Trastorno obsesivo compulsivo
Pensamientos intrusivos, compulsiones y miedo a contaminarse: las claves para detectar el trastorno obsesivo compulsivo a tiempo, según Ricardo Pérez Rivera
En La Fórmula Podcast, el psiquiatra desmitificó el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), explicó por qué va mucho más allá de las manías cotidianas y destacó la importancia de reconocer sus primeros signos para lograr un diagnóstico temprano. Además, detalló cómo funcionan los tratamientos actuales, remarcó que es posible vivir sin síntomas con un abordaje especializado y advirtió sobre los riesgos de banalizarlo
Reconocer la diferencia entre personalidad obsesiva y TOC es esencial, ya que solo el TOC incluye obsesiones y compulsiones que generan malestar
En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el psiquiatra Ricardo Pérez Rivera explicó qué es el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), cómo se manifiesta y por qué suele confundirse con simples manías o rasgos de personalidad. El especialista detalló la diferencia entre los pensamientos intrusivos normales y las obsesiones que caracterizan al trastorno, remarcó la importancia del diagnóstico temprano y aseguró que, con un tratamiento adecuado, las personas pueden llegar a vivir sin síntomas.

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Además, abordó los distintos tipos de TOC, desde el miedo a la contaminación hasta el temor a dañar a otros o las dudas obsesivas sobre la propia identidad, y explicó cómo funcionan la terapia cognitivo-conductual y la medicación en los casos que lo requieren. También advirtió sobre el daño que provoca banalizar este trastorno, insistió en la necesidad de consultar con profesionales especializados y dejó un mensaje esperanzador: el objetivo del tratamiento no es solo mejorar, sino recuperar una vida libre de síntomas. El episodio completo puede escucharse en Spotify y YouTube.
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El Dr. Ricardo Pérez Rivera es médico psiquiatra (MN 87.924) y uno de los principales referentes argentinos en el estudio y tratamiento del trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo. Se graduó en Medicina en la Universidad del Salvador y se especializó en Psiquiatría en la Universidad de Buenos Aires (UBA), tras completar la residencia en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Realizó una rotación de posgrado en TOC en el Bio-Behavioral Institute de Nueva York y obtuvo una maestría en Neuropsicofarmacología, además de formación en Sexualidad Humana.

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Es fundador y director de TOC Argentina, un centro especializado en la atención e investigación de este trastorno, y ha publicado numerosos artículos científicos y libros sobre psiquiatría, ansiedad y TOC. A lo largo de su trayectoria también fue docente de posgrado, integró y presidió capítulos de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, participó en organismos científicos nacionales e internacionales y continúa formando profesionales en el abordaje basado en la evidencia del trastorno obsesivo compulsivo.
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Los pensamientos intrusivos normales se diferencian de las obsesiones porque en el TOC generan malestar y llevan a compulsiones repetidas (Imagen Ilustrativa Infobae)
—La temática del TOC no había sido abordada previamente en el podcast. Es un trastorno que afecta a muchas personas y está rodeado de numerosos mitos. Para comenzar, ¿qué es un TOC?

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—El TOC es un cuadro en el que la persona presenta obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son ideas, sensaciones o imágenes intrusivas que generan malestar. Las imágenes pueden aparecer como fotos o pequeños videos tipo GIF que surgen sin que la persona lo desee y provocan angustia, tensión, ansiedad o nerviosismo. Para disminuir ese malestar, la persona necesita realizar alguna acción. A esto se lo llama compulsión, que puede ser motora, como lavarse las manos, o mental, como rezar o evocar algún momento positivo de su vida. Además, los pacientes suelen evitar lugares asociados a esas ideas. Por ejemplo, si aparecen pensamientos de contaminación por gérmenes, la persona evita caminar por la cuadra donde hay un sanatorio.
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—Todos hemos tenido pensamientos intrusivos en algún momento. ¿Cuál es la diferencia entre un pensamiento intrusivo en alguien sin TOC y en una persona que sí lo padece?
