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Qué decir y qué no a tus hijos si te preguntan por los Reyes Magos, según una experta en Psicología

La magia navideña favorece el desarrollo de la imaginación, fortalece el vínculo familiar, mejora habilidades cognitivas como el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. Dejar de creen en los Reyes Magos es un proceso madurativo que deben pasar los niños pero los padres lo viven como un pequeño drama. Te ayudamos a afrontar ese momento. 

niña en navidad
  1. Joanna Guillén Valera

En Navidad todo es mágico. Los adultos lo vivimos de una forma pero ¿y los niños? “la Navidad es, para la mayoría de los niños, un tiempo donde todo se llena de símbolos emocionales de unión, afecto, sorpresa y rituales familiares”, informa a CuídatePlus Olga Albaladejo, psicóloga. A nivel psicológico, “representa un espacio seguro donde las rutinas se vuelven especiales y donde el juego y la fantasía ocupan un lugar central”.

Para muchos niños, la Navidad “es la época en la que experimentan con más fuerza el sentimiento de ilusión, un motor emocional que favorece el aprendizaje, la creatividad y la construcción de recuerdos positivos”, explica. La anticipación navideña “activa en los niños una intensidad emocional que rara vez aparece en otros momentos del año”.

La magia forma parte de estas fechas, sobre todo en los más pequeños que creen ciegamente en figuras como Papá Noel o los Reyes Magos. Esto es así porque, como apunta la experta, “la viven desde una combinación de imaginación activa y necesidad de creer. En la infancia, la línea entre lo real y lo fantástico es flexible. Los niños pueden integrar ambas cosas sin contradicción”.

Pero hay algo fascinante: los niños no son crédulos. “Creen en los Reyes Magos o Papá Noel porque observan que los adultos en quienes confían participan en rituales costosos y elaborados”. Esto hace que su razonamiento sea «Si mis padres hacen todo esto, debe ser real”.

¿Qué ocurre en su cerebro? 

Entre los 3 y los 7-8 años, el cerebro infantil está en plena expansión de la corteza prefrontal, la zona encargada del pensamiento lógico, pero aún no ha madurado del todo. Por eso predomina el pensamiento mágico, un modo natural de interpretar el mundo donde lo imposible parece posible.

Durante esta etapa, «los niños centran su atención en detalles concretos más que en lo global». Mientras los adultos vemos contradicciones lógicas («¿cómo puede visitar todas las casas en una noche?»), ellos «se enfocan en evidencias tangibles: los regalos bajo el árbol, las galletas que desaparecen, las cartas que reciben respuesta.

Además, «la ilusión activa circuitos de dopamina, que fortalecen la sensación de bienestar», explica. La magia no solo es fantasía, «es un estímulo emocional que genera placer, curiosidad y conexión con sus figuras de referencia», describe.

¿Está bien que los padres fomenten esta magia?

Muchos padres se preguntan si está bien o mal fomentar la creencia en algo que no existe y que, con el tiempo, descubrirán. Así, a la pregunta de si está bien fomentar esta magia, la respuesta es “”. Eso sí “siempre que se haga desde el juego y no desde la presión o la amenaza”, algo muy utilizado por los padres («si no te portas bien, no vendrán»).

La investigación científica en relación a esto es contundente. Como informa, “un estudio de la Universidad de Texas con 52 niños que habían dejado de creer en Santa Claus encontró que reportaron reacciones predominantemente positivas al descubrir la verdad” (Anderson y Prentice, 1994). Es más, curiosamente, “fueron los padres quienes se sintieron tristes, no los niños”.

Y es que, según informa, la magia navideña:

  • Favorece el desarrollo de la imaginación,
  • Fortalece el vínculo familiar,
  • Mejora habilidades cognitivas como el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva,
  • Crea recuerdos que contribuyen al bienestar emocional.

La experta quiere dejar claro que, “no se trata de engañar, sino de acompañar una etapa del desarrollo donde la fantasía es una herramienta natural para crecer”, y esto es algo que los padres deben entender y tener muy claro.

¿Hasta qué edad dura esta magia?

En cuanto, a qué edad es normal dudar de la existencia de los Reyes Magos o de Papá Noel, Albaladejo señala que “de forma general, entre los 7 y los 9 años el pensamiento lógico empieza a predominar y los niños comienzan a dudar”. La mayoría, lamenta, “descubren la verdad por sí mismos en esas edades”.

¿Por qué específicamente a esta edad? “Porque es cuando alcanzan un hito crucial en su desarrollo cognitivo. Es cuando empiezan a comprender que los estados mentales pueden ser recursivos y cuestionan las imposibilidades físicas de estas historias”.

Es verdad que “algunos lo hacen antes y otros más tarde, ya que todo dependerá de la madurez, el entorno y la importancia cultural que tenga la tradición en cada familia”.

