images

Las uvas enteras son un auténtico peligro para los niños menores de 5 años, las personas mayores y quienes padecen problemas de deglución. Se pueden buscar alternativas para cumplir con la tradición de Nochevieja, pero también es posible prepararlas de una manera sencilla para evitar atragantamientos.

Niño pequeño tomando uvas
  1. María Sánchez-Monge

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha emitido un comunicado con las principales pautas para prevenir atragantamientos en niños menores de 5 años durante las celebraciones navideñas, que pueden servir igualmente para aquellos adultos que son más propensos a empezar el año con mal pie por culpa de las uvas. En particular, deben tener mayor cuidado los mayores de 65 años y quienes sufren disfagia, un trastorno de la deglución que consiste en la dificultad para masticar o tragar y que afecta a más de dos millones de españoles.

Según exponen los expertos de la sociedad científica, la asfixia es una de las principales causas de mortalidad durante la infancia, especialmente en niños de entre uno y cinco años, ya que sus habilidades motoras y de deglución aún no están completamente desarrolladas. El riesgo aumenta durante las Navidades, ya que se consumen más alimentos problemáticos: turrones, frutos secos, peladillas, palomitas de maíz, caramelos, uvas…

“No hay año en que no acabe algún niño en urgencias por este motivo, con consecuencias a veces graves o incluso fatales”, confirma Ignacio Manrique, coordinador del Comité de Soporte Vital de la AEP, quien insiste en que “el atragantamiento se puede prevenir tomando las medidas adecuadas y aprendiendo a actuar correctamente si se da un episodio”.

Uvas en Nochevieja

(Imagen: Shutterstock)

Ni uvas enteras, ni Lacasitos

La AEP recalca que no se deben ofrecer uvas enteras a los niños hasta que alcancen los 4 o 5 años, que es cuando el riesgo de atragantamiento disminuye significativamente.

Se pueden buscar alternativas para que los más pequeños sean partícipes del rito más arraigado en España para despedir el año que termina y dar la bienvenida al nuevo, pero algunos de los sustitutos habituales tampoco son recomendables. Se desaconsejan los frutos secos y los pequeños caramelos rellenos de chocolate (cuya marca comercial más conocida es Lacasitos) en menores de cinco años, ya que los fragmentos duros que se desprenden al morderlos pueden obstruir las vías respiratorias.

La AEP propone dos posibles alternativas más seguras a las uvas: los gusanitos de sémola de maíz y las pasas.

Cómo preparar las uvas

Si no queremos que nuestros hijos con menos de 5 años se pierdan la tradición, este es el mejor modo de preparar las uvas y asegurarnos de que los niños las toman con seguridad, según la AEP:

  • Partirlas en cuatro trozos de forma longitudinal (a lo largo), no en rodajas.
     
  • Deben estar peladas y sin semillas, ya que la piel es resbaladiza y puede deslizarse sin querer hacia la garganta.
     
  • Es conveniente que el niño esté sentado y tranquilo cuando las tome.
     
  • Deberá tomarlas con supervisión de un adulto.

Cómo actuar en caso de atragantamiento

La actuación de los adultos en caso de que un niño se atragante dependerá de la gravedad. Se pueden distinguir tres fases sucesivas: 

  1. El niño está tosiendo. Si el niño se ha atragantado pero tose no hay que hacer nada, ya que se trata de la respuesta fisiológica del organismo. No se le deben dar golpes en la espalda. 
     
  2. Deja de toser pero sigue consciente. Cuando el niño atragantado deja de toser, significa que no puede respirar. Si aún está consciente, hay que actuar con dos tipos de maniobras. Si es mayor de un año, primero hay que darle 5 golpes enérgicos en la espalda, en la zona interescapular (entre los omóplatos). A continuación, si todavía no ha conseguido expulsar el objeto, hay que hacer la maniobra de Heimlich, que consiste en colocar en la boca del estómago el puño de la mano dominante, sujetarlo con la otra mano y hacer una compresión fuerte hacia nosotros y hacia arriba con intención de aumentar la presión en la caja torácica y conseguir movilizar el objeto. No tiene por qué salir el cuerpo extraño; muchas veces, simplemente con movilizarlo se consigue un hilo de respiración. Si no se obtiene ningún resultado, se realizan cíclicamente estas mismas maniobras.

    Si el niño es menor de un año, lo situamos a lo largo de nuestro brazo, le damos 5 golpes con el talón de la mano en la zona interescapular y después lo giramos 180 grados y hacemos 5 compresiones, pero esta vez en el tórax, a nivel del esternón. Si en un momento dado vemos que el cuerpo extraño está accesible, lo extraemos solo si está en la boca, pero nunca haremos una búsqueda a ciegas porque con eso lo que podemos conseguir es que vaya más adentro.
     
  3. Se desmaya. Si las maniobras anteriores no consiguen ningún efecto, el niño terminará perdiendo la consciencia. En ese caso hay que iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). En primer lugar, se realiza el boca a boca, con un total de 5 insuflaciones. A continuación, se comprueba el pulso. Si no tiene pulso o tenemos dudas, se inician las compresiones torácicas. A partir de ahí, se dan de forma cíclica 30 compresiones y 2 insuflaciones. Mientras tanto, es crucial pedir ayuda a las personas que estén alrededor e indicarles que llamen al 112.

Incluso si la uva o el objeto que haya causado el atragantamiento es expulsado, se debe acudir al hospital para descartar posibles lesiones o complicaciones.