El truco para no comprar por impulso
Las redes sociales nos exponen a estímulos constantes que pueden convertir un simple deseo en una compra impulsiva en cuestión de segundos. Frente a ello, el mindful shopping propone prestar atención a las verdaderas razones que hay detrás de cada compra.

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales motores de consumo. El 48% de los españoles consulta estas plataformas antes de realizar una compra, según datos de IAB Spain. Con motivo del Día Mundial de las Redes Sociales, el psiquiatra y experto en mindfulness Javier García Campayo advierte de que este entorno favorece las compras impulsivas al combinar publicidad personalizada, recomendaciones constantes e influencia social.
“El consumo de redes sociales produce la necesidad de inmediatez y de consumo continuo de estímulos. Los reels de Instagram o TikTok están diseñados para verlos rápido para inmediatamente hacer scroll y recibir un nuevo estímulo”, detalla el experto a CuídatePlus, quien califica a estos vídeos de “succionadores de la atención”, produciendo “una hiperestimulación de la dopamina”, el neurotransmisor ligado a las adicciones conductuales. Además, indica García Campayo, “los influencers están continuamente mostrándonos una vida ideal e inexistente y generándonos necesidades artificiales”.
En este contexto, surge el deseo impulsivo de cualquiera de los productos o servicios ofrecidos. “El individuo paga con tarjeta, no con dinero en efectivo, con lo que la sensación de no gasta es muy intensa”, agrega.
En este punto, ¿cómo diferenciar una compra espontánea normal de un patrón de consumo impulsivo que empieza a convertirse en un problema? “El gran tema es si realmente necesitamos ese producto o servicio. Debemos preguntarnos si, si no nos lo hubiese recomendado las redes sociales, lo hubiésemos comprado igualmente o si, lo que es más habitual, ni siquiera hubiésemos sido consciente de su necesidad”, responde el experto.
Por tanto, gran parte de las decisiones de compra están condicionadas por factores emocionales e inconscientes más que por necesidades reales. Por este motivo, según el psiquiatra, entre las estrategias más utilizadas por las marcas, destacan:
- El sesgo de anclaje, que hace que determinados descuentos parezcan más atractivos.
- La prueba social basada en opiniones o recomendaciones de terceros.
- El FOMO o miedo a perder una oportunidad, presente en mensajes como “últimas unidades” u “oferta por tiempo limitado”.
En cuanto a las señales de alerta que indican que una persona está usando las compras online como una forma de gestionar emociones como el estrés, la ansiedad, el aburrimiento o la tristeza, García Campayo señala que lo primero que hay que detectar es el consumo de redes sociales en sí: “Todo lo que sea por encima de tres horas al día ya es una clara adicción a redes y va a ser el caldo de cultivo para todo lo demás. Con esa impulsividad y disregulación emocional que nos produce la adicción, vamos a experimentar más episodios de malestar, de emociones intensas y desagradables”. En este sentido, la gestión de esas emociones también va a ser peor por la impulsividad.
- Consumo de otras sustancias (tabaco, alcohol u otras sustancias).
- Episodios de ingesta de comida emocional, incluso llegando a vómito posterior.
- Agresividad verbal o física.
- Compra adictiva de productos como regulador emocional.
Frente a la compra impulsiva, ‘mindful shopping’

(Foto: Freepik)
Para evitar el consumo impulsivo, el especialista propone aplicar los principios del mindfulness al proceso de compra mediante el denominado mindful shopping o compra consciente. «El mindful shopping no consiste en comprar menos. Consiste en prestar atención a nuestras motivaciones y preguntarnos si aquello que vamos a adquirir aporta realmente valor a nuestra vida», afirma.
Para ello, recomienda realizar una breve pausa antes de comprar, especialmente cuando la decisión surge tras ver un anuncio o una recomendación en redes sociales. Durante ese «minuto mindful», invita a plantearse preguntas sencillas: ¿realmente lo necesito?, ¿lo seguiré utilizando dentro de unos meses?, ¿estoy respondiendo a una necesidad real o a una emoción pasajera?, ¿tengo ya algo similar? «La felicidad y el bienestar no dependen de acumular más objetos. Cuando aprendemos a observar nuestros impulsos antes de actuar, tomamos decisiones más coherentes con nuestros valores y necesidades reales», concluye García Campayo.
Fuente: cuidateplus