El psicólogo Alejandro Schujman cuestiona la mirada pasiva de los adultos sobre la práctica del Último Primer Día.

Tres letras tiene lo que debemos hacer los adultos como cuerpo social frente a los UPD, UUD y demás males de época, como el consumo de alcohol y sustancias en nuestros jóvenes: red.

Red o redes si queremos ser generosos y poner 5 letras porque con una no es suficiente.

Y me pregunto: ¿es fascista o autoritario plantear que no podemos resignarnos en esta situación y contexto con nuestros chicos y chicas, sostener que de ninguna manera negocio con la salud de nuestros jóvenes y plantear que no deben tomar alcohol y sustancias de la forma en que lo hacen (ni de cualquier otra)?

¿Es talibán pensar que podemos y debemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo al respecto?

Una madre me contaba que armaron un comité de UPD formado por padres y madres del colegio para acordar con hijas e hijas las condiciones del festejo del Último Primer Día de clases (a eso refiere la sigla UPD, mientras que UDD significa Último Último Día).

Como si fuera una delegación para negociar la paz en Medio Oriente pero, en lugar de los mandatarios de los distintos países, chicos y chicas de 17 años que imponen condiciones a sus padres y madres respecto de la manera en la que quieren iniciar su ultimo año de clases.

¿En serio?

Se nos ha caído la letra D, lo digo siempre, y en lugar de padres (y madres obviamente) nos hemos transformado en pares. Y lo mal que le hace esto a nuestros hijos e hijas, no podemos darnos una idea.

La ropa de chicos ya no les entra, la de adultos tampoco, y en ese intermedio tan complejo de la adolescencia pierden la referencia clave que somos los adultos primordiales.

Hoy los chicos tienen la potestad de amenazar a sus adultos con que si no hay alcohol no van a una fiesta de 15 y la familia de la homenajeada queda rehén de la situación. Si no declina a las peticiones de los amigos de su hija ella se queda sin fiesta.

¿En serio?

Hubo una serie de tuits de docentes en estos días planteando una lógica disconformidad respecto de la situación del UPD.

Ahora bien, el punto central es este. Cuando pregunto en las charlas a familias quién esta de acuerdo en que los chicos tomen alcohol y consuman distintas sustancias psicoactivas no hay ninguna mano levantada, Y hablo de 100, 200 o 500 familias. Los docentes tampoco apoyan.

Los estados hacen silencio, y no hablo de este gobierno en particular, sino de los estados en general. Imagino que es más redituable la fuerza de voto de los jóvenes que pensar en lo que es saludable para ellos.

Si no, no entiendo como no hay campañas ciertas para prevenir el consumo problemático o el cumplimiento efectivo de la prohibición de venta de alcohol a menores de edad.

Entonces, si nadie está de acuerdo, ¿qué hacemos que no lo hacemos ?

Si los adultos salimos del estado de resignación y hombros encogidos mirando como si fuera una serie de la que somos espectadores, quizás nuestros jóvenes nos lo agradezcan.

Hace un par de años en plena pandemia me convocaron de un colegio de Ecuador preocupados porque sus estudiantes habían tenido varias situaciones de coma alcohólico .

Trabaje por Zoom en el contexto de confinamiento y por detrás de cámara pasó el hijo de un matrimonio que estaba participando de la charla. Le dije que se sume.

Le comenté que estaba ayudando a la comunidad de familias para que pudieran intervenir respecto del consumo de alcohol y drogas en el grupo de jóvenes.

Me dijo que las cosas se habían ido de las manos, que al principio se enojarían pero luego entenderían que tienen que cuidarlos.

Quiero decir, los jóvenes lo van a agradecer, y mucho. Piden ayuda, buscan límites, siguen siendo muchachitos y muchachitas indefensos, y asustados porque crecer da miedo.

Y como da miedo se refugian en el placer inmediato, la satisfacción ya, inmediatez de sustancias, pantallas y endorfinas vía likes y sexualidad precoz ¿Se entiende?

Es más sencillo de lo que parece. Créanme que lo es.

Redes, la formula para poder cuidar a nuestros jóvenes

«Justamente porque te amo es NO, aunque te duela, para cuidarte, para que entiendas que las cosas en la vida no se consiguen a los gritos, ni amenazando, ni pataleando. Porque te quiero, porque te cuido, esta vez amado hijo, esta vez en NO». (Del Libro «No Huyo Solo Vuelo, el arte de soltar a los hijos»)

Muchas veces cuando hablo de armar redes las familias me plantean: «Ale, todo bien, pero cuando busco quórum en estos temas con las familias del colegio me encuentro con evasivas, nadie quiere dejar a sus hijos afuera. Me siento sola con este problema».

Y es la trampa del «todos van», «todos toman», «todos fuman».

En la intimidad, la enorme mayoría quiere un cambio pero nadie se anima a hacerlo.

Pongo un ejemplo: Ayer estaba en una combi en un transfer dentro del marco de un viaje en el que me encuentro en estos días. Un grupo de compañeros de ruta en el marco de un embotellamiento ponen música muy fuerte desde sus celulares sin auriculares. Yo estaba tratando de concentrarme para leer un libro. No era una canción, sino varias.

Después de un tiempo prudencial, y molesto por la situación les pido amablemente: «¿No podrías bajar la música que me es difícil leer?»

Éramos 15 personas en la misma situación , y cuando bajamos varios se me acercan y me dicen : «Qué bueno que les dijiste, era insoportable ese ruido». ¿Se entiende, no?

¿Quien tira la primera piedra? Y tratándose de nuestros hijos, propongo que sea cada uno y cada una de ustedes.

Entonces:

✓Hagamos pequeñas alianzas saludables, una red de 4 familias es un comienzo. .

Ofrezcamos alternativas saludables frente a la negativa y al límite.

Involucremos a las autoridades de los colegios. Cuanto más grande la red mas efectiva será.

Alentemos los proyectos saludables (deportes, artes) que son la mejor vía para que este tipo de situación pese menos.

Tengamos charlas con nuestros hijos planteando la situación sin abusar del recurso del diálogo. Recordemos que nuestros hijos no nos oyen todo el tiempo pero no dejan de mirarnos

✓Hagamos (esto es fundamental ) bloque de adultos dentro de nuestras propias familias. Muchas veces los intentos de limitar estas situaciones se boicotean por propios miembros de la familia que se ponen «del lado» de los adolescentes.

Una vez más, si cuando niños no dudamos a la hora de sacarlos del ámbito de la curiosidad cuando quieren meter deditos en los tomacorrientes (no pensamos «todos los niños son curiosos, que experimente, total tengo disyuntor»), no dudemos cuando más nos precisan, que es el momento de despegar para entrar al mundo adulto.

Armar redes, la solución, y aquí aplica más que nunca el «difícil, pero no imposible». ¡Suerte en la tarea!

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/upd-salir-trampa-hacen-_0_NfTwE6ksJH.html