Martes 13: por qué tu cerebro cree que hoy puede pasar algo malo

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El martes 13 arrastra la fama de ser un día de mala suerte. Un psicólogo explica por qué seguimos creyendo en las supersticiones y cómo pueden influir en nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. 

un hombre cruza los dedos
  1. Alicia Cruz Acal

“Martes 13, ni te cases ni te embarques”, dicen. A saber por qué esta fecha tiene tan mala fama, pero, supersticioso o no, pocos “sí, quiero” se escucharán hoy. ¿Por qué no da buena espina un martes 13, a pesar de que en el fondo sepamos que no puede determinar nuestra suerte? “La mente humana no está diseñada para ser perfectamente racional, ya que tiene un peso importantísimo la parte emocional. El cerebro está diseñado para la supervivencia y busca sentirse seguro”, responde a CuídatePlus Juan Castilla, psicólogo general sanitario y divulgador del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP). 

De acuerdo con el experto, existen tres mecanismos psicológicos que se esconden tras este fenómeno:

  • Ilusión de control. Cuando algo es incierto, el cerebro prefiere creer que puede influir en el resultado (incluso en juegos de azar). Una superstición ofrece una regla clara (martes 13 es igual a peligro), y aunque sea ilógica o irreal, reduce la incertidumbre o ansiedad.
     
  • Sesgo de confirmación. El cerebro tiende a prestar más atención en lo que confirma nuestras creencias. Si en un martes 13 ocurre algo negativo, lo recordamos y refuerza la idea de la superstición. Si ocurre algo positivo, lo minimizamos. De esta manera, se refuerza la superstición y la hace parecer “real”.
     
  • Pensamiento mágico. Es la tendencia a conectar eventos sin relación causal. Este tipo de pensamiento es universal, ya que aparece en todas las culturas y reduce la sensación de vulnerabilidad.

¿Puede influir un martes 13 en nuestro estado de ánimo? 

una mujer triste

(Foto: Magnific)

Lo cierto es que las supersticiones actúan como “reguladores emocionales”, indica Castilla, quien añade que, por tanto, “pueden mejorar o empeorar el estado de ánimo, según cómo se vivan”. Respecto a los efectos positivos de las mismas, el psicólogo apunta los siguientes:

  • Disminución de la ansiedad: “Si evito X, estoy más seguro”.
     
  • Sensación de control: “Si hago esto, seguro que va bien”. La confianza aumenta y se gestiona mejor el estrés. Por ejemplo, llevar un amuleto o hacer un determinado ritual para afrontar una tarea puede aportar calma. 

Por otro lado, las supersticiones pueden llegar a ser un problema, si:

  • Aumenta el miedo anticipatorio. “Hoy es martes 13, y algo va a salir mal”. Al pensar esto, el cerebro busca coherencia y algo saldrá mal.
     
  • Se produce hipervigilancia. Al “decirle” al cerebro que “hoy algo saldrá mal”, este interpreta señales neutras y comunes como amenazas para cumplir con la profecía autocumplida.
     
  • Hay una dependencia emocional del ritual. De acuerdo con Castilla, “si no puedes cumplirlo, te sientes más frágil y vulnerable y aparecen los miedos y la ansiedad”.

En este punto, el experto consultado afirma que una superstición empieza a condicionar a la persona cuando esta cambia los planes por miedos irracionales (“no viajo ese día”), se siente insegura si no cumple el ritual, evita oportunidades en la vida por una fecha o un símbolo, sufre tensión anticipatoria o le influye el mito más que la evidencia o el criterio racional. 

“Una superstición debería preocuparnos cuando pasa de ser divertida, voluntario o vista como un juego, a ser obligatoria y de ley vital”, advierte Castilla, quien señala que las señales de alarma por las que conviene pedir ayuda son:

  • Malestar intenso si no puedes cumplir el ritual.
     
  • Afecta a decisiones importantes.
     
  • Aumenta la ansiedad en vez de reducirla.
     
  • Se convierte en un patrón rígido.
     
  • Se parece más a un mecanismo obsesivo que a un gesto puntual.

En este punto, insiste, “ya funciona como una creencia limitante o incluso como un mecanismo de evitación u obsesión”.

¿Qué hacer para que una superstición no condicione la vida?

Castilla aporta una serie de recomendaciones psicológicas para convivir con este fenómeno psicológico sin que este se convierta en un problema:

  • Normalizar la superstición. No luchar contra ella, sino verla como una anécdota, juego, algo divertido, ya que es un fenómeno cultural y emocional. Esto puede reducir su carga.
     
  • Flexibilizar el ritual. Convertirlo en algo simbólico, no obligatorio. 
     
  • Exposición suave. Hacer pequeñas acciones que contradigan la superstición para comprobar que no pasa nada.
     
  • Reforzar el pensamiento probabilístico. Recordar que la probabilidad no cambia por una fecha, lo que reduce la ilusión de control.
     
  • Trabajar la intolerancia a la incertidumbre. La superstición es un parche emocional para la incertidumbre. Si se fortalece la tolerancia, la superstición pierde poder.
     
  • Detectar el refuerzo emocional. Preguntarse “¿esto me calma o me limita?”. Si es lo segundo, es momento de intervenir y pedir ayuda profesional. 

Fuente: Cuidate plus