—Sí, todos tenemos pensamientos intrusivos. Ahora, mientras hablo con vos, puede aparecer el pensamiento: “Uy, no saqué las milanesas del freezer”, y continúo la conversación. Ese es un pensamiento que no busqué, surgió y desapareció. Esto es un pensamiento intrusivo normal. La diferencia con los obsesivos es que estos generan malestar, van en contra de la esencia de la persona, suelen repetirse y persisten en el tiempo, obligando a realizar alguna acción para aliviar el malestar que provocan.
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—¿No es posible dejar pasar esos pensamientos sin actuar, sino que siempre requieren una acción para calmar la ansiedad?
—Siempre está acompañado de una compulsión. Algunos lo llaman TOC puro, en el cual no hay una compulsión visible, pero en realidad lo que existe es una idea intrusiva en forma de duda y la persona responde a esa duda. Por ejemplo: “¿Pude haber dejado el gas prendido en mi casa? No, me acuerdo perfectamente que cuando me fui, chequeé la hornalla y cerré la llave de gas”. Todo eso ocurre mentalmente, como si fuera una sola frase. Pero si le pedís al paciente que escriba lo que está pensando, podés diferenciar la duda y la respuesta. La idea intrusiva siempre aparece como una duda: “¿Podré haber lastimado a alguien? ¿Dejé el gas prendido? ¿Tengo alguna duda respecto a mi orientación sexual?”. Siempre es una duda.
PUBLICIDADEl TOC presenta distintos tipos, como miedo a la contaminación, temor a dañar a otros, dudas obsesivas sobre la identidad y obsesiones relacionadas con la sexualidad
—Cuando alguien consulta por primera vez, ¿qué preguntas suelen hacerse para diagnosticar TOC?
—Es un espectro, en el sentido de que el TOC se instala de a poco. Es insidioso y la persona se va adaptando lentamente a la idea que tiene, mientras las compulsiones aumentan en severidad y duración. La consulta suele ocurrir cuando el TOC ya tiene suficiente gravedad como para impedir trabajar, estar tranquilo en casa o relacionarse con otras personas.
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Lo ideal sería que, gracias a la difusión, las personas consulten apenas comienzan con una idea o conducta compulsiva y digan: “Esto no es normal, voy a consultar con un especialista”. Pero la mayoría consulta cuando ya están muy condicionados. El 80% de los síntomas empiezan antes de los 21 años. Por eso es importante que los padres estén atentos a la conducta de sus hijos. Si el chico tiene una conducta repetitiva todos los días, si al interrumpirle eso se pone mal, nervioso, hace un berrinche, o pide que digas algo en particular todos los días, eso es una búsqueda de seguridad. Si hace las mismas preguntas varias veces y necesitás contestar de determinada manera, es momento de consultar. Aunque vaya al colegio, tenga amigos y socialice bien, hay que consultar con un especialista.
—¿Si esto empieza a tratarse de adolescente es más corregible si alguien empieza de más chico que si lo agarra de más grande?
—Es una muy buena pregunta, porque hoy se apunta a la atención temprana. Si atendés a una persona cuando aparecen los primeros síntomas, sobre todo antes de los 21 años, cuando el neurodesarrollo está en su plenitud, hay más chances de corregir el circuito neurobiológico anómalo que sostiene la sintomatología. Porque está en neurodesarrollo. Además, cuanto antes se consulte, hay más chances de recibir tratamiento cognitivo conductual con exposición y prevención de respuesta, sin necesidad de medicación. En general, las personas consultan luego de los 21 años por síntomas que arrastran hace mucho y eso hace que el circuito se fortalezca. Así es mucho más difícil que queden asintomáticos solo con terapia, y es necesario acompañar con medicación.
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— ¿Cómo se diferencian los casos leves, moderados y severos? ¿Dónde se encuentra la mayoría de los pacientes?
—Un caso leve sería, por ejemplo, si padezco TOC y toco la mesa pensando que está contaminada porque alguien estornudó. Siento la necesidad de lavarme las manos, pero como estoy en una entrevista, postergo lavarme. Estoy atento a que mi mano está contaminada, así que la mantengo lejos de mi cuerpo hasta poder lavarme o ponerme alcohol en gel. Ese es un caso leve, porque puedo posponer el malestar. En un caso más severo, interrumpiría la entrevista para irme a lavar las manos o usaría alcohol en gel en el momento. Si fuera severo, ni siquiera estaría acá, me quedaría en mi casa por miedo a contaminarme, o usaría guantes y tomaría otras precauciones.
