Dolor de espalda: tratamientos que no sirven contra la lumbalgia

Los identificó un estudio publicado en The Lancet Rheutmatology. En Argentina, 4.6 millones sufren dolor de espalda.

Casi todas las personas sufren dolor de espalda en algún momento de sus vidas. El localizado en la zona lumbar (la lumbalgia) no solo es por el que más se consulta, sino que es la principal causa de años vividos con discapacidad.

No obstante, dos quintas partes de esa carga se atribuyen a tres factores de riesgo que se pueden modificar, según identificó un estudio que advirtió por el uso «inapropiadamente alto» de algunos métodos de diagnóstico y de tratamientos de «eficacia cuestionable».

En 2050, unas 850 millones de personas sufrirán dolor en la parte baja de la espalda, un 36% más que en 2020, pronosticaron los autores del trabajo publicado en The Lancet Rheumatology, en base al análisis de datos de las últimas tres décadas (1990 a 2020) de 204 países, incluido Argentina. En nuestro país, según el estudio, se estima que 4.6 millones de personas sufren dolor de espalda.

El crecimiento de la población y el envejecimiento son las dos principales razones que impulsarán el aumento del dolor lumbar y su carga de discapacidad, apuntó el equipo de investigadores que realizó el análisis sistemático del Estudio de Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo (GBD) 2021.

«Nuestro análisis muestra una imagen de casos crecientes de dolor lumbar en todo el mundo, lo que ejerce una enorme presión sobre nuestro sistema de atención médica», planteó Manuela Ferreira, profesora de Salud Muscoloesquelética de la Universidad de Sydney, en Australia.

Coincidió en diálogo con Clarín Andrés Ferrero, médico traumatólogo especialista en patología de la columna del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (que no participó del estudio), quien destacó que el dolor lumbar (es decir, en la cintura), es la consulta más frecuente al traumatólogo«.

En Argentina, entre 2006 y 2010, la causa principal de ingreso hospitalario por una afección musculoesquelética fue lumbalgia y la duración media de la internación fue de casi 4 días, según un estudio realizado por profesionales del Servicio de Reumatología del Hospital Ramos Mejía y de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud.

También fue el dolor lumbar la dolencia más atendida en la unidad de kinesiología del Hospital Santojanni entre 2017 y 2019, según un trabajo publicado en la revista AJRPT.

«Aumentó la expectativa de vida, con eso aumenta la artrosis, que es el desgaste natural del hueso. Con el envejecimiento, algún dolor de cintura vas a tener. Depende de la edad, puede deberse a diferentes causas. En una persona de 20 no son las mismas que en una de 70, pero si de chico no sufriste nada, lo más probable es que de grande, en algún momento, sí», esgrimió Ferrero.

Uno de los grandes problemas que identifican los especialistas consultados es que en la actualidad se responde al dolor de espalda en forma reactiva, cuando el problema ya está instalado. A raíz de eso, Ferreira consideró urgente «ser proactivos y trabajar en la prevención del dolor de espalda«.Las mujeres consultan más por dolor lumbar que los hombres. Foto Shutterstock.Las mujeres consultan más por dolor lumbar que los hombres. Foto Shutterstock.

Factores de riesgo para el dolor de espalda

En América Latina, según el estudio liderado por Ferreira, la mayor contribución al aumento proyectado en el número de casos corresponde, precisamente, al envejecimiento de la población, un factor de riesgo no modificable.

Pero, en base a los datos analizados, los autores concluyeron que casi el 40% de los años vividos con discapacidad a causa del dolor lumbar son atribuibles a tres causas que sí se pueden modificar: factores ocupacionales (levantar objetos pesados o pasar mucho tiempo sentado, por ejemplo), tabaquismo, e índice de masa corporal alto (sobrepeso y obesidad).

Los resultados no sorprendieron a los investigadores, admitió Ferreira a Clarín ​por correo electrónico. «Hace tiempo que sabemos que son factores de riesgo importantes. También deberíamos mencionar otros, como el sedentarismo, dormir mal, permanecer sentado durante mucho tiempo, todos ellos estrechamente relacionados con un estilo de vida inadecuado, que incluye el tabaquismo y un IMC elevado.»

Bajar de peso ayuda a la salud ósea y muscular. Foto Shutterstock.Bajar de peso ayuda a la salud ósea y muscular. Foto Shutterstock.

