La ira afecta al corazón, el cerebro y los intestinos

Las reacciones de ira pueden provocar un efecto dominó en todo el organismo, advierten especialistas.

Si por dificultades personales o cuestiones vinculadas a la vida pública tu calma no aparece por ningún lado, no estás solo.

Pero es importante saber que, además de costarte tranquilidad, puede tener consecuencias más graves: según diversos científicos, la ira prolongada y extrema también puede exacerbar problemas de salud ya existentes, así como afectar la forma en que reaccionamos ante determinadas cuestiones.

«A lo largo del día, de la semana y del mes, activamos estos sistemas en momentos de frustración, rabia o furia que, a corto plazo, podrían ayudarnos en una situación de emergencia», afirma el Dr. Ilan Shor Wittstein, cardiólogo del Hospital Johns Hopkins de Baltimore.

«Pero a largo plazo, podría ser bastante perjudicial que estos sistemas neurohormonales se activen con tanta frecuencia como en esos casos.»

Las reacciones de ira pueden provocar un efecto dominó en todo el organismo: desde el sistema cardiovascular hasta el sistema nervioso, vale todo. Estos son apenas algunos de los principales sistemas orgánicos en los que pueden causar estragos.

El corazón

Según Wittstein, experto en miocardiopatía por estrés, una forma de considerar el corazón es imaginarse una casa: puede haber problemas con las tuberías, las puertas o el sistema eléctrico, pero la casa en sí misma puede parecer que está bien.

«El enojo puede afectar a las arterias que suministran sangre al corazón, específicamente al sistema eléctrico que le indica al corazón cuándo latir y también específicamente al propio músculo cardiaco», explicó.

Si ya tenés afecciones que perjudican tu sistema cardiovascular, los momentos de rabia te pueden dejar más vulnerable.

Cuando te enojás, puso como ejemplo Wittstein, puede aumentarte la presión arterial, los vasos sanguíneos pueden contraerse y se liberan células inflamatorias.

Esto puede provocar rotura de placa en el interior de una arteria coronaria. Si esa placa dañada forma un coágulo, puede interrumpirse el riego sanguíneo en esa parte del corazón. «Y eso puede provocar un infarto que lleve la persona a un hospital o incluso que la persona muera de un infarto repentino», puntualizó.

El cerebro

En cierto sentido, es posible que la bronca tenga un efecto físico positivo, ya que puede ayudar a motivarte para hacer algo. Cuando estamos enojados y alterados, nuestro cerebro está preparado para reacciones rápidas.

Si un peligro o una amenaza de orden social desencadena un estado de rabia, hay más probabilidades de que actuemos en consecuencia: con respuesta de lucha o huida.

El Dr. Royce Lee, catedrático de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento de la Universidad de Chicago, aclara que, en ese estado de agitación, tenemos menos probabilidades de emitir juicios acertados, escuchar y estar en sintonía con otras motivaciones importantes, como los valores.

«A menudo se puede oír a una persona enojada decir o hacer algo que realmente no le gusta», observó Lee. «Y cuando no está enojada se arrepiente.»

La Dra. Orli Etingin, internista del hospital NewYork-Presbyterian/Weill Cornell, sostuvo que la ira y el estrés crónico también afectan a la memoria.

«Olvidémonos del hecho de que probablemente también te quite el sueño«, manifestó, «pero definitivamente no podés prestarles atención adecuada a las cosas».

El intestino

Probablemente hayas oído hablar de la «conexión intestino-cerebro», el muy discutido vínculo entre las emociones y nuestro estómago. Al igual que otros sentimientos, la rabia puede desencadenar malestar, mala absorción de los alimentos y pérdida de apetito.

«El tracto gastrointestinal está formado por tejido muscular e integrado por nervios. Así que si tenés una producción muy alta de adrenalina, el estómago y los intestinos van a desarrollar hipermovilidad», indicó la doctora Etingin.

«Vas a tener calambres, vas a tener diarrea, porque allí los músculos se sobreactivan.»

El Dr. William Burg, psicólogo clínico y profesor de la Facultad de Medicina de Yale, alega que pequeños cambios en la rutina personal pueden ayudar. «La meditación, la respiración, el ejercicio físico y el descanso nocturno son formas útiles de controlar la ira», declara.

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/ira-afecta-corazon-cerebro-intestinos_0_7SphcIenDt.html