Qué decir cuando nos preguntan si existen los Reyes Magos 

Si uno de tus hijos pregunta por los Reyes Magos y empieza a cuestionarse su existencia, lo mejor es escuchar primero y hacer preguntas del tipo “¿Qué piensas tú?», «¿Qué has oído?», «¿Qué te gustaría saber?»

Esta pregunta, explica Albaladejo, “te ayuda a entender su estado emocional y qué necesita realmente”. A menudo “están probando sus nuevas habilidades de pensamiento lógico y puedes sentirte orgullosa de su desarrollo cognitivo”.

A partir de ahí, podemos devolverles la idea central de la tradición y explicarles que:

«Los Reyes Magos y Papá Noel representan la ilusión y la generosidad. Cuando somos pequeños, otros la crean para nosotros; cuando crecemos, nosotros la creamos para los demás y así se transforma la historia en un acto de continuidad y no en una decepción”. 

Es importante entender en todo momento que mantener la ilusión no es mentir. “Más que «mentira», hablamos de un relato simbólico, igual que los cuentos”, señala la experta. 

 “Participar en la fantasía de Santa o de los Reyes no constituye «mentir» de la forma dañina que preocupa a los padres. Es más similar a leer Harry Potter o ver Frozeninvolucramos a los niños en mundos fantásticos que tienen valor educativo y emocional”, explica.

¿Es bueno seguir con la mentira o no?

Hay padres que optan por mantener la ilusión y buscan historias para no afirmar que, en realidad, no existen los Reyes Magos, para no traicionarles o desilusionarles.

Los estudios muestran que los niños no viven la revelación como una traición si:

  • Se sienten acompañados,
  • Pueden hacer preguntas,
  • Se les explica el sentido de la tradición.

De hecho, investigaciones recientes de la Universidad de Texas muestran que “entre el 87% y 95% de los adultos quieren continuar esta tradición con sus propios hijos porque encuentran algo valioso en esa experiencia”.

El riesgo no está en la magia, sino en “cómo los adultos gestionan el momento”. Si los padres se muestran “tranquilos y afectuosos, la transición suele vivirse con naturalidad”, indica Albaladejo.

¿Qué puede suponer para los niños descubrir que no existen?

En la mayoría de los casos, a diferencia de lo que muchos padres creen, cuando un niño descubre que no existen, lo que aparece es “una mezcla de orgullo por «ser mayor» y un punto de nostalgia”. Menos del 30%, señala, “experimenta emociones negativas durante más de dos semanas y no hay documentada una pérdida significativa de confianza en los padres”.

Los niños suelen y pueden sentir: 

  • Orgullo: «¡Lo descubrí yo solo!»
  • Conexión: «Ahora soy parte del mundo adulto»
  • Nostalgia momentánea: Un breve duelo por una etapa que termina

Solo se vive como algo doloroso si:

  • Se sienten ridiculizados,
  • Perciben enfado en los adultos,
  • Si la tradición se utilizó como herramienta de control («si te portas mal…»).

Para ellos, “lo importante no es la figura mágica, sino la experiencia emocional que la rodea. En mis años de consulta, ningún paciente adulto lo describe como traumático”, explica en detalle. Al contrario, “muchos lo recuerdan como un «rito de paso» hacia una comprensión más madura del mundo”. 

Consejos para los padres

1. Averigua qué necesitan realmente: A veces solo buscan confirmar que la Navidad seguirá siendo especial.

2. Valida su emoción: «Es normal tener dudas cuando te haces mayor.»

3. Si está listo para la verdad, usa lenguaje claro pero cálido:

· Mantén contacto visual

· «Los Reyes Magos son una tradición hermosa que las familias celebramos. Los regalos los elegimos las personas que te queremos, pensando en ti»

· Explica el origen: quiénes fueron los Reyes Magos históricos o San Nicolás

· Enfatiza: «La magia de dar y recibir amor no desaparece»

4. Transforma el relato: «Los Reyes existen en la manera en que hacemos felices a los demás.»

5. Inclúyelos en la tradición: Convertirlos en «guardianes de la magia» les ayuda a hacer la transición sin perder la ilusión. Esto les da un sentido de madurez y responsabilidad.

6. No dramatices: Si los adultos dan serenidad, los niños la integran igual.

7. Evita frases como:

· «Ya eres mayor para creer en eso»

· «No seas tonto»

· «Todo el mundo lo sabe»

En opinión de la psicóloga, “el descubrimiento de que los Reyes Magos o Papá Noel no existen de forma literal no marca el fin de la magia, sino el inicio de una comprensión más profunda, que el amor, la generosidad y la conexión familiar son reales, tangibles y más poderosos que cualquier personaje fantástico”.

Acompañar esta etapa con “respeto, escucha y cariño no solo preserva la ilusión, sino que enseña a los niños algo mucho más profundo, esto es la alegría de dar, recibir y compartir”, concluye.