Los que mueven las piernas al acostarse o al sentarse
Las señales de que podrías sufrir este síndrome
El síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico que afecta a más de dos millones de personas y hasta un 90% de los casos podría estar aún sin diagnosticar, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

El síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico que afecta a más de dos millones de personas y hasta un 90% de los casos podría estar aún sin diagnosticar, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Tras estas ganas irresistibles de mover las piernas, hay un componente genético. Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN, apunta a CuídatePlus que hasta el 60% de los pacientes tienen familiares afectados con este síndrome. Además, el metabolismo del hierro también ocupa un papel importante. Cuando muchas de estas personas predispuestas a tener el síndrome de piernas inquietas sufren bajadas de hierro, se manifiesta la sintomatología, cuya causa directa es la alteración de una serie de circuitos a nivel neuronal. En concreto, se afectan algunos neurotransmisores como el glutamato, la adenosina y la dopamina, lo que “produce una inquietud que se localiza específicamente en las piernas”, señala la experta.
Para aliviar esta inquietud, muchas personas necesitan levantarse y caminar. De hecho, esta es una de las características que permiten diferenciar el síndrome de piernas inquietas de otras molestias en las extremidades es que los síntomas aparecen o empeoran durante el reposo y mejoran temporalmente con el movimiento. El problema es que, cuando vuelve a sentarse o tumbarse, informa la especialista, las molestias reaparecen.
La intensidad y la frecuencia de los síntomas son muy variables. Hay personas que solo experimentan esta sensación de forma esporádica y leve, mientras que en los casos más graves la necesidad de mover las piernas puede impedir prácticamente cualquier periodo de reposo, especialmente durante la tarde y la noche. “No pueden sentarse a ver la tele, no pueden sentarse a leer un libro y no pueden tumbarse en la cama porque constantemente se tienen que levantar para caminar y estar en movimiento”, lamenta la neuróloga.
En estos casos, el trastorno termina afectando de forma importante al sueño. La persona no consigue permanecer tumbada el tiempo suficiente para conciliar o mantener el sueño y puede desarrollar insomnio. Además, la experta destaca que también es frecuente que aparezca ansiedad, aunque no porque esta sea la causa del síndrome, sino como consecuencia de la propia imposibilidad de permanecer quieto: “Las piernas inquietas te ponen nervioso porque no puedes parar de moverte”.
¿Puede empeorar con el tiempo?

(Foto: Magnific)
El síndrome de piernas inquietas puede intensificarse a medida que pasan los años. “Ante un empeoramiento marcado de los síntomas, uno de los primeros aspectos que conviene revisar es el hierro. La situación puede darse, por ejemplo, en mujeres con menstruaciones muy abundantes o durante el embarazo, una etapa en la que aumentan las necesidades de este mineral”, declara García.
También hay medicamentos que pueden exacerbar los síntomas. Entre ellos se encuentran algunos antidepresivos, antihistamínicos y determinados fármacos utilizados contra los vómitos o el vértigo. Por este motivo, advierte la experta, “si una persona nota que las molestias han aumentado, es importante revisar con un profesional sanitario la medicación que está tomando y no hacer cambios por su cuenta”.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y comienza por conocer cómo son las molestias, cuándo aparecen y qué ocurre cuando la persona se mueve. A esto se añade una exploración neurológica. Según García, en algunos casos pueden realizarse estudios del sueño para detectar movimientos involuntarios de las piernas durante la noche y, en determinadas situaciones, un estudio neurofisiológico de las piernas.
Además, ante la sospecha de síndrome de piernas inquietas, “es importante realizar una analítica para valorar el metabolismo del hierro, ya que corregir una posible deficiencia puede ser una parte fundamental del tratamiento”, subraya la especialista.
¿Cómo aliviar los síntomas?
Cuando las molestias son ocasionales y leves, existen algunas medidas que pueden proporcionar alivio puntual. Caminar, masajear las piernas o aplicar frío, por ejemplo mediante una ducha fresca o productos con efecto refrescante, puede ayudar a reducir temporalmente la sensación de inquietud.
Sin embargo, la experta consultada indica que estas medidas no sustituyen al tratamiento cuando los síntomas son frecuentes o intensos: “En estos casos, el abordaje debe individualizarse y comenzar por comprobar los niveles de hierro”.
El uso del hierro es, de acuerdo con García, la primera línea de tratamiento. No solo se utiliza cuando existe una deficiencia evidente: “En personas con síndrome de piernas inquietas puede plantearse la suplementación incluso cuando los resultados de la analítica se encuentran dentro de los valores considerados normales por el laboratorio, ya que los niveles adecuados para estos pacientes pueden situarse en un margen diferente”.
Cuando la suplementación con hierro no es suficiente o no está indicada, pueden utilizarse tratamientos farmacológicos dirigidos a controlar los síntomas. Entre ellos se encuentran fármacos como la gabapentina o la pregabalina, que buscan reducir las molestias para que la persona pueda permanecer en reposo y dormir.
Fuente: cuidateplus