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El diagnóstico temprano del TOC permite iniciar un tratamiento que puede ayudar a lograr una vida sin síntomas persistentes ni recaídas (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Me mencionaste varias veces este TOC relacionado a la limpieza, los gérmenes. ¿Es el más usual?
—Sí, hay subtipos según la predominancia de los síntomas, y el de contaminación es el más frecuente, porque existe una sobrestimación del riesgo. No se trata de certeza, sino de duda: si toco tal cosa, me puedo contaminar. Hay un espectro que va de lo subclínico a lo clínico. Síntomas obsesivos, alguna vez, los tuvo hasta el 25% de la población, según estudios universitarios. Cuando era chico, para la limpieza existía la lavandina porque limpiaba bien. Después se empezó a vender porque eliminaba el 99,9% de los gérmenes.
Aparecieron aerosoles desinfectantes que no existen en todos los países. Antes había pocos productos, hoy son decenas y ocupan mucho espacio en los supermercados. Todos se venden por su capacidad de desinfección. Incluso los detergentes empezaron a publicitarse como bactericidas. Eso llevó a que pacientes lleguen a lavarse el pelo con detergentes o productos hospitalarios. Ahora hay jabones de ese tipo en supermercados. Todo esto muestra cómo se instaló la sobrestimación del riesgo de contaminación.
Estos productos ya existían antes de la pandemia. Durante la pandemia se dieron recomendaciones extremas, pero nunca se dijo que había que comprar aerosoles desinfectantes para toda la casa. Incluso apareció la lavandina “bebé”, para limpiar cosas de chicos. Hoy es común llevar alcohol en gel en la cartera. Cuando fue la gripe antes de la pandemia, se debió advertir por el uso excesivo del gel y el eccema que provocaba, porque no es necesario. Nuestros padres y abuelos crecieron sin usar todos esos productos.
—¿Qué otros tipos de TOC son frecuentes aparte de la obsesión por la limpieza?
—El temor a agredir o hacer daño a otros. Personas que, por ejemplo, sienten miedo de rozar a alguien y lastimarlo al caminar por la calle, o tienen la duda de si empujaron a alguien al conducir y sienten la necesidad de volver a comprobarlo. A veces, el temor se orienta a lastimarse a sí mismos, por lo que evitan lugares altos o ventanas. También existen obsesiones relacionadas con la sexualidad, como el miedo a abusar de menores o de otras personas, o dudas sobre la orientación sexual. Personas que son heterosexuales y, de pronto, aparece la duda: “¿Me gusta alguien de mi mismo sexo?” y eso les genera angustia.El TOC puede ocupar desde unas pocas horas hasta todo el día, interfiriendo en las actividades cotidianas y afectando significativamente la calidad de vida
—¿Esas dudas sobre la orientación sexual corresponden a un TOC o a una búsqueda de identidad?
—Es un buen planteo. La diferencia es que el interés por otra persona suele aparecer en la pubertad. Estas personas han estado con personas del otro sexo y, de pronto, les aparece la duda. A quienes tienen una atracción homosexual, ver a alguien de su mismo sexo les genera cierta tensión sexual o satisfacción.
El cuestionamiento es: “¿Me animaría a vivir esto? ¿Cómo será presentarlo en sociedad?” y no lo que están sintiendo. Incluso buscan imágenes o contacto con personas que les parecen atractivas y sienten curiosidad. En el TOC, en cambio, la duda genera pánico, rechazo, angustia y conductas evitativas. Si encuentran atractiva a una persona de su mismo sexo, eso les produce malestar y buscan evitar cualquier tipo de contacto. No hay fantasías ni satisfacción asociada. A diferencia de quienes exploran su identidad, que pueden tener fantasías o masturbarse pensando en alguien de su mismo sexo, en el TOC todo es evitativo.
—¿Cómo se origina el TOC?
—El origen es genético. El TOC se considera un trastorno poligénico, es decir, no se debe a la mutación de un solo gen, sino a la combinación de varios genes, algo que todavía está en investigación.
