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Reconfigura el cerebro y no es para bien

Exponerse a unos 30 minutos diarios de quejas se ha asociado con efectos negativos, incluyendo deterioro funcional. Hablamos con expertos para que nos expliquen cómo podemos cambiar esto. 

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  1. Alejandro Segalás

Hay personas que se quejan por todo. Su actitud ante la vida dista mucho de ser positiva u optimista, pero es que esta postura vital tiene repercusiones en el cerebro y no son precisamente buenas. Hay investigaciones que muestran que las quejas repetidas reconfiguran físicamente el cerebro para priorizar el estrés y la negatividad. Se altera incluso físicamente la arquitectura del cerebro, según detalla un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que responde al título Plasticidad neuronal y el impacto de los patrones de pensamiento negativos en la regulación emocional y que ha sido publicado en Stanford Medicine News.

Entonces, la pregunta es clara: ¿se puede reconfigurar nuestro cerebro con negatividad y queja? Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), responde que sí, en parte. “Esto se explica por la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse en función de la experiencia”, añade, mientras que refrenda que diversos estudios, incluidos los difundidos por la Escuela de Medicina de Stanford, muestran que la repetición de pensamientos negativos o quejas fortalece circuitos neuronales asociados al estrés y la detección de amenazas.

Díaz Marsá agrega que esto implica que el cerebro “aprende” ese patrón, se vuelve más eficiente en generar pensamientos negativos y la queja puede convertirse en una respuesta automática. Además, la presidenta de la SEPSM destaca que hay datos llamativos como que exponerse a unos 30 minutos diarios de quejas se ha asociado con efectos negativos en el cerebro, incluyendo deterioro funcional.

Cambios físicos y funcionales

Las modificaciones en el cerebro ante la queja y la negatividad pueden llegar a ser cambios físicos y funcionales, aunque graduales y dependientes de muchos factores, indica la presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, que enumera que el mecanismo principal combina tres procesos:

1. Activación repetida del estrés. Cuando nos quejamos o nos centramos en lo negativo se activa el eje del estrés (hipotálamo–hipófisis–adrenal) y se liberan hormonas como el cortisol. Si esto ocurre con frecuencia, el cerebro permanece en modo “alerta”.

2. Remodelación neuronal (neuroplasticidad). Las neuronas que se activan juntas se conectan entre sí. Esto implica el refuerzo de circuitos negativos y mayor facilidad para pensar de forma pesimista en el futuro.

3. Cambios en estructuras clave. Algunos estudios señalan efectos en el hipocampo, una región clave para la memoria y la regulación emocional: puede reducirse o deteriorarse con estrés crónico. Esto afecta a la capacidad de aprendizaje y resolución de problemas.

Diferencias entre pensamiento negativo y positivo

Díaz Marsá explica que las diferencias entre pensamiento negativo y positivo en el cerebro no son solo psicológicas, sino también biológicas. La especialista describe los dos tipos de pensamientos con las siguientes claves:

Pensamiento negativo (repetido):

· Activas redes de amenaza y supervivencia.

· Aumenta cortisol y ansiedad.

· Refuerza sesgos cognitivos (ver lo negativo antes que lo positivo).

· A largo plazo lleva a una peor regulación emocional y más reactividad.

Pensamiento positivo o constructivo

· Activa circuitos de recompensa, motivación y regulación emocional.

· Se asocia con mayor flexibilidad cognitiva y mejor aprendizaje.

· Reduce la activación del estrés.

Marina Díaz resume las diferencias: “El cerebro negativo se vuelve más reactivo, mientras que el positivo más flexible”.

Reconfiguración positiva

Esa reconfiguración del cerebro en clave negativa también puede tener otro lado de la moneda, aunque con matices. Hay modificaciones en positivo. La presidenta de la SEPSM especifica que no se trata de “pensamiento positivo ingenuo”, sino de patrones mentales saludables y realistas. “La evidencia indica que practicar gratitud, reinterpretación positiva o atención plena reduce el cortisol y fortalece circuitos de regulación emocional”, destaca, mientras que agrega que “con el tiempo el cerebro puede volverse más resiliente y menos propenso al estrés”. Es el mismo principio que con la negatividad, pero en sentido adaptativo: lo que repetimos mentalmente, el cerebro lo automatiza.

En resumen, Diaz Marsá detalla que no es que “quejarse destruya el cerebro” ni que “pensar en positivo lo arregle todo”. Lo que la evidencia sugiere es que el cerebro es moldeable y los hábitos mentales repetidos inclinan ese moldeado hacia la negatividad o la resiliencia. Además, la queja ocasional o expresar malestar no es perjudicial en sí misma; el problema es la cronificación y la rumiación constante.

Fuente: cuidateplus