Aburrirse es un superpoder que estamos perdiendo por culpa del celular
¿Cuánto tiempo eres capaz de estar sin mirar el móvil? ¿Y hace cuánto tiempo que no te aburres de verdad, como en los veranos de la infancia? Ambas preguntas tienen un factor en común y es la necesidad de estar hiperconectados. Los psicólogos advierten del riesgo de estar enganchado al móvil y de no dejar que el cerebro divague en el aburrimiento.

Si tenemos que esperar a alguien o tenemos para rato en una cola… cogemos el móvil. En el transporte público… hacemos scroll en cualquier red social. Si estamos viendo una película, por qué no mirar el móvil y hacer las dos cosas a la vez. Hay poco hueco para no hacer nada y simple y llanamente para aburrirse un rato.
¿Durante cuánto tiempo eres capaz de aguantar sin sacar el móvil y mirarlo sin buscar nada en concreto? A veces miramos la hora y ni interiorizamos lo que hemos visto, revisamos si nos han contestado, consultamos las redes sociales. Y la mayor parte de las veces no hace falta.
“Vivimos en una época donde el aburrimiento se ha convertido casi en algo intolerable”, apunta Pedro Neira, responsable del departamento de psicología de Clínica López Ibor. Sin embargo, aburrirse no solo es normal, sino necesario. En el Día Mundial de las Redes Sociales, que se celebra el 30 de junio, se hace más importante que nunca reivindicar el aburrimiento, que puede ayudarnos a despertar la curiosidad y a crear nuevas ideas.
Samuel López, neuropsicólogo del Centro Médico Vithas Granada, apunta a que las redes sociales, la oferta masiva de experiencias, la competitividad social y el uso de mensajería instantánea rápida, es decir, “la necesidad de estar presentes para todo el mundo y en todas las ocasiones, el malestar que generan los tiempos en las respuestas…), resultan ser fuentes de estrés y malestar emocional e incluso trastornos del estado de ánimo y psicológicos”, y por ello López señala que se puede recomendar el aburrimiento como factores de alivio o de compensación.
¿Para qué sirve aburrirse?
Lejos han quedado ya los tiempos en que nos aburríamos por la tarde, por ejemplo, y buscábamos algo que hacer. Lo que fuera. Neira explica a CuídatePlus que el aburrimiento actúa como una “señal interna que nos invita a parar, observar y conectar con nosotros mismos. Nos permite entrenar algo fundamental: la tolerancia al malestar”. Si somos capaces de mantener ese tiempo sin ocupación sin buscar una salida inmediata fortalecemos nuestra capacidad de autorregulación emocional.
En esa línea Lopez propone buscar momentos para aburrirnos. “Vamos a darnos una pausa de la estimulación para observar nuestro entorno y a nosotros mismos, sin el objetivo ni la necesidad de compartirlo. Probemos a generar experiencias reales propias, personales y a tratar de guardarlas en nuestra memoria”.

(Foto: Cordon Press)
Según ambos psicólogos aburrirse sirve para multitud de cosas:
- Estar sin móvil, sin recibir notificaciones y sin necesidad de consumir contenido nos da la oportunidad de reorganizar la información, recuperar la atención y conectar ideas espontáneamente.
- No recibir una estimulación constante favorece la atención y reduce la fatiga mental.
- Facilita la consolidación de la memoria y el aprendizaje.
- Disminuye la activación fisiológica asociada al estrés.
- Favorecen la introspección y el autoconocimiento, así como la detección de emociones reales.
- Reduce la dependencia de la gratificación inmediata clave en las redes sociales.
- Estimulan la curiosidad y permiten identificar intereses personales genuinos.
- Facilita la creatividad, porque la mente empieza a divagar y generar nuevas ideas.
No es el móvil; es no controlar su uso
Los psicólogos recuerdan que el problema no está en la tecnología, sino en la pérdida de control sobre su uso. Por eso hay que estar atento a las señales que nos advierten de que puede haber una dependencia de la tecnología y que no son exclusivos de los adolescentes porque también se producen en adultos:
- Necesidad constante de consultar el móvil sin motivo aparente.
- Malestar cuando no se tiene acceso al dispositivo.
- Dificultad para permanecer desconectado durante periodos breves de tiempo.
- Pérdida de la noción del tiempo navegando por redes sociales.
- Si aparece un impacto negativo sobre el descanso, las relaciones personales o las actividades cotidianas.
«Una de las señales que más nos preocupa es la incapacidad para tolerar el aburrimiento. Hemos llenado cualquier momento de espera, silencio o inactividad con estímulos digitales. Cada vez cuesta más simplemente estar, pensar o descansar sin recurrir a una pantalla», afirma Luis García Alonso, de la Clínica López Ibor.
Dejar el uso continuo del móvil o de cualquier pantalla ayuda a que seamos capaces de tolerar de nuevo espacios sin hiperestimulación. Esto “ayuda a recalibrar nuestro sistema de recompensa. Si acostumbramos al cerebro a recibir dopamina constante a través de estímulos rápidos (notificaciones, vídeos cortos, scroll infinito), las actividades más lentas o profundas pueden volverse menos atractivas. Recuperar el aburrimiento es, en cierto modo, recuperar la capacidad de disfrutar de lo cotidiano”.
Lo que hay que tener claro es que aburrirse no es perder el tiempo. No es necesario sucumbir al síndrome de la vida ocupada ni llenar nuestro tiempo de actividades. El objetivo que deberíamos marcarnos es “reconectar con nosotros mismos y construir formas más saludables de gestionar el malestar”, añade Neira.
Fuente: cuidate plus