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Ya estamos en plena temporada de resfriados y gripe y seguimos sin el remedio definitivo para fulminar de una vez por todas los mocos. Aunque tal vez no sea lo más recomendable, ya que no son tan malos como los pintan. En todo caso, hay medidas que ayudan a expulsarlos mejor y reducir las molestias. 

Mujer con mocos
  1. María Sánchez-Monge

Su nombre evoca algo pegajoso y asqueroso: moco. Y sus múltiples sinónimos no resultan más agradables: flema, mucosidad, secreción nasal, esputo, gargajo, vela… Con esos nombres, no es de extrañar que los mocos causen tanto rechazo. Pero no se lo merecen, ya que no son intrínsecamente malos y cumplen una función fisiológica importante. El problema surge cuando son demasiados y cambia su consistencia y color.

Es importante señalar que la mucosidad es mucho más que una secreción nasal, ya que el cuerpo la produce continuamente y con ella recubre sus superficies húmedas, como los pulmones, los senos nasales, los ojos, la boca, el estómago y los intestinos. Incluso los ojos están cubiertos con una fina capa de mucosidad. El moco sirve como lubricante para evitar que los tejidos se sequen y también constituye una línea de defensa.

Mario Bárcena Caamaño, médico de familia y miembro de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), explica que el moco “contiene sustancias protectoras como las inmunoglobulinas A y enzimas como la lisozima que favorecen la destrucción de las bacterias”. Por lo tanto, “el recubrimiento mucoso de las vías respiratorias es una defensa natural frente a virus, bacterias y diversas partículas que inhalamos y que quedan atrapadas en el moco y son eliminadas con ayuda del movimiento de los cilios”. Los cilios son unas minúsculas estructuras similares a pelillos.

En condiciones normales, no somos conscientes de la expulsión de mucosidad desde los pulmones hacia la faringe, pero cuando se produce una agresión, ya sea por virus, bacterias, otros patógenos o partículas contaminantes, los pulmones se defienden produciendo una gran cantidad de flemas y los cilios no dan abasto para expulsarlas. Es entonces cuando aparece la tos, que es el mecanismo que despliega el organismo para acabar con el exceso de mucosidad.

Remedios para el resfriado

(Foto: Shutterstock)

Color de los mocos y cómo distinguir los ‘buenos’ de los ‘malos’

Mario Bárcena Caamaño explica los distintos tipos de flemas que existen en función de su color, qué significan y cuándo hay que acudir al médico.

Flemas transparentes

Las flemas que se pueden considerar normales son transparentes y tienen una textura similar a la de la clara de huevo. Algunas enfermedades, como los resfriados o las alergias, pueden ocasionar tan solo un aumento en la cantidad de las flemas, sin que cambie ni su color ni su consistencia. Asimismo, algunas veces pueden tener un color blanquecino.

Flemas amarillas, marronáceas o verdosas

En términos generales, la aparición de mocos amarillo-verdosos indica que hay una infección y que el organismo está produciendo sustancias para defenderse, ocasionando desechos que hay que expulsar. 

Este cambio de color, que también va acompañado de una mayor cantidad de mucosidad, se observa en las infecciones tanto víricas como bacterianas, por lo que no necesariamente se combate con antibióticos; únicamente cuando se constate que se trata de un proceso bacteriano y así lo prescriba el médico.

Si las flemas verdes se acompañan de otros síntomas, como fiebre elevada, un malestar acusado o dolor en un costado, es conveniente consultar al médico.

Flemas rojas

El color rojo indica la presencia de sangre en el esputo y, aunque puede deberse a una simple irritación faríngea causada por la propia tos, es necesario realizar siempre una evaluación médica para descartar patologías como neumonía, tuberculosis o cáncer de pulmón.

En ciertos casos, los mocos pueden tener un color sonrosado, que es un posible indicativo de enfermedades como el edema agudo de pulmón, por lo que también hay que acudir al médico.

Flemas negras

Las flemas negras son poco frecuentes. Se observan en condiciones de elevada contaminación ambiental, tras inhalar humo en un incendio o en trabajadores de la minería del carbón.

Los mejores remedios frente al exceso de mucosidad o flemas

No existen soluciones milagrosas ni ultrarrápidas para el exceso de mucosidad, pero sí algunos consejos muy útiles para disminuir las molestias -como la tos- y favorecer su expulsión. Estas son las recomendaciones de los expertos:

  • Beber abundante agua para que las flemas se vuelvan más fluidas y se expulsen mejor. También es útil aumentar la ingesta de frutas y otros líquidos, como caldos o infusiones.
     
  • No es necesario empeñarse en escupir o expulsar las flemas por la boca. El objetivo es que salgan del pulmón y tragándolas ya se expulsan a través del aparato digestivo.
     
  • Realizar lavados nasales con suero fisiológico o soluciones de agua de mar para eliminar la mucosidad de las fosas nasales proporciona un gran alivio.
     
  • Está totalmente desaconsejado el uso de medicamentos supresores de la tos, ya que en los casos de exceso de mucosidad la tos es, precisamente, el mecanismo a través del cual el organismo elimina ese moco.
     
  • Un ambiente húmedo puede facilitar la expectoración, para lo que se puede utilizar un humidificador, soltar vapor en el baño o inhalar vapor de un recipiente con agua caliente tapando la cabeza con una toalla. Se pueden añadir unas gotas de aceites esenciales de menta, romero, eucalipto, lavanda…
     
  • Sí puede ser recomendable el uso de expectorantes como la guaifenesina o mucolíticos como la acetilcisteína o la carbocisteína.
     
  • Se debe evitar tumbarse boca arriba, ya que en esa postura las secreciones bronquiales se expulsan con más dificultad. Por esta misma razón, puede ser una buena idea dormir con la cabeza ligeramente elevada.
     
  • El movimiento y el ejercicio no intenso pueden facilitar la expectoración.
     
  • Una manera de toser más eficazmente para mejorar la eliminación de las flemas consiste en realizar una inspiración profunda y, tras una pequeña pausa, toser dos o tres veces con fuerza, intentado que sea desde lo más profundo del pecho.
     
  • Evitar los ambientes cargados, el tabaquismo pasivo, la contaminación… y, por supuesto, procurar no fumar.

Fuente: Cuidateplus