El 80% de los síntomas de TOC comienza antes de los veintiún años, por eso es clave observar conductas repetitivas en la niñez (Imagen Ilustrativa Infobae)
—O sea, alguien nace teniendo TOC.
—Alguien nace con una predisposición a tener TOC, como todos. Las personas se enferman de lo que pueden. Por eso, hoy te pueden hacer un estudio genético y decirte: “Tenés una serie de porcentajes de probabilidades de poder enfermarte de tal trastorno”. Actualmente no existe ningún marcador biológico, ni análisis de sangre ni de imágenes, que permita diagnosticar TOC. Tampoco se puede establecer con certeza, en el caso del TOC, qué porcentaje de probabilidades hay de desarrollarlo a futuro. Pero se ha observado un fuerte componente heredofamiliar.
La mayoría de las personas que tienen TOC tienen padres, hermanos, tíos, primos o abuelos que han presentado síntomas subclínicos, han padecido TOC, o tienen lo que se llama trastorno obsesivo de la personalidad. También pueden haber tenido tics o síndrome de Tourette, condiciones relacionadas genéticamente con el TOC. En cuanto a esto, es importante diferenciar entre el TOC y la personalidad obsesiva. Ambos pueden transmitir síntomas obsesivos compulsivos a la descendencia, pero en el caso del TOC se presentan obsesiones y compulsiones.
La personalidad obsesiva define a personas meticulosas, detallistas, con tendencia a la perfección, al control, pensamiento dicotómico (blanco o negro), dificultad para delegar tareas, inclinación al ahorro por la posibilidad de necesitar dinero en el futuro, y tendencia a guardar objetos con dificultad para descartarlos. Estas son personalidades obsesivas, que no tienen ideas intrusivas ni compulsiones, sino una forma rígida de ser. En ese caso no es un TOC, pero existe la posibilidad de que en la descendencia aparezcan síntomas obsesivos compulsivos.
—¿Cuál es más frecuente de las dos?
—Es más frecuente la personalidad. Todos tenemos algunos rasgos obsesivos, que no necesariamente son negativos. Por ejemplo, ser perfeccionista y detallista marca la diferencia en profesiones como odontología, cirugía plástica o neurocirugía. El problema surge cuando esa rigidez genera dificultades.
Muchas personas con TOC presentan antecedentes familiares de síntomas obsesivos, tics o trastornos relacionados como el síndrome de Tourette (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Y en ese caso, ¿la persona tendría un tratamiento parecido al de una persona con TOC o es una terapia convencional como la conocemos?
—Es más terapia y hay que identificar qué área genera mayor malestar: perfeccionismo, necesidad de control o baja empatía. Sobre estas dimensiones se trabaja en psicoterapia. El control también está presente en el TOC, porque la persona intenta evitar aquello que teme o controlar que no aparezcan ciertas ideas, recurriendo a conductas evitativas.
—¿El TOC y la personalidad obsesiva generan vergüenza o estigma?
—Sí, en el caso del TOC, la persona siente vergüenza, se percibe distinta, los chicos se sienten diferentes y se automarginan. Son chicos que tienden a ser hostigados y a padecer bullying en el colegio. Esto es relevante porque, muchas veces, los pacientes se ven más afectados por el bullying que sufrieron en la escuela que por los síntomas obsesivo-compulsivos que tuvieron en la niñez. En cambio, quienes presentan personalidad obsesiva no sienten vergüenza, porque consideran que es su forma de ser. Algunos incluso piensan: “Está bien ser así. Las cosas son blanco o negro, los grises no me gustan”.
—¿El entorno actual, con mayor cantidad de estímulos y demandas de atención, influye en el desarrollo o la intensidad del TOC?
—El TOC existe desde hace siglos. Antes, quienes presentaban estos síntomas podían ser acusados de tener conductas asociadas al demonio y, en épocas como la Inquisición, eran castigados o eliminados. Más adelante, existen descripciones de síntomas obsesivos desde fines de 1800.
Los psicoanalistas fueron los primeros en realizar descripciones detalladas de los pacientes obsesivos y aportaron en la caracterización, aunque el psicoanálisis no resulta efectivo para tratar el cuadro obsesivo-compulsivo. La vida actual, especialmente en grandes ciudades, con presión, estrés, cantidad de estímulos e información, puede favorecer una expresión más temprana del TOC.
