Redes sociales: atención y autoestima

Las redes sociales influyen en nuestra autoestima y capacidad de atención, convirtiéndose en un factor de riesgo a tener muy en cuenta. Los mecanismos que los provocan son básicamente la imposibilidad de alcanzar la realidad que se muestra en redes y la necesidad de mantenerse conectados para no perderse nada.
 

Collage de un ordenador y una chica detrás de él. Concepto del consumo de redes sociales
  1. María R. Lagoa

Existe evidencia científica, fundamentalmente estudios realizados en Estados Unidos, y la experiencia clínica de psicólogos y médicos de familia así lo confirman. Un mal uso de las redes sociales afecta a nuestra autoestima, bienestar y capacidad de atención, y no precisamente para bien. Elena Daprá, directora del Centro de Psicología que lleva su nombre y vocal de Sección del Colegio Oficial de Psicología de Madrid, e Isabel Paúles Cuesta, responsable del Grupo de Trabajo de Estilos de Vida y Determinantes de Salud de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), aseguran que son uno de los factores que se asocian a la baja autoestima, que perjudican la capacidad de atención y concentración y que incluso empeoran los cuadros de ansiedad y depresión.

“Los compañeros hablamos de esto constantemente. Los pacientes vienen a consulta por ansiedad o problemas de autoestima y una de las causas que establecemos es el mal uso de redes”, señala Daprá, quien se fija en los adolescentes como la población más sensible porque esa primera juventud es una de las épocas de la vida en que las personas somos más influenciables. No obstante, Paúles alarga hasta más allá de la treintena la presencia de este tipo de problemas.

Demasiado tiempo en redes

¿Cómo influyen las redes sociales en la baja autoestima y la falta de atención? ¿Cuáles son los factores principales? Para la psicóloga Daprá, el problema es que hay un uso masivo, siendo el tiempo y la frecuencia que las personas usamos las redes sociales las causas más claras: “Pasamos mucho tiempo en redes, lo que quiere decir que nos estamos perdiendo la vida real, que estamos viviendo una vida ficticia o viendo una vida ficticia, que no se sabe hasta qué punto es real o no. Esto contribuye a tener pensamientos negativos, que generan emociones negativas y ambas cosas provocan baja autoestima”.

Los pensamientos negativos se producen cuando el consumidor de estas plataformas digitales ve una vida que no tiene o que no puede alcanzar: “No tiene lo que está viendo, intenta conseguir esa vida pero no puede”. Y seguidamente aparecen las emociones negativas: “Es ahí cuando surge la frustración, la rabia, es decir, emociones negativas”. Todo ello genera una visión negativa de uno mismo, lo que si perdura en el tiempo, da lugar a la baja autoestima.

Es habitual seguir en redes sociales a influencers, marcas o revistas, cuyas publicaciones presentan situaciones ideales, casi anuncios publicitarios, que en general están muy lejos del día a día de la mayoría de las personas. Son modelos de estilo de vida y belleza que no son fáciles de alcanzar y la comparación nos aboca la frustración y tristeza. “Las redes sociales muestran una realidad irreal, una falsa realidad. Las personas piensan que nada en su vida está bien y que no van a llegar a esos cánones que se prodigan en redes”, arguye Paúles. Asimismo, en los casos en los que se vea afectada la percepción de la autoimagen, pueden favorecer la aparición de trastornos depresivos y alimentarios.

Qué es el FOMO

La explicación de que muchas veces las redes sean también responsables de la falta de atención es que crean la necesidad de estar conectados: “Es lo que se conoce por FOMO, crean la sensación de tener que estar siempre conectados para no perderse ningún hecho del mundo digital, tanto a nivel personal como en lo que concierne a cualquier novedad”. 

FOMO significa “fear of missing out” y se refiere a la ansiedad que siente un individuo al pensar que está perdiéndose una actividad divertida o interesante que están teniendo otros. “El resultado es que prefiere estar pendiente del teléfono o el ordenador, descuida sus relaciones sociales y obligaciones laborales, pospone tareas”, añade Paúles.

