‘Realities’ y salud mental
Una mirada a sus consecuencias ocultas
‘La isla de las tentaciones’, ‘Gran Hermano’, ‘Supervivientes’, ‘Masterchef’… Los ‘realities’ son un formato consolidado en la televisión. ¿Qué consecuencias sufren los concursantes al convertirse en personajes? ¿Cómo afecta a los telespectadores la exposición continua a relaciones tóxicas?

Los realities televisivos no dejan indiferente a nadie, ya sea por atracción o por repulsión. Sus creadores lo saben y explotan al máximo los recursos más eficaces para enganchar a la audiencia. Además, se sabe que dejan una huella psicológica tanto en los telespectadores como en los propios concursantes, que a veces se traduce en trastornos de salud mental. Los expertos de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) desvelan el alcance de este impacto.
En teoría, las vivencias de los participantes de programas como La isla de las tentaciones, Supervivientes o Gran Hermano reflejan conflictos de la vida real, lo que lleva a los espectadores a experimentar sentimientos de identificación y empatía con ellos. Pero en lo cierto es que hay una selección deliberada de determinados perfiles de personalidad y aspecto físico, entre otros muchos sesgos.
Normalizar las relaciones tóxicas
El poder de estos programas para lograr que el telespectador se ponga en la piel de los concursantes tiene efectos colaterales. “Hay numerosos estudios académicos que afirman que formatos de este tipo tienen un impacto en la imagen que el público tiene de las relaciones personales y amorosas”, señala Elena Neira, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la (UOC). “En general, trasciende una versión algo contaminada de lo que son las relaciones y eso, para determinados grupos demográficos, puede acabar siendo un baremo que luego tomen como referencia en sus vidas”, advierte. El público principal de algunos de estos realities se sitúa entre los 18 y los 34 años y, por lo tanto, se trata de adultos jóvenes que pueden ser especialmente vulnerables en términos de salud mental.
En ese mismo sentido, según expone Aleix Comas, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, “estos formatos refuerzan los estereotipos, ya que los perfiles y los comportamientos que resultan de la edición del programa se seleccionan no en función de lo que es más real o más sano, sino en función de lo que creen que va a generar más audiencia, que justamente suelen ser comportamientos muy polarizados y relaciones muy tóxicas”.

Montoya, concursante de ‘La isla de las tentaciones’. (Foto: El Mundo)
Al final, la consecuencia más adversa puede ser que el público acabe normalizando ese tipo de relaciones. “Podemos dar por hecho que los conflictos intensos son inevitables y esperables, y que las estrategias que vemos por televisión para gestionarlos son las adecuadas. Esto daría por válidas estrategias evitativas y agresivas que son un gran problema de cara a mantener relaciones interpersonales sanas”, apunta el psicólogo.
Estos son, según Comas, algunos de los problemas que puede acarrear el consumo excesivo de realities:
- Pérdida de referencias y criterios para establecer relaciones interpersonales sanas.
- Sensación de ser menos debido a la comparativa constante con los los concursantes, con la consecuente bajada de la autoestima.
- Dificultad para afrontar y gestionar los problemas personales propios al evadirse con estos contenidos televisivos de forma constante.
- Preocupación excesiva por la imagen corporal, al compararse con el aspecto físico de los participantes.
Concursantes con síntomas depresivos
En lo que se refiere a las consecuencias para la salud mental de los concursantes, los expertos de la UOC precisan que, al vivir en una realidad nueva, fuera del entorno habitual, se crea un grupo de convivencia nuevo con el que relacionarse de forma ininterrumpida. En palabras de Comas, puede darse el caso de que estos cambios “empujen a los participantes a actuar no tanto según quienes son, sino según el contexto que los rodea”. De este modo, se convierten en personajes y esto “los lleva a tomar decisiones y realizar acciones que muy posiblemente no harían fuera”.
Una vez terminado el programa, cuando vuelven a su vida real, pueden experimentar cambios emocionales desagradables. “En primer lugar, les sacan de esa realidad paralela, por lo que tienen que hacer un duelo de la vida que llevan allí y volver a integrarse en la rutina que tenían anteriormente, si es que todavía pueden recuperarla”, comenta el psicólogo.
Asimismo, hay que tener en cuenta el impacto psicológico que puede suponer para el concursante la emisión del reality por televisión. Es entonces cuando, según los profesores de la UOC, se enfrenta al juicio público basado en un personaje construido en la sala de montaje, a menudo negativo, y no en quién es realmente. “Todo ello facilita sentir sintomatología ansiosa y depresiva que puede derivar en un trastorno si no se gestiona bien”, concluye Comas.