Adiós al viejo adulterio. En este siglo, las traiciones de pareja son consecuencia de la tecnología, los nuevos paradigmas ideológicos y la pandemia. ¿Dónde quedó la fidelidad?

El asunto tuvo todos los condimentos necesarios para poner al país en dos equipos y tener a todos pendientes de las redes. Tres figuras de alto perfil de distintos ámbitos, un matrimonio en apariencia feliz y exitoso (la modelo Wanda Nara y el futbolista Mauro Icardi), una seductora actriz recién separada que ya había participado de otros escándalos mediáticos de parejas consolidadas (María Eugenia “China” Suárez), un ex que supuestamente habría encontrado los mensajes (Benjamín Vicuña), y por supuesto, tantas preguntas en torno a las prácticas de privacidad y confianza de la pareja central (ella decía que se mostraban todo, ella le revisaba el celular, el ocultamiento de él, etc), como comentarios hacia la tercera en discordia.Wanda Nara, protagonista del escandaloso triángulo enre ella, su marido, Mauro Icardi y la actriz China Suárez. Foto: IG

Wanda Nara, protagonista del escandaloso triángulo enre ella, su marido, Mauro Icardi y la actriz China Suárez. Foto: IG

¿Y si ese caso tan mediático fuera un síntoma sobre las relaciones de pareja de nuestro tiempo? ¿Cómo hablar de infidelidad en el siglo XXI? ¿Qué cambió en el concepto de “adulterio” que vivamos munidos de tecnología y comunicación al alcance de la mano y habiendo puesto en crisis la monogamia? ¿Y qué agregó la pandemia a todo esto? Es hora de consultar a especialistas.

Amar controlándonos

 “La pareja de nuestro siglo, que ya no cree en el matrimonio, es una pareja acosada por miedos”, explica el psicoanalista Luciano Lutereau, quien habla de una “sociedad posmatrimonial” y es autor del libro reciente Adiós al matrimonio. Parejas en busca de nuevos compromisos (Paidós). “Hoy existe el temor al abandono, a la pérdida de amor, a la infidelidad; si el otro hoy está presente, pero mañana puede no estarlo, ¿qué lazo simbólico nos une? Por eso es común que a las personas les cueste mucho hablar en sus relaciones sin caer en el miedo a que el otro se enoje. ¿Cuál es la estrategia más habitual para reducir esa inseguridad? El control, la expectativa de saber todo sobre el otro. Después de todo, ¿no es esta sociedad la que se caracteriza por revisar teléfonos, hackear claves, etc.?”.

En este sentido, existen aplicaciones ya tradicionales que buscan desactivar ese control obsesivo que consiste en revisarle el celular de la pareja. La más usada es TigerText, la cual permite que, entre dos personas con la misma app instalada, borren los mensajes que se envíen, programando la autodestrucción automática de ellos para que se produzcan en segundos o días.

Lo mismo habilita otra aplicación gratuita como Photo Vault: allí se almacenan fotos y videos del tipo que sean con acceso sólo para el dueño del teléfono. Vaulty Stocks fue, al