Las canas podrían ser un signo de buena salud

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Tener el pelo gris no se relaciona con una peor salud ni es un signo de envejecimiento acelerado o temprano. Incluso podría ser todo lo contrario: una investigación vincula las canas con la protección frente al cáncer. 

Hombre con pelo gris
  1. María Sánchez-Monge

La imagen de una persona joven con el pelo gris nos evoca, inevitablemente, un envejecimiento precoz. Pero no tiene por qué ser así, a la luz de las últimas evidencias científicas. De hecho, podría ser un signo de buena salud, al menos, en lo que se refiere a la protección frente a un tipo de cáncer.

Lo cierto es que las canas son muy frecuentes mucho antes de llegar a la vejez. La dermatóloga Lorea Bagazgoitia lo confirma: “A partir de los 45 años, más de la mitad de las personas tiene alguna cana”. Tradicionalmente se hablaba de la denominada regla de los 50, según la cual el 50% de las personas tiene el 50% de sus pelos canos a los 50 años. Sin embargo, la experta cita un estudio publicado 2012 en el que se analizó el color de pelo de más de 4.000 personas de diferentes orígenes, y que demostró que esta frecuencia está sobreestimada y que, “a pesar de que a partir de los 45 años la mitad de las personas ya tenían canas, estas no suponían más del 15% de su pelo”. El número de canas va aumentando con la edad y, por encima de los 60 años, “el 91% de las personas tienen el 40% de los pelos canos”.

Hombre con canas

(Foto: Shutterstock)

El significado de las canas

Un estudio publicado a finales de octubre revela que las canas podrían reflejar una defensa natural frente al tipo de cáncer de piel más letal, el melanoma. Dado que se trata de una investigación realizada con ratones, sus resultados no son directamente extrapolables a los humanos, pero aportan pistas muy valiosas sobre el posible significado de las canas en nuestra especie. 

El trabajo, publicado en Nature Cell Biology, muestra cómo se comportan ante un daño en su ADN las células madre que dan lugar a los melanocitos, que son las células encargadas de producir la melanina (el pigmento que da color al cabello). Dependiendo del tipo de agresión a la que se las someta, pueden tomar dos caminos distintos: la aparición de canas o el desarrollo de un melanoma.

Dos destinos alternativos: pelo gris o melanoma

En los ratones de laboratorio, las células madre melanocíticas que residen en los folículos del pelo respondieron a las roturas de la doble cadena del ADN pasando a un estado de senescencia o envejecimiento celular que desembocaba en su reducción selectiva, el encanecimiento del pelo y la protección frente al melanoma.

En cambio, cuando estas células madre se exponían a agentes carcinógenos como la radiación ultravioleta B, su destino era muy distinto: se activaban mecanismos moleculares que las llevaban a mantener su capacidad de autorrenovación y expansión y, finalmente, al desarrollo de tumores malignos.

En palabras de Emi Nishimura, profesora de la Universidad de Tokio y codirectora del estudio, “estos hallazgos revelan que una misma población de células madre puede seguir destinos antagónicos -agotamiento o expansión- dependiendo del tipo de estrés y las señales microambientales”. Según expone, esto lleva a considerar “las canas y el melanoma no como eventos aislados, sino como resultados divergentes de las respuestas al estrés por parte de las células madre”.

Es importante subrayar que de los resultados de este estudio no se desprende que las canas prevengan el cáncer, sino que el destino que adoptan las células madre ante ciertas agresiones al ADN constituye una vía protectora que elimina células potencialmente dañinas. Por el contrario, cuando este mecanismo se ve alterado, la persistencia de células madre dañadas puede predisponer a la formación de melanomas.

Al identificar los mecanismos moleculares que rigen estos dos posibles destinos, el estudio proporciona un marco conceptual que relaciona el envejecimiento de los tejidos y el cáncer, y destaca el papel beneficioso de la eliminación de células madre potencialmente dañinas a través de un mecanismo natural, que además da como resultado un fenotipo o manifestación (el encanecimiento) que sería un reflejo de la protección contra el cáncer.

Fuente: cuidate plus