Aceptación de los demás

Por otra parte, cuando nuestras publicaciones (fotos, vídeos o reflexiones) reciben likes y comentarios positivos, nos provoca una satisfacción inmediata porque es humano busca la aceptación de los demás, pero entraña el riesgo de que nuestro bienestar dependa de un agente externo que no podemos llegar a controlar.

Mención especial merecen las personas que necesitan las redes sociales para trabajar, lo cual puede causar problemas, como pone de manifiesto Elena Daprá: “Yo tengo mucha población que tiene este problema con redes y tecnología, pero que las necesitan para trabajar. Son autónomos, las redes forman parte de su trabajo y están muchas horas trabajando. Se les acaba mezclando todo, se complica mucho la desconexión y también el tratamiento”.

Tres niveles y signos de alarma

Daprá establece tres niveles en la sintomatología. El primero se refiere a cuando las redes afectan a la autoestima, concentración y atención. El segundo se sitúa ya en el estrés y la ansiedad por el consumo de redes y el tercero es una adicción a las nuevas tecnologías. “El principal signo de alarma es que nos impidan llevar la vida diaria. En el momento en que me pierdo algo de mi vida diaria porque tengo la necesidad de estar en una red, de revisar una red, mirar, compartir… eso ya es alarmante”, advierte la psicóloga. 

Los signos de alarma que aporta Paúles van en la misma línea: “Dejo mis obligaciones apartadas, dejo de quedar con mis amigos, miro el móvil o la tableta en lugar de conversar. También los trastornos del sueño porque me voy a la cama tarde o me despierto antes para ver lo que ocurre en el mundo y lo hago inmediatamente. Incluso trastornos de alimentación”.

Cómo prevenir la adicción a las redes sociales

Para la prevención, tanto Paúles como Daprá invitan a realizar una reflexión sobre el uso que estamos haciendo de redes, sobre el tiempo que estamos invirtiendo en ellas y si es necesario o no, para qué las estamos utilizando, sobre qué sentimientos nos provocan, si tenemos buenas sensaciones o malestar emocional.

Ponerse límites es la primera medida, pactar unos horarios con nosotros mismos para hacer un uso equilibrado, como destaca la psicóloga: “Nos cuesta en la sociedad actual ponernos límites, pero es parte de la prevención. Y la gente que necesita las redes para trabajar, debe organizarlo todo, medirlo muy bien, aplicar gestión del tiempo”.

Por su parte, la portavoz de SEMG remarca la importancia de no olvidar que la vida que se exhibe a través de las redes no es siempre verdad y que son canales de comunicación e interacción, no un modelo que deba influir en nuestro estilo de vida: “Debemos tener presente que la vida que nos muestran estas plataformas digitales es en muchas ocasiones irreal, que los estándares que nos trasladan son inalcanzables la mayoría de las veces”. Lo siguiente es valorar nuestra realidad y centrarnos en nuestros objetivos.

Desconexión tecnológica

La prevención pero parte también de la solución cuando el problema está instaurado incluye la desconexión tecnológica, “difícil pero muy sana”, en palabras de Daprá, quien recomienda centrarse en el momento que vivimos, en las personas que están con nosotros y comparten nuestra vida: “Me dedico al aquí y ahora, a las personas con las que estoy disfrutando, me concentro en vivir la vida, en experimentar mi vida, y no tanto en mirar lo que hacen otras personas. No me comparo con lo que tiene o hace otra persona, sino que hago lo que tengo que hacer en mi vida”. La experta recuerda que las comparaciones con nosotros mismos suelen ser negativas: “Nunca me comparo y salgo ganando, me comparo y salgo perdiendo, ¡qué curioso!”.

Paúles aconseja la práctica de actividades al aire libre y ejercicio físico, potenciar las relaciones con los amigos y la familia, y mantener una correcta higiene del sueño, además de seguir una dieta saludable, libre de grasas y azúcares. 

Todas estas sugerencias, especialmente la imposición de horarios por parte de los progenitores, adquieren particular relevancia en la prevención de problemas en los niños y adolescentes. 

Fuente: cuidateplus