Se usan antidepresivos como fluoxetina, sertralina y clomipramina en dosis elevadas para tratar el TOC y regular los circuitos cerebrales (Imagen Ilustrativa Infobae)
—¿El TOC se puede curar o solo se aprende a convivir con él?
—El paciente puede vivir sin síntomas. A eso debería apuntar el tratamiento. El TOC tiene fama de ser resistente y, durante años, el objetivo era que el paciente mejore un poco. Pero el objetivo debe ser la desaparición de los síntomas. Los estudios indican que los síntomas desaparecen en hasta un 30% de los pacientes y mejoran en un 50 o 60%. Esto ocurre porque los estudios suelen emplear dosis moderadas de medicación o solo terapia.
En centros especializados, la probabilidad de quedar asintomático sube al 70%. Son profesionales que atienden únicamente a pacientes con TOC y aplican la técnica adecuada. Por eso es fundamental que los profesionales se capaciten específicamente en TOC, ya que un psiquiatra general tal vez no pueda tratar casos muy severos. Los casos extremos, que presentan dificultades para salir de la casa, pueden lograr mejoría, pero para quedar asintomáticos se requiere formación específica.
—Recién me decías medicación depresiva. ¿Por qué la medicación depresiva?
—Se utilizan, técnicamente, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, un grupo de antidepresivos aprobados para el tratamiento del TOC en la década del 90 por la FDA en Estados Unidos y, desde entonces, empleados en todo el mundo. Los más usados son la fluoxetina, la fluvoxamina y la sertralina. También se utilizan la paroxetina y el citalopram. Estos cinco son los más empleados dentro de este grupo. Además, existe otro fármaco previo a estos, la clomipramina, un antidepresivo tricíclico que resulta muy efectivo, pero presenta muchos efectos adversos, por lo que no suele ser la primera opción.
—¿Por qué una persona con TOC necesitaría la misma medicación que alguien que está deprimido?
—Es la misma medicación que se utiliza para trastornos de ansiedad. Lo que varía es la dosis. Para los trastornos de ansiedad se emplean dosis bajas, para la depresión se usan dosis moderadas y para el TOC se requieren dosis elevadas. Aunque en todos los casos hay una inhibición de la recaptación de serotonina, en el TOC se necesita que una mayor cantidad de receptores estén ocupados por los fármacos. Al actuar sobre la serotonina, también se influye indirectamente en otros neurotransmisores, como el glutamato o la dopamina. El circuito neurológico involucrado va desde el frontal y el órbito frontal hasta los ganglios de la base, en el centro del cerebro. En el TOC, este circuito se encuentra descalibrado en estos tres receptores y, al intervenir sobre la recaptación de uno, se actúa sobre los otros dos y se logra equilibrar el circuito.
—En este caso, ¿la medicación logra que los pensamientos intrusivos sean menos intensos, reduce su frecuencia o produce algún otro efecto?
—Exactamente. Lo que genera la medicación es que disminuya la intensidad y la frecuencia de la idea. Cuando aparecen, lo hacen con menor fuerza, por lo que el malestar que provocan es menor y surgen menos veces en el día. Lo que no modifica es la conducta. En cambio, la terapia trabaja puntualmente en modificar la conducta. Al modificar la conducta, no se valida la idea. El cerebro, como cualquier parte del cuerpo, si algo le genera un gasto de energía que no lleva a una conducta, deja de hacerlo. Si surge la idea de que me contaminé y no me lavo las manos, el cerebro interpreta que esa idea es falsa y, con el tiempo, la envía con menor frecuencia. Por eso es tan importante no validar la idea, porque al hacerlo, se le indica al cerebro que esa idea es real y debe seguir enviándola.
Consultar a profesionales formados y buscar la desaparición de todos los síntomas es clave para mejorar la calidad de vida con TOC (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Me interesa que pasemos al tratamiento. Hablamos de medicación, de terapia, pero ¿cómo es la técnica puntual? ¿Cómo funciona?