«Hay cosas que uno puede manejar y otras que no. La genética no la podés manejar. Hacer actividad física y bajar unos kilos, sí. Estar en forma y hacer ejercicios de elongación, estiramiento, sobre todo en la tercera edad, también», precisó Ferrero, quien insistió en la importancia de los buenos hábitos para prevenir el dolor y su recurrencia (para que no vuelva).

«A la persona que tiene presión alta, diabetes, colesterol elevado, le indicás bajar de peso y, si lo logra, con eso ya mejora los parámetros. Muchas veces tiene que tomar fármacos, pero primero hay que empezar con lo básico. Lo mismo ocurre con el dolor de cintura», dijo.

Para las personas que fuman, dejar de hacerlo también es fundamental. «La salud ósea se altera 100% con el cigarrillo. Debilita el hueso, genera osteoporosis. Pero el daño se puede frenar al dejarlo.»

En cuanto a lo ocupacional, «si el trabajo implica fuerza, las recomendaciones son usar faja, prestar atención a la forma de agacharse, el peso (usar algún instrumental para levantar cosas)», precisó el traumatólogo. Pero admitió que son medidas que las personas no suelen adoptar preventivamente, sino cuando ya sienten dolor.

En el otro extremo, también se sufre: «‘Doctor, yo estoy todo el día en la computadora’: si eso me lo decían en 1980, pensaba ‘uy, qué sedentario’. Pero hoy casi todos pasamos mucho tiempo sentados, por eso tenemos que contrarrestarlo con ejercicio físico«, indicó Ferrero.

Según Ferreira, la clave está en abordar los factores de riesgo del dolor de espalda, porque «nuestra comprensión del origen exacto del dolor es inexacta en el 85% de los casos».

«La columna vertebral es anatómicamente compleja y el dolor de espalda es un trastorno multifactorial: está determinado por las características biológicas, sociales y psicológicas de la persona. Por eso lo más importante es enfocarse en la prevención y en el control de los factores de riesgo, tal como ocurre con otras afecciones crónicas, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares», dijo.

La actividad física, clave contra el dolor de espalda. Foto Shutterstock.La actividad física, clave contra el dolor de espalda. Foto Shutterstock.

Envejecimiento y dolor lumbar: un círculo vicioso

Una idea errónea generalizada es que el dolor lumbar afecta principalmente a adultos en edad laboral. Pero la investigación publicada en The Lancet Rheumatology confirmó que el dolor lumbar es más común entre las personas mayores. La prevalencia es también más alta en mujeres que en hombres.

Los resultados mostraron que la prevalencia del dolor lumbar aumenta con la edad, con una tasa máxima observada aproximadamente a los 85 años.

¿Es el dolor de espalda en los adultos mayores una consecuencia inevitable del envejecimiento? «No es inevitable y puede prevenirse. Los cambios en la columna vertebral que a menudo se asocian con el dolor de espalda son inevitables, pero esos cambios no tienen por qué causar dolor», enfatizó Ferreira.

Las causas más frecuentes de dolor se pueden dividir, a grandes rasgos, según Ferrero, entre tres grupos, de acuerdo a la edad: «Los jóvenes suelen consultar por hernia de disco y dolores musculares. En la edad media empieza a generarse la artrosis, que avanza con la edad. Y ya en la tercera y cuarta edad, podemos pensar que además de la artrosis puede haber una mínima fractura por osteoporosis asociada (que al ser chiquita no afecta la marcha ni la motricidad, pero sí provoca dolor)».

Sufrir dolor lumbar compromete severamente las perspectivas de un envejecimiento saludable, advirtió el estudio. El dolor introduce a la persona que lo sufre en una especie de círculo vicioso.

«Los adultos mayores de 65 años con dolor de espalda suelen manifestar graves limitaciones en su movilidad y funcionamiento (por ejemplo, bañarse, subir escaleras, realizar las tareas domésticas con seguridad) en comparación con las que no tienen dolor», indicó Ferreira a Clarín.

«También tienen menos probabilidades de recuperarse del dolor intenso y la discapacidad que las personas más jóvenes; son más propensos a desarrollar síntomas persistentes a largo plazo y tienen un mayor riesgo de caídas», sumó.

Como si fuera poco, las personas con dolor de espalda «también tienden a hacer menos ejercicio y a participar menos en actividades físicas y sociales, «lo que repercute significativamente en su bienestar físico y mental y las hace más propensas a desarrollar otras afecciones potencialmente mortales, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares».

Dolor de espalda: tratamientos que no sirven

En 2018, otro grupo de expertos expresó sus preocupaciones en The Lancet la necesidad de un cambio en la política mundial sobre la mejor manera de prevenir y controlar el dolor lumbar para detener el aumento de tratamientos inadecuados.

Sin embargo, desde entonces, ha habido pocos cambios. «Todavía hay un uso inapropiadamente alto de imágenes, indicación de reposo en cama, opioides, inyecciones espinales y otros procedimientos invasivos de eficacia cuestionable en todo el mundo», alertaron los autores del nuevo trabajo.

Y señalaron que «paradójicamente, el uso de tratamientos de poca o ninguna eficacia puede retrasar la recuperación y aumentar potencialmente el riesgo de discapacidad relacionado con la espalda a largo plazo y, en consecuencia, aumentar la carga de esta afección a nivel mundial».

Manuela Ferreira subrayó a este diario que hay que ayudar a los pacientes a autocontrolar sus síntomas, y que los financiadores de la atención sanitaria «no deberían pagar intervenciones ineficaces y perjudiciales«.

En ese sentido, dijo que también se necesita «una mejor vigilancia de los nuevos tratamientos y pruebas diagnósticas, para que no se ofrezcan a los pacientes antes de una evaluación sólida».

Y abogó porque «los empresarios colaboren con los servicios sociales para apoyar más la reincorporación temprana al trabajo y/o el cambio de tareas para garantizar la permanencia de los empleados en su puestos».

Entre las limitaciones del estudio, los autores destacaron que la mayoría de los datos disponibles provienen de países de altos ingresos, por lo que los resultados del análisis podían no reflejar la realidad de los de ingresos medios o bajos.

Sin embargo, Ferraro coincide ampliamente con, al menos, dos de las conclusiones. En Argentina, según el traumatólogo, también se hace un uso excesivo de las imágenes (radiografías y resonancias) y se sobreindica reposo.

«Si uno hace un buen examen físico y se cumple con el tratamiento, la gran mayoría de los pacientes no necesita imágenes. Muchas veces prescribe de más el médico, pero también los pacientes exigen que se les haga radiografía o resonancia ‘porque la obra social se las cubre'», cuestionó.

Sobre las inyecciones espinales, los famosos «bloqueos», explicó que son necesarios para aliviar el dolor y facilitar la rehabilitación, precisamente para evitar la inmovilización.

«Lo que hacemos con el bloqueo es sacar el dolor. Identificamos dónde duele y hacemos una infiltración puntual ahí. Se hace en el quirófano, con un equipo de rayos, mirás y hacés el bloqueo. Con eso eliminás el dolor, pero no el problema«, aclaró.

¿Cuál es el objetivo? «El paso uno es hacer la rehabilitación: faja, actividad física (si puede), entre otra serie de recomendaciones. Si no funciona, hay que ir al paso dos, el bloqueo, que le permite volver a la rehabilitación (sin dolor es más fácil hacerla).»

«Lo que buscamos evitar es el reposo. Porque cuando pasa mucho tiempo inactivo, el paciente empieza a sufrir falta de fuerza muscular (sarcopenia). Lo ideal es que se mueva cuanto antes. La medicación, la faja, el bloqueo sirve para eso: para que el paciente vuelva a la actividad rápidamente. El reposo prolongado es malo«, subrayó.

¿Y si nada de eso funciona? «Si el dolor intenso persiste, solo en esos casos se evalúa una cirugía». El médico estimó que, del total de los pacientes evaluados por lumbalgia, solo un 2% pasa por un procedimiento quirúrgico.

¿Qué estrategias no farmacológicas son eficaces  contra el dolor de espalda?

«Las guías de práctica clínica sugieren diversos tratamientos no farmacológicos eficaces para el dolor de espalda, como el ejercicio, las intervenciones psicológicas y el asesoramiento profesional. Además, mejorar los conocimientos y las creencias en torno al manejo del dolor de espalda es clave para reducir el impacto de esta dolencia a corto, medio y largo plazo», sostuvo Ferreira.

Ferrero también hizo especial hincapié en la importancia de la actividad física y en la exposición (breve) al sol, para generar vitamina D .

«No es necesario ser un maratonista o un jugador de fútbol profesional. La clave está en la constancia. Hay personas que hacen natación dos veces por semana, algún día yoga, otras salen a caminar. Fortalecer la masa muscular ayuda a que todo funcione mejor, no solo el hueso, sino el movimiento, el equilibrio y la salud de integral de la columna», concluyó.

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/dolor-espalda-factores-riesgo-tratamientos-sirven-lumbalgia-prevenir_0_06ITa7QVVo.html