¿Por qué no lavar los huevos frescos?
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¿Manipulas los huevos con seguridad en tu cocina? No se trata de que se rompan sino de qué errores cometemos en el momento en el que llegan a nuestra cocina. Te contamos lo que dicen los expertos

Los huevos son un alimento muy versátil. Sirven para cenas, para comidas y hasta para los desayunos. Son, además, una fuente de proteínas de alto valor biológico y muy saludable. Sobre ellos han caído todo tipo de mitos, desde cuántos podemos comer a la semana, si se pueden o no tomar si tenemos el colesterol alto… Todos esos mitos se han ido desmontando con el tiempo y han llegado otros nuevos.
Y con los mitos llega el momento de desmontar prácticas más o menos habituales que pueden poner en riesgo nuestra salud. Dicho esto, ¿eres de los que lavan los huevos antes de meterlos en la nevera o de los que los guardan encima de la encimera? Luisa Solano, profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid, explica a CuídatePlus qué hacer y qué no hacer con los huevos cuando los llevamos a casa.
Beneficios nutricionales de los huevos
El huevo es muy interesante desde el punto de vista nutricional. Los huevos contienen todos los aminoácidos esenciales y por eso se considera una proteína patrón -es decir, la referencia para medir la calidad biológica- a la hora de hacer estudios nutricionales. Además contiene vitaminas liposolubles, especialmente la vitamina A en la yema, pero además es rico en luteína y en zeaxantina, “dos nutrientes muy importantes para la visión”, añade Solano. Además, contiene carotenoides, y minerales.
La consistencia de la yema es ideal para hacer salsas. “Tiene una viscosidad idónea, no es aceitosa, pero tampoco es pegajosa”, explica Solano, quien añade que es tan versátil que permite al batirlo dar un toque esponjoso a cualquier elaboración. “Se puede consumir de múltiples maneras: escalfado, revuelto, frito, en tortilla. Y también se puede añadir a otros platos para aumentar el aporte nutricional, como sería el caso de los pudines”.
El huevo, una gran cena
Esta gran capacidad del huevo para maridar con otros ingredientes lo convierte en una cena perfecta y rápida de preparar. Eso sí, dice Solano; “es importante tener en cuenta siempre la temperatura para cocinarlo. Esta debe ser mayor a 65 grados Celsius, para poder eliminar eventualmente si el huevo estuviese contaminado con una Salmonella”.
¿Hay que lavar los huevos?
Uno de los mitos que hay que descartar es precisamente el de lavar los huevos. Solano es categórica al explicar que aunque pensemos que sirve para eliminar posibles patógenos estamos cometiendo un error frecuente que abre la puerta a contaminaciones. ¿Por qué? “La cáscara del huevo es porosa. Al lavarlo eliminamos la cutícula, una capa protectora que sella los poros de la cáscara y esos poros se incrementan y aumenta el riesgo de que los microorganismos entren en el huevo y se contamine”. Así se hace más susceptible a contraer, por ejemplo, la Salmonella ssp.

(Foto: Jasmin Egger/Unsplash)
¿Dónde se guardan?
Otro error más o menos frecuente es dejarlo encima de la encimera pensando que si en el supermercado no los guardan en frío será porque no hace falta. ¿Dónde los ponemos? En la nevera. “El huevo tiene una cámara de aire que es una de sus barreras protectoras para conservar su inocuidad. Además, tenemos que tener en cuenta lo que en la industria alimentaria llamamos métodos de conservación. Al ser un alimento crudo utilizamos la refrigeración que va de 0 a 4 grados”, explica Solano. De esta forma, mantenerlo frío contribuye a alargar la vida útil y su frescura. “Lo consumiremos con mayor seguridad”, añade Solano.
Las hueveras que vienen en las neveras pueden inducir otro error muy habitual. Si lo ponemos en la puerta los sometemos a cambios de temperatura. Por eso Solano aconseja guardarlos en los estantes de la nevera, donde la temperatura será más constante, y en su envase original o en otro recipiente. “Lo ideal es tener uno de cristal y debemos tener cuidado al apilarlos para que no se aplasten”.
¿Dónde cascamos el huevo?
El huevo debemos cascarlo y echarlo directamente en la sartén, en un plato, o en el recipiente en el que vayamos a realizar la elaboración. Los profesionales de la cocina lo hacen con una sola mano y lo rompen con ella, pero el resto de los mortales podemos cascarlo contra el recipiente a utilizar. Si rompemos el huevo directamente sobre otros alimentos, “se puede favorecer la contaminación cruzada».
Posteriormente hay que lavarse las manos, eso está claro, para no contaminar el resto de alimentos y de utensilios que vayamos a utilizar, y que también deberán estar bien lavados como una forma de seguridad alimentaria.
En el caso de que nos caiga algún trocito de cáscara al abrirlo, deberemos retirarlo con la mano ya lavada.
Cómo identificar un huevo qué no está en condiciones
Más allá de revisar la fecha de consumo preferente o de sumergirlos en agua, lo ideal es que observemos el huevo para detectar si ha perdido frescura. El olor será la primera pista para detectarlo. Si lo cascamos y lo olemos, este debe ir directo a la basura. Pero, además, dice Solano, “si al romperlo vemos que la cámara de aire está muy estrechita y la clara es excesivamente líquida o la yema se rompe con demasiada facilidad son señales inequívocas de que el huevo ya no es apto para el consumo y debe desecharse” dice Solano.
Un truco para poder observar la frescura del huevo es colocarlo en un plato o en un cuenco antes de cocinarlo. No obstante, los huevos no son todos iguales, ya que en ellos influye la alimentación de la gallina, el tipo de crianza…
Pero, ojo, si cuando llegamos a casa con la compra algún huevo en la huevera está roto o agrietado… hay que tirarlos a la basura. Es la mejor forma de evitar una salmonelosis.
Fuente: cuidateplus