—Lo primero es consultar a un profesional de la salud. El psicólogo debe aplicar una escala llamada Yale-Brown, desarrollada por esa universidad para evaluar síntomas obsesivo-compulsivos. Sus siglas son Y-BOCS. Esta escala incluye un inventario donde se detallan todas las ideas obsesivas y compulsiones, lo que permite al terapeuta obtener una radiografía completa del TOC, tanto de los síntomas actuales como pasados.
A partir de esa evaluación se construye una jerarquía, identificando cuáles son las ideas y conductas que generan mayor malestar. El trabajo terapéutico comienza con aquellas de intensidad intermedia. Si el malestar es muy bajo, no se logra aprendizaje; si es demasiado alto, la persona no puede exponerse y termina abandonando el proceso, reforzando la idea obsesiva. Por eso, el tratamiento avanza gradualmente, con objetivos posibles para el paciente.
Además, la escala Y-BOCS tiene una parte cuantitativa que otorga un puntaje de cero a cuarenta; cuando el resultado supera dieciséis se considera un TOC clínico. Esto es útil para saber desde dónde se parte y poder medir el avance.
Una vez identificado el perfil del TOC, el terapeuta debe explicarle al paciente cómo funciona el mecanismo de las ideas obsesivas. Cuando aparece una idea, la persona la cree verdadera y actúa en consecuencia, aunque después reconozca que fue irracional. El primer paso en el tratamiento es intentar postergar la compulsión lo más posible, para poder poner en duda la idea obsesiva. Es clave enseñar al paciente a identificar la idea lo antes posible y demorar la respuesta. Si no se logra postergar la conducta, se puede modificar: por ejemplo, si siempre se lava las manos con la izquierda, hacerlo con la derecha. Así la persona empieza a ganar control sobre el TOC.
En adultos que llevan muchos años con síntomas y requieren medicación, el psiquiatra debe explicar por qué se utiliza ese tratamiento, qué se espera y cuáles pueden ser los efectos adversos. Al principio, la medicación puede causar molestias gastrointestinales leves, nunca vómitos. A veces puede generar náuseas o, a nivel sexual, retraso de la eyaculación, pero estos efectos suelen disminuir con el tiempo y pueden revertirse.
Es fundamental la coordinación entre psiquiatra y psicólogo. El psiquiatra informa al terapeuta cuándo la dosis de medicación permite avanzar con las exposiciones. Cuando la idea obsesiva pierde intensidad, el psicólogo puede aumentar el nivel de exposición. Si el tratamiento es presencial, las exposiciones suelen hacerse en el consultorio, pero a veces es necesario acompañar al paciente a la calle o a una plaza para enfrentar situaciones temidas. Si el tratamiento es a distancia, la tecnología permite replicar ese trabajo con videollamadas, guiando al paciente en tiempo real igual que en una consulta presencial.
En el TOC, un circuito neurológico que involucra serotonina, glutamato y dopamina se encuentra descalibrado, lo que provoca la aparición de síntomas obsesivos (Imagen Ilustrativa Infobae)
—¿Podrías compartir algún ejemplo, sin dar detalles personales, de un paciente en quien hayas observado avances o una mejora significativa?
—Tengo pacientes muy severos que no han podido salir de la casa por años y que, con el tratamiento, empiezan a salir, a formarse y a tener un trabajo. Hay miles de estos casos. También hay pacientes con cuadros menos severos, que llevan una vida similar a la de cualquiera, pero la experiencia de vivir cambia por el padecimiento. Muchas veces, el TOC está muy banalizado. Incluso existen grupos de Facebook donde se pregunta cuál es tu TOC o la comedia “TOC TOC”, y parece que la conducta resulta divertida. Pero el sufrimiento de la persona que vive con esa conducta no se muestra en ningún lado. El TOC es un drama para quien lo padece.
—¿Cuántas horas de la vida de una persona se puede llevar el TOC?
—Se puede llevar de un par de horas al día a todo el día.
—¿Todo el día?
—Todo el día. Sí, literal. “No quiero salir de la cama porque sé que si pongo un pie fuera, ya comienzo”. ¿Por qué? Porque tengo que levantarme de determinada manera o porque, si al tocar, rocé algo y me contaminé. También existen situaciones en las que siento que debo hacer las cosas de una forma específica para evitar que algo le suceda a alguien. Es como un pensamiento mágico. Si al levantarme no lo hago de cierta manera, o no tengo un pensamiento positivo, algo le puede pasar a mamá. Entonces, me levanto, tengo el pensamiento, y me acuesto de nuevo. Me tengo que levantar y acostar, y así, muchas veces.
—Imagino que en algún momento nos deben aparecer a todos. Nada más que no le prestamos atención y no domina nuestra vida.
—La mayoría de las personas en algún momento de la vida tuvieron, pero no lo identificaron. Yo no tengo TOC, pero hace muchos años que me dedico a esto y, en una ocasión, durante un congreso de psiquiatría en el exterior, me ocurrió algo particular. Me gusta mucho bailar y todos esperaban: “Bueno, viene la música, Ricardo, viene la música”. Yo decía: “Bueno, dale, vamos a bailar”. En ese momento, me apareció la idea. Mi hija tenía seis meses y mi mujer me había comunicado que estaba con una infección urinaria.
Pensé: “Si yo bailo, esa infección urinaria va a pasar a ser un problema renal. Si no bailo, no va a pasar nada”. Sabía que era irracional, ilógico. ¿Y qué pasó? Tuve que decirles a todos: “Estoy teniendo una idea obsesiva. Sé que tendría que bailar, que no tengo que hacerle caso, que no tiene nada que ver. Estoy acá en Estados Unidos y mi hija está en Argentina, pero no voy a bailar”. Me quedé sentado toda la noche. Al principio, la gente lo tomó como un chiste, pero cuando vieron que no bailaba, se sorprendieron. Por si acaso, no lo hice.
La personalidad obsesiva se caracteriza por rigidez y perfeccionismo, pero no incluye compulsiones ni pensamientos intrusivos (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Bueno, el pensamiento mágico es más frecuente de lo que creemos. Hay muchísima gente que dice: “Voy a hacer una promesa. Si tal persona mejora, no voy a comer chocolate para que mejore”.
—Sí, igual que las cábalas. Pero la diferencia es la flexibilidad. Vos podés hacer una promesa alguna vez en tu vida para algo puntual o podés tener una cábala porque va a jugar Argentina la final del mundo, pero es algo en un momento puntual y a su vez sabés que en un punto es un juego, ¿sí? Que en definitiva, no es que Messi erró el penal porque yo justo me olvidé de poner una remera en ese momento.
—Para ir cerrando, quiero preguntarte dos cosas. Primero, si creés que hay algo importante que nos faltó decir y que pueda ayudar a quienes nos están escuchando, ya sea una persona que padece TOC o un familiar que acompaña a alguien con estos síntomas. Y, por otro lado, si hay alguna idea, mito o forma de hablar sobre el TOC que te gustaría corregir porque sentís que no ayuda a la conversación.
—Lo que quiero enfatizar es que del TOC se mejora y se puede vivir sin TOC. La clave es atenderse con profesionales formados. Además, el TOC es un drama, no debe banalizarse ni considerarse algo divertido. Cuando se pregunta “cuál es tu TOC”, nadie puede decir con certeza “mi TOC es este”. Lo importante es buscar atención lo antes posible.
Si tuviste algún tipo de pensamiento o conducta obsesiva, recordá que a veces, en la niñez, los síntomas pueden aparecer y luego desaparecer solos. Es fundamental estar atento a tus hijos o a los amigos de tus hijos y, si notás conductas extrañas, comunicarlo: “El otro día vino tu hijo a casa y vi que no quería tocar esto, que evitaba lo otro”. Lo importante es hacer la consulta lo antes posible.
Al comenzar un tratamiento, hay que buscar a alguien que ayude a quedar sin síntomas y no conformarse con poco. La diferencia entre mejorar y estar sin síntomas es enorme en cuanto a la calidad de vida. El TOC tiende a persistir en el tiempo, por lo que si queda un síntoma remanente es como llevar una mochila con un ladrillo de un kilo: al principio no pesa, pero con el tiempo se vuelve una carga. Por eso es tan importante realizar un tratamiento que apunte a que desaparezcan todos los síntomas.
Lo fundamental es informarse, chequear las dudas, porque hoy todo se habla con inteligencia artificial. Me parece válido, pero siempre hay que confirmar con un profesional.
Fuente: Infobae