Las bebidas rojas son saludables para el colesterol y el corazón
Desde el jugo de remolacha hasta el té de hibisco, ofrecen antioxidantes, flavonoides y nutrientes naturales.
El consumo de bebidas de color rojo natural gana popularidad por sus posibles beneficios para la salud cardiovascular. Algunas de estas bebidas contienen antioxidantes que ayudan a reducir el “colesterol malo” (LDL).
Incorporar jugos y tés rojos a la dieta puede representar una forma sencilla y sabrosa de apoyar la salud del corazón. Expertos señalan que su efecto podría complementar una dieta equilibrada.
Entre las opciones más recomendadas figuran jugo de remolacha, de granada o de uva roja, y té de hibisco o arándanos. Todas destacan por su riqueza en compuestos vegetales protectores.
Además de favorecer el equilibrio del colesterol, estas bebidas podrían mejorar la circulación sanguínea y proteger las arterias frente al daño oxidativo. Todo sin necesidad de alterar radicalmente la rutina diaria.
Qué bebidas rojas beber para el colesterol y el corazón
La salud cardiovascular depende de muchos factores: genética, hábitos de vida, dieta, ejercicio. Pero lo cierto es que pequeños cambios en el día a día -como elegir qué beber- pueden marcar la diferencia.
Según un artículo reciente del medio The Times of India, hay al menos 7 bebidas rojas naturales que podrían contribuir a bajar el colesterol LDL (“malo”), elevar el colesterol HDL (“bueno”) y mejorar la circulación sanguínea.
Las bebidas de tono rojo suelen contener pigmentos, antioxidantes y flavonoides, compuestos naturales que combaten el estrés oxidativo, reducen inflamación y ayudan a mantener saludables las paredes arteriales.
Hay alimentos que ayudan a la salud cardiovascular. Foto: Shutterstock
Además, algunas favorecen la dilatación de vasos sanguíneos y mejoran el flujo, lo cual beneficia la presión arterial y la circulación general.
A continuación, un repaso de las 7 protagonistas y sus aportes:
1. Jugo de remolacha. El jugo de remolacha es considerado uno de los más potentes aliados para el corazón. Su color rojizo profundo se debe a pigmentos con propiedades antioxidantes. También contiene nitratos naturales, que el cuerpo convierte en óxido nítrico, un vasodilatador que ayuda a relajar los vasos sanguíneos, mejorar el flujo sanguíneo y reducir la presión arterial.
Además, estos compuestos pueden ayudar a prevenir la oxidación del colesterol LDL, un paso clave en la formación de placas arteriales. Consumir un vaso de jugo de remolacha con regularidad (preferentemente fresco y sin azúcar) puede ser una estrategia natural para cuidar el corazón.
2. Jugo de granada. El jugo de granada es otra bebida roja que destaca por su alto contenido de antioxidantes, como polifenoles y antocianinas. Estos compuestos ayudan a reducir la inflamación, mejorar la circulación y proteger las arterias del daño oxidativo. Al reducir la oxidación del colesterol LDL y favorecer la salud vascular, el consumo regular de jugo de granada puede contribuir tanto a bajar “colesterol malo” como a mejorar los niveles de “colesterol bueno” (HDL).
El jugo de granada está entre las principales bebidas rojas para el corazón.
3. Jugo de uva roja. Para quienes buscan beneficios similares al vino tinto -pero sin alcohol-, el jugo de uva roja es una excelente alternativa. En su composición hallamos resveratrol y otros flavonoides, que pueden ayudar a inhibir la oxidación del colesterol, mejorar los niveles de HDL y proteger las arterias. Al no contener alcohol, resulta una opción segura para personas de todas las edades o quienes evitan bebidas alcohólicas. Incluirlo de forma moderada y sin azúcares añadidos puede aportar beneficios reales al sistema cardiovascular.
4. Té de hibisco. El té de hibisco -hecho con flores de la planta Hibiscus sabdariffa- tiene un color rojo intenso y un sabor ligeramente ácido, ideal como bebida refrescante o caliente. Más allá del gusto, se le atribuyen propiedades antioxidantes y vasodilatadoras. Estudios recientes mencionados en medios de salud destacan su capacidad para ayudar a reducir colesterol total, LDL y triglicéridos, al tiempo que promueve el HDL. Beber una o dos tazas al día sin azúcar puede ser un gesto sencillo con impacto real.
5. Jugo de arándanos o cranberry sin azúcar. El jugo de arándanos (cranberry) se suma a la lista con su aporte de flavonoides. Estas moléculas actúan combatiendo el estrés oxidativo y pueden contribuir a reducir LDL y aumentar HDL, además de proteger las arterias de lesiones. Es importante elegir versiones sin azúcar, para evitar contrarrestar los beneficios con un exceso calórico o glucémico. Consumido con moderación, resulta una opción práctica y sabrosa de apoyo al sistema cardiovascular.
6. Jugo de tomate. Aunque el tomate no siempre es lo primero que se asocia con “bebidas rojas”, su jugo también forma parte de este conjunto gracias a su contenido en licopeno, un antioxidante que ayuda a reducir la inflamación arterial, proteger las células y mejorar la salud cardíaca. Regular su consumo como complemento de comidas o como bebida puede aportar vitaminas y compuestos beneficiosos que apoyen el equilibrio del colesterol y la salud vascular.
7. Jugo de pimiento rojo (o batido de pimiento rojo). Según el artículo fuente, el jugo de pimiento rojo -preparado en casa y con colores intensos- puede ofrecer antioxidantes y vitaminas (como A y C) que promueven un perfil lipídico saludable: reducen LDL, pueden elevar HDL y favorecen el sistema inmunológico. Si bien no es tan común como los anteriores, su inclusión en licuados o mezclas vegetales lo convierte en una opción interesante para quienes buscan variedad y nutrientes.
El jugo de tomate posee un antioxidante que ayuda a reducir la inflamación arterial, proteger las células y mejorar la salud cardíaca.
Recomendaciones para consumir con criterio
Elige versiones naturales, sin azúcar ni aditivos, preferiblemente frescas o recién preparadas. Muchas de las evidencias provienen de estudios que probaron los efectos de los compuestos activos (flavonoides, nitratos, antioxidantes) puros.
Integra estas bebidas dentro de una dieta balanceada y un estilo de vida saludable: actividad física regular, control del peso, evitar el tabaquismo y limitar el consumo de grasas saturadas.
No las consideres como “remedios milagrosos”: pueden ayudar como parte de una estrategia general, pero su efecto varía según cada persona, sus hábitos y su contexto de salud.
Además, siempre conviene consultar con un profesional de la salud -especialmente si ya hay problemas cardíacos, presión alta, uso de medicación o condiciones crónica- antes de hacer cambios importantes en la dieta.