solo la quimioterapia — que afectan al aspecto y a la densidad capilar. Así lo vive en primera persona Margarita Orozco, de 63 años, que desde hace tres toma anastrozol, un tratamiento hormonal para el cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas.
“Yo siempre he tenido mucho pelo, y grueso, incluso a pesar de la menopausia. Pero desde hace unos meses, mi pelo se ha vuelto más fino y tengo menos densidad”, comenta. “Desde luego, es un efecto menor, pero a mí me molesta bastante”.
El dermatólogo indica que el cabello se puede recuperar cuando se deja de tomar el fármaco. Foto: Unsplash
El dermatólogo indica que el cabello se puede recuperar cuando se deja de tomar el fármaco, aunque las posibilidades casi se diluyen cuando se trata de mujeres postmenopáusicas.
Aún así, insiste en que hay soluciones —aunque sean discretas— para la mayoría de problemas, propuestas que también incluyen el trasplante capilar, una opción que, sin embargo, “tiene mucha menos demanda entre las mujeres que entre los hombres”.
Con todo, el salón de peluquería puede ser el primer ‘canario de la mina’ de la alopecia femenina. Javi Martínez, peluquero de Elyseé Organic Luxe Studio, acumula más de 30 años de experiencia y a lo largo de este tiempo ha percibido un cambio a mejor.
“La mujer cada día está mejor educada y busca las alternativas más saludables en cosmética para cubrir la necesidad de coloraciones y de cualquier tipo de embellecimiento (que se suma a un estilo de vida cada vez más sano, cuidando la alimentación, el ejercicio físico y el estrés)”.
El peluquero detalla que en el salón se trabaja a nivel tópico. Foto: Pexels
El peluquero detalla que en el salón se trabaja a nivel tópico. “Ayudamos a mantener y prolongar la estructura original del cabello, a reforzarlo si hay algún tipo de adelgazamiento o tendencia a la caída”, dice, pero insiste en que “es la mujer la que previamente se conciencia y viene a nuestro salón con una búsqueda activa de soluciones, de cosmética saludable”.
Uno de los cambios más relevantes en los últimos años han sido las nuevas propuestas para ocultar las canas. “Antes la mujer se teñía con más frecuencia y al final eso implicaba mucha carga amoniacal, más sustancias químicas que entran en la microcirculación sanguínea.
Lo que notamos es que las clientas que no aguantan el mes sin teñirse tienen más caída de pelo y una sensibilidad muy alta a los productos químicos”, y subraya que “hace unos años me encontraba con señoras de como mucho 60 años que, prácticamente, no tenían densidad, ni casi cabello o lo tenían en el retroceso. Ya prácticamente esos casos no nos los encontramos, porque las marcas cada vez han ido haciendo los productos menos agresivos. Todo lo que entre en el cuero cabelludo está afectando al folículo piloso”.
Coincidiendo con Sergio Vañó, Martínez comenta que a las mujeres les preocupa mucho la caída del pelo, un hecho que los dermatólogos califican de efluvio telógeno, y que puede ser llamativo, pero no es señal de alopecia.
“Observamos si hay nuevos pelos, y trabajamos sobre ellos y el cuero cabelludo”, dice el profesional. Pero, “si detectamos una pérdida llamativa de cabello y la ausencia de pelo nuevo, les advertimos de que deben consultar con un especialista”.
Sea del tipo que fuere, y a cualquier edad, el cabello tiene un fuerte componente psicológico en la mujer, y aceptar cambios y pérdidas exige un proceso de aceptación y también de acompañamiento. De eso sabe, y mucho, Elisabet Rodríguez, que declara orgullosa: “Hoy, cuando me miro al espejo, ya no veo una carencia. Veo una identidad elegida y una comunidad de mujeres valientes que han decidido que el pelo sea lo de menos. En A pelo no solo compartimos una condición física; compartimos la libertad de ser nosotras mismas, con o sin peluca, pero siempre con la cabeza muy alta”.