Aprender a decir «no»
Es el primer paso para regular tu sistema nervioso. Si cuando cambia el humor de los demás crees que todo recae en tu actitud y que la culpa es tuya puede que necesites centrarte en tu vida y no en lo que los demás piensan de ti. La psicoterapeuta estadounidense Meg Josephson nos enseña a identificar la complacencia ajena y a soltar la hipervigilancia.
Hay personas amables y empáticas. Hay otras que tienen madera de líderes y hagan lo que hagan tienen siempre a alguien que les sigue. Y hay otras que intentan agradar. Pase lo que pase. Este es uno de los temas que trata Meg Josephson, psicoterapeuta que comparte reflexiones sobre cómo mejorar nuestro bienestar mental, en su libro ¿Te pasa algo conmigo? (Diana, Editorial Planeta, 2026).
Precisamente a la respuesta, Josephson apunta en redes sociales que cuando nos hacemos esa pregunta de forma constante en todas nuestras relaciones nos perdemos en cierto modo.
¿Qué hay que hacer? Dejar de vivir pendientes de lo que sienten los demás para empezar a escuchar lo que sentimos nosotros. Pero eso a veces no es fácil.
Buscar la aprobación de los demás, según Josepshson, puede ser un patrón que se inicie en la infancia. “Si crecimos en un hogar donde teníamos que gestionar los estados de ánimo de nuestros padres o estar en alerta máxima gran parte del tiempo, aprendemos que nuestra seguridad depende de hacer felices a los demás y de asegurarnos de que los demás estén contentos con nosotros”.
Aprendemos en cierto modo a comportarnos, a ser niños buenos, y a que la gente esté contenta con nosotros. De eso depende nuestro bienestar. “Estos comportamientos los arrastramos hasta la edad adulta porque fueron estrategias de seguridad efectivas”, explica Josephson a CuídatePlus.
Comportamientos basados en la complacencia ajena
Aprender a complacer a los demás para estar nosotros bien desde que somos niños hace que cuando nos convertimos en adultos tengamos ciertas conductas. Así las explica la autora: “Suele manifestarse en cómo nos transformarnos para gustar a los demás o en transformarnos en cada relación”. También influirá en cómo enfrentamos las interacciones sociales y en si nos preocupamos por si la gente está enfadada con nosotros y ayudará que digamos “que sí cuando en realidad queremos decir que no. En realidad, es la forma que tiene el cuerpo de intentar protegernos a través de la complacencia”.

(Foto:Alamy/Cordon Press)
En su libro Josephson explica los parabienes que recibimos cuando complacemos a los demás: algo que va desde ascensos laborales hasta “olvidamos de nuestras necesidades y priorizar las de los demás. Ahí nos felicitan por nuestra generosidad y altruismo, y cuando anticipamos las necesidades de quienes nos rodean y dejamos a un lado las nuestras, nos aplauden y nos valoran más”. Este tipo de comportamientos es más común en mujeres, algo que se aprende en la infancia y que va reforzándose con el tiempo con el beneplácito de la sociedad. No obstante, a veces la complacencia es necesaria y está bien recurrir a ella.
¿Qué papel jugamos en la vida?
En base a estos comportamientos la psicoterapeuta clasifica los papeles que interpretamos en la vida para sentirnos aceptados:
- Pacificador: Reprimen sus emociones para no molestar o enfadar a otros y buscan ser reconocidos como buenos por los demás. Por todo ello actúan en función de cómo se sienten las personas alrededor.
- Humorista: Utilizan el humor y la positividad para eliminar la tensión en el entorno y terminan por sentirse responsables de hacer felices a los demás. La actuación está siempre en marcha y les cuesta relajarse porque no se sienten seguros.
- Cuidador: Tienden a cubrir las necesidades de los demás por encima de las suyas y lo hacen desde la infancia o juventud.
- Lobo solitario: Tienden a ser muy independientes pero porque no quieren que nadie note sus emociones y tienen miedo al rechazo y al abandono.
- Perfeccionista: Busca la perfección como una forma de ser aceptados y queridos, al tiempo que creen que no son suficientes.
- Camaleón: Las persona que adoptan este tipo de comportamiento buscan pasar desapercibidas, sin dar a conocer su verdadera forma de ser que termina por diluirse hasta el punto de que no saben ni quién soy ni qué quieren.
Fuente: Infobae