El rencor no siempre es una emoción negativa

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El rencor puede ayudar a identificar que se han vulnerado ciertos límites o la confianza. Saber distinguir cuándo es adaptativo y cuándo es dañino resulta clave. 

dos hombres enfadados
  1. Alicia Cruz Acal

El rencor es una emoción secundaria que, al igual que el miedo o la ansiedad, toda persona necesita. Sobre la misma ha hablado el psicólogo Tomás Navarro, quien, a través de sus redes sociales, ha explicado a sus seguidores cuál es su función principal. “Se trata de fijar un recuerdo de una elevadísima carga afectiva con una persona que te ha hecho daño para que no vuelvas a repetir esa experiencia con esa misma persona”, ha definido.

El experto ha aclarado que no es lo mismo que un odio prolongado: “Suele ser una señal interna de que se han vulnerado límites, valores o confianza”. En este sentido, ha insistido en que sentir rencor puede ser necesario por diversas razones. Una de ellas es porque señala la injusticia. “El rencor da información sobre lo que fue dañino y por qué nos afectó”, ha afirmado Navarro, quien ha añadido que sentirlo pone límites, pues “reconocemos que no queremos repetir la misma situación con esa persona”. Además, promueve la reflexión al “permitir identificar la gravedad del daño y decidir pasos siguientes, como confrontar, alejarse o buscar reparación”. 

Cómo distinguir el rencor útil del dañino

El psicólogo apunta que un remordimiento útil es aquel que “dura el tiempo necesario para establecer límites o pedir explicaciones, y facilita acciones concretas”. El que es dañino, en cambio, “se enquista, alimenta rumiaciones constantes y altera bienestar físico o relaciones presentes”.

En este punto, Navarro aconseja consultar con un terapeuta para trabajar estrategias concretas de regulación emocional en caso de que el rencor:

  • Provoque ataques de ira. 
     
  • Impida relaciones nuevas.
     
  • Se mantenga de forma obsesiva. 

Cómo gestionar el rencor de forma práctica

una mujer disgustada

(Foto: Magnific)

El experto ha indicado que hay varias maneras de regular esta emoción, como nombrándola: “Aceptar y llamar al sentimiento por su nombre reduce la vergüenza y aclara su origen”. Por otro lado, conviene preguntarse qué se perdió (por ejemplo, la confianza o el respeto) y qué se quiere ahora, como una disculpa o un distanciamiento con la otra persona.  

La comunicación también es importante. “Si es seguro, hay que explicar a la otra persona cómo se sintió el daño y qué se espera”. Según la respuesta recibida, se tomará una decisión. Además, la búsqueda de apoyo es clave: “Hablar con amigos, familiares o profesionales ayuda a procesar sin que el rencor se vuelva rumiación”. 

Por último, conviene canalizar la energía en otras tareas, como el trabajo, el ejercicio físico o actividades creativas, “que pueden transformar la intensidad emocional en acciones constructivas”. 

Fuente: cuidateplus