¿Cómo se si mi hijo es celíaco?

La celiaquía es una enfermedad autoinmune crónica que daña el intestino delgado como reacción a la ingesta de gluten, una proteína que está presente en algunos cereales como el trigo, la cebada, el centeno, la avena o sus derivados. «Como consecuencia, se produce una lesión de la mucosa intestinal que no permite la absorción de nutrientes y provoca numerosas complicaciones a medio y largo plazo si no se retira el gluten de la dieta en estos pacientes», señala Jesús González, especialista en Aparato Digestivo de la Unidad de Pediatría de Quirónsalud Zaragoza.

LA CELIAQUÍA NO SE PUEDE PREVENIR Y TAMPOCO TIENE CURA, AUNQUE LA DETECCIÓN TEMPRANA DE LA ENFERMEDAD ES CLAVE PARA EVITAR LA APARICIÓN DE COMPLICACIONES.

Se trata de una de las enfermedades gastrointestinales más importantes de la sociedad occidental -se estima que entre el 1 y el 3% de la población mundial sufre esta patología- y el número de casos va en aumento. 

A día de hoy, el único tratamiento eficaz es seguir una dieta sin gluten durante toda la vida, pero uno de los principales problemas es que alrededor del 75% de las personas que padecen la enfermedad -que puede aparecer a cualquier edad- está sin diagnosticar. De hecho, alrededor de un 20% de pacientes tienen más de 55 años en el momento del diagnóstico.

A esto se suma, además, que la enfermedad celíaca se presenta de forma diferente en el niño que en el adulto. En este último, suele aparecer con menor sintomatología digestiva, lo que hace que su diagnóstico sea más difícil.

¿Cuáles son los síntomas en niños?

La celiaquía infantil suele aparecer en los primeros años de la vida, cuando en la alimentación se comienzan a introducir los cereales que contienen gluten, y sus síntomas se caracterizan por un predominio de problemas digestivos (molestias en el estómago, vómitos o hinchazón abdominal dolorosa), pérdida de peso, diarreas y signos de déficits nutricionales y vitamínicos. En el caso de las chicas, de hecho, uno de los síntomas también puede ser la falta de menstruación debido a una baja producción de estrógenos.

«Deposiciones diarreicas, dolor abdominal y distensión abdominal son algunos de los signos más comunes. Pero, cada vez con más frecuencia, encontramos pacientes en edad pediátrica a los que se les detecta la enfermedad y presentan muy pocos síntomas o incluso son asintomáticos», indica el especialista. 

Añade que esta enfermedad autoinmune también puede provocar un enlentecimiento en la curva de crecimiento o pérdida de peso, así como una malabsorción de los nutrientes. “Si advertimos estas señales de forma continuada, hay que acudir al especialista de Digestivo quien, a través de un análisis de sangre, iniciará el proceso diagnóstico», explica.

Diagnóstico, tratamiento y consejos 

De momento, la celiaquía no se puede prevenir y tampoco tiene cura. No obstante, la detección temprana de la enfermedad es clave para evitar la aparición de complicaciones. Su diagnóstico conlleva cambios en los hábitos de alimentación, ya que el único tratamiento efectivo es llevar una dieta estricta sin gluten y de forma indefinida. 

Ante este panorama, González considera que es fundamental normalizar la enfermedad y simplificar las rutinas diarias de los niños afectados: «Actualmente, gracias a la implicación de las asociaciones de celíacos, la colaboración de colegios, las tiendas de alimentación, los supermercados y los restaurantes, es posible llevar una vida completamente normal».

En su opinión, también es recomendable que la familia explique al niño qué alimentos puede consumir y cuáles no, así como darle los motivos. “Se trata de buscar recursos para facilitar el día a día del niño y que participe de forma activa en el manejo de su enfermedad. En estos casos, se recomienda acudir al especialista de Aparato Digestivo para que confeccione una dieta lo más equilibrada para los niños», indica.

¿Cuándo acudir al especialista de Digestivo?

Cuando un niño acude a la consulta de Aparato Digestivo, en una primera aproximación diagnóstica, el especialista diferencia sobre dos tipos de patología: la orgánica y la funcional. La primera es aquella que, tras la realización de una adecuada historia clínica, exploración física y si fuese necesario pruebas complementarias, detecta un proceso infeccioso o inflamatorio e incluso alteraciones bioquímicas o anatómicas que hacen llegar a un diagnóstico concreto.

Son ejemplos de patología orgánica la enfermedad celíaca, el reflujo gastroesofágico, las intolerancias o alergias alimentarias u otras patologías crónicas, como puede ser la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.

En la patología funcional, también se realiza el mismo proceso inicial pero todo el estudio resulta normal. “Sin embargo, nuestros pacientes siguen teniendo un síntoma o un conglomerado de síntomas que cumpliendo una serie de criterios clínicos llegamos a un diagnóstico definitivo”, señala el experto. 

Es el caso del síndrome de intestino irritable, el dolor abdominal funcional, la migraña abdominal o el síndrome de vómitos cíclicos. “Se trata de patologías que, a pesar de que todas las pruebas realizadas son normales, se pueden diagnosticar y realizar un adecuado tratamiento para mejorar la calidad de vida del paciente”. 

No obstante, reconoce que puede haber síntomas que aparecen con frecuencia en la edad pediátrica y que en muchas ocasiones se deben a procesos banales y autolimitados, como el dolor abdominal, los vómitos y la alteración del ritmo de deposición (estreñimiento y la diarrea), “pero es la cronicidad de ellos o unos síntomas agravados los que nos deben hacer acudir al especialista de Digestivo pediátrico”. 

En estos casos, añade que es preciso hacer un diagnóstico adecuado de forma temprana, ya que, en ocasiones, estos síntomas -que pueden parecer banales- esconden enfermedades que precisan tratamiento precoz. 

Colaboración con los pediatras

Desde Quironsalud se busca una adecuada colaboración entre los pediatras y los especialistas para hacer siempre un enfoque integral y multidisciplinar de las patologías del niño. “Cuando el pediatra lo considera, se pone en contacto con los especialistas para que hagamos la primera valoración y empecemos con el proceso de diagnóstico y terapéutico lo antes posible”. 

La mayoría de los diagnósticos no son importantes en cuanto a enfermedades graves, pero algunos sí condicionan la calidad de vida de los niños y de los padres. “Es fundamental que haya una relación estrecha y positiva entre los niños, los padres y el especialista para solucionar todos esos problemas y minimizar el riesgo de complicaciones”, aconseja el experto. 

Los especialistas en Aparato Digestivo pediátrico comparten con los especialistas de adultos ciertas patologías, como pueden ser las intolerancias alimentarias, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y la enfermedad celíaca, pero defienden que existen ciertas peculiaridades propias del niño que deben tratarse desde una perspectiva pediátrica.

“Son personas en crecimiento, con un sistema inmunitario diferente al de los adultos. Desde Digestivo pediátrico disponemos de guías y de algoritmos -diagnósticos y terapéuticos- adaptados a los niños y establecidos por las sociedades científicas pediátricas españolas y europeas”, concluye el especialista.

Fuente: Marca