Mejillones, ¿qué aportan a tu cuerpo?
Ricos en proteínas de alta calidad, Omega 3, hierro y vitamina B12, los mejillones son uno de los alimentos más completos del verano. Eso sí, conviene consumirlos con algunas precauciones para evitar los riesgos asociados a las toxinas marinas y las intoxicaciones alimentarias.

Todo un must del verano, los mejillones son un alimento que, además de sabrosos, son un alimento que se enmarca perfectamente en una dieta saludable y equilibrada. “Son una fuente de proteína animal importantísima baja en grasa que llamamos de buena biodisponibilidad y con un nivel de ácidos grasos omega 3 interesantísimo”, destaca a CuídatePlus la dietista-nutricionista Paz Pérez. Sobre el Omega 3, la experta señala que es beneficioso a nivel cardiovascular, para regular el colesterol y bajar los triglicéridos. Por otra parte, es un antiinflamatorio natural y previene el deterioro cognitivo, además de ser un alimento rico en vitamina B12, clave para el sistema nervioso.
Este molusco también es fuente de hierro y zinc. “Es un hierro de buena calidad, conocido como hierro hemo, que es el que se absorbe bien”, afirma la experta. El zinc, por su parte, refuerza el sistema inmunitario. A nivel de minerales, también presentan una buena cantidad de fósforo y de potasio, aliados de los músculos y huesos.
Además de por su perfil nutricional, los mejillones también destacan por ser un alimento especialmente recomendable para determinados grupos de población. Según Pérez, las personas con tendencia a presentar déficit de hierro o anemia ferropénica pueden beneficiarse de su consumo, al igual que las mujeres en edad fértil debido a las pérdidas menstruales. Asimismo, gracias a su contenido en vitamina B12 y Omega 3, también son una buena opción para las personas mayores, ya que, como se ha mencionado, ambos nutrientes contribuyen al buen funcionamiento del sistema nervioso y ayudan a prevenir el deterioro cognitivo.
Los deportistas también encuentran en este molusco un gran aliado. “Aportan sodio, potasio, selenio y zinc, minerales muy interesantes para combatir el estrés oxidativo asociado al ejercicio”, explica la dietista-nutricionista. Además, al tratarse de una fuente de proteínas de alta calidad y muy baja en grasa, constituyen una alternativa a otros alimentos habituales como el pollo o el atún. “No hay que limitarse siempre a las mismas fuentes de proteína. Los mejillones y las almejas también son una opción excelente”, subraya.
¿Hay que tener más cuidado con los mejillones en verano?
Aunque los mejillones pueden formar parte de una alimentación saludable durante todo el año, el verano exige extremar algunas precauciones. La principal razón es la posible presencia de toxinas marinas, unas sustancias producidas por determinadas microalgas que proliferan con mayor facilidad cuando aumentan las temperaturas.
“Los mejillones y las almejas se alimentan de estas microalgas y pueden acumular sus toxinas en el interior. El problema es que estas toxinas no se eliminan ni con la cocción ni añadiendo limón”, advierte Pérez. Su ingesta puede provocar desde trastornos gastrointestinales hasta cuadros de mayor gravedad, dependiendo del tipo y la cantidad de toxina acumulada.
Por otra parte, como ocurre con otros productos frescos, una conservación inadecuada o la rotura de la cadena de frío favorecen la proliferación de microorganismos capaces de provocar intoxicaciones alimentarias. El riesgo es especialmente importante cuando se consumen crudos o poco cocinados y en personas especialmente vulnerables, como embarazadas, personas inmunodeprimidas o lactantes.
Cómo consumirlos de forma segura

(Foto: Freepik)
Para minimizar los riesgos, la especialista recomienda adquirir siempre los mejillones en establecimientos autorizados y evitar recolectarlos por cuenta propia, ya que pueden proceder de zonas con una elevada concentración de microalgas productoras de toxinas.
También conviene revisar su estado antes de cocinarlos. “Si la concha está rota o el mejillón permanece abierto antes de cocinarlo, debe desecharse. Del mismo modo, si después de la cocción continúa cerrado, nunca hay que forzarlo para abrirlo, sino tirarlo”, aconseja Pérez. Por último, insiste en cocinarlos completamente, especialmente durante los meses de más calor. Aunque la cocción no elimina las toxinas marinas, sí destruye las bacterias que puedan estar presentes y reduce el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria.
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