Ejercer de abuelo deja huella en el cerebro
Cuidar de los nietos es para muchas personas una fuente de alegría, mientras que en otros casos puede llegar a ser estresante, sobre todo cuando se convierte en una obligación que ocupa muchas horas al día. Una nueva investigación desvela los efectos positivos para la salud cerebral.

Llega la ansiada jubilación, te encuentras en perfectas condiciones de salud, te quedan muchos años por delante, empiezas a hacer planes para poder dedicarte, por fin, a aquello que tanto has postergado… pero apenas dispones de tiempo porque tienes que ocuparte de tus nietos, cuyos padres tienen unos horarios laborales infernales. Esta es la parte negativa de ejercer como abuelo o abuela, que no es incompatible con una vivencia más positiva: el placer de pasar tiempo de calidad con los nietos. E incluso hay otra derivada: los beneficios que aporta cuidar de los nietos. Al parecer, tiene un efecto muy positivo en el funcionamiento del cerebro.
Los datos de una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) difundida a principios de 2025 revelan el importante papel de los abuelos en la conciliación familiar en España: el 45% de ellos cuidan habitualmente de sus nietos y un 38% lo hacía en el pasado. De ellos, un 28% se ocupa de sus nietos todos los días, un 39% varias veces por semana y un 31% con menor frecuencia.
Un escudo contra el deterioro cognitivo
Ejercer de abuelo ayuda a prevenir el deterioro cognitivo, es decir, la disminución de las habilidades mentales, como la memoria, la atención o el lenguaje, según un estudio publicado en la revista American Psychological Association. Bajo la dirección de Flavia Chereches, de la Universidad de Tilburg (Países Bajos), la investigación se basó en la realización de encuestas y pruebas neurológicas a casi 3.000 abuelos, todos ellos mayores de 50 años y con una media de edad de 67.
Se les preguntó si habían cuidado a al menos un nieto en algún momento del último año y se les interrogó de forma detallada sobre la frecuencia y el tipo de cuidado que brindaban, cómo cuidaban a sus nietos durante la noche, si se hacían cargo de ellos cuando estaban enfermos, los juegos y actividades de ocio que compartían, si les ayudaban con los deberes, les preparaban la comida, los llevaban y recogían del colegio…

(Foto: Alamy/Cordon Press)
En términos generales, quienes se ocupaban de sus nietos obtuvieron mejores resultados en las pruebas de memoria y fluidez verbal que quienes no lo hacían, incluso después de realizar los ajustes estadísticos pertinentes en función de la edad, salud y otros factores. Estos beneficios para la salud cerebral se mantuvieron con independencia de la frecuencia y el tipo de cuidado que los abuelos proporcionaban.
“Lo que más nos llamó la atención fue que ser abuelo cuidador se reveló como más importante para el funcionamiento cognitivo que la frecuencia con la que los abuelos cuidaban o lo que hacían con sus nietos”, señala Chereches. “Se necesita ahondar en la investigación para replicar estos hallazgos; sin embargo, si existen beneficios asociados al cuidado de los abuelos, estos podrían no depender de la frecuencia de los cuidados ni de las actividades específicas que se realizan con los nietos, sino más bien de la experiencia global que supone participar en el cuidado”.
Prevenir el ‘síndrome del abuelo quemado’
La autora principal del estudio advierte que, en función de las circunstancias individuales, estos beneficios para el cerebro pueden disminuir. “Brindar cuidados de manera voluntaria, dentro de un entorno familiar de apoyo, puede tener efectos diferentes para los abuelos que cuando tienen lugar en un entorno más estresante donde se sienten sin apoyo o perciben que el cuidado no es voluntario o es una carga”, argumenta.
Es una perspectiva que comparte Alfonsy Díaz Sánchez, psicóloga de Sanitas Mayores, quien alega que los abuelos “no son una solución ilimitada ni gratuita”. En este sentido, considera que su apoyo “es fundamental, pero debemos evitar que se conviertan en cuidadores a tiempo completo sin descanso”.
En palabras de Díaz Sánchez, aunque cuidar de los nietos “puede ser una fuente de alegría y conexión afectiva, cuando se convierte en una tarea constante y no elegida puede derivar en un desgaste significativo”. En el plano emocional, una de las peores consecuencias puede ser el estrés crónico, fruto de la presión de estar siempre disponibles. A esto se suma una ambivalencia emocional: el deseo de ayudar convive con la necesidad de descansar o dedicarse tiempo a uno mismo, lo que puede generar sentimientos de culpa.
En los casos más extremos, expone la psicóloga, “puede aparecer el llamado síndrome del abuelo quemado, una forma de agotamiento similar al burnout laboral, con irritabilidad, desconexión afectiva e incluso rechazo hacia la tarea de cuidar”.