¿Por qué una persona no quiere dar ni recibir abrazos?
Los abrazos son una muestra de cariño que, además, tienen muchos beneficios para la saludo tanto física como emocional. Sin embargo, hay personas a las que no les gusta recibir abrazos ni darlos. Te contamos por qué puede pasar esto. A
Los abrazos son una muestra de cariño pero también tienen efectos físicos sobre la salud de las personas. Estudios científicos aseguran que los abrazos reducen el dolor físico, la depresión y la ansiedad en los adultos, ya que libera las hormonas de la oxitocina, dopamina y serotonina.
Otros beneficios de dar y recibir abrazos son:
- Aportan sensación de protección. Ante situaciones de ansiedad, nerviosismo o angustia, un abrazo proporciona sensación de confianza y seguridad.
- Aumentan los niveles de oxitocina, serotonina y endorfinas. Estas tres hormonas están estrechamente relacionadas con el bienestar y la felicidad, contrarrestando, de esta manera, los efectos negativos.
- Disminuyen la presión arterial. Los receptores sensoriales de la piel llamados corpúsculos de Pacini envían información al cerebro que ayuda a regular los latidos del corazón y la presión sanguínea, además de tener el poder de prolongarse en el tiempo.
- Favorecen la oxigenación del organismo. Prolongan la vida de las células y, con ello, se retrasa el envejecimiento.
- Aumentan la producción de glóbulos blancos. Imprescindibles para el funcionamiento del sistema inmunitario.
- Ayudan a combatir la soledad y aislamiento. Las personas mayores experimentan una reducción de su círculo social y su participación en actividades cotidianas. Por eso, los abrazos funcionan como conexión humana para romper las barreras emocionales.
A pesar de todos estos beneficios, hay personas a las que no les gusta ni dar ni recibir abrazos. ¿Por qué? ¿qué puede significar que a alguien no le gusten los abrazos? Como explica a CuídatePlus, Pilar Conde, psicóloga de Clínicas Origen, “los abrazos nos permite expresar y recibir afecto, nos ayudan a regularnos, a crear vínculos, a sentirnos seguros y a reconfortarnos”.
Por tanto, resume, nos aportan “consuelo, afecto, seguridad, amor, tranquilidad y empatía”.

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No querer dar abrazos
El hecho de que un abrazo nos genere incomodidad, informa, “nos debería hacernos pensar en si esa sensación aparece con todas las personas o solo con algunas”. Y es que, señala, “hay quienes reservan el contacto físico para su círculo más íntimo, y eso forma parte de su manera de establecer los límites y de expresar el afecto”. En estos casos, indica, “no existe necesariamente un problema, siempre que la persona se sienta cómoda dando y recibiendo afecto con quienes considera significativos!.
El problema, indica, “aparece cuando la incomodidad es generalizada y afecta a cualquier forma de contacto o expresión de cariño”. En esos casos, “conviene explorar la historia de los vínculos afectivos de la persona, cómo aprendió a relacionarse con el afecto durante la infancia y qué significado ha adquirido para ella el contacto físico”.
Y es que, añade, “en muchas ocasiones, nuestra forma de dar y recibir afecto en la vida adulta está influida por las experiencias de apego y por los modelos relacionales que hemos construido a lo largo del desarrollo”.
Personalidad
En cuanto a qué tipo de personalidad tienen las personas a las que no les gusta dar abrazos, Conde indica que suelen ser personas a las que les “cuesta relacionarse con el afecto desde la expresión física del mismo”.
Esto, indica, “no tiene porque ser una persona que no es afectiva, sino que se relaciona de manera inadecuada con la expresión del mismo”. En el caso de la persona a la que no le gusta recibir abrazos, como señala la experta, “habría que ver en qué contexto no le gusta recibirlos, si cuando es afectivo, o cuando es por consuelo y ver, además, que representa para esa persona el recibir el abrazo y cómo se relaciona con ese significado”. En base a esto, se podría hacer una valoración.
Fuente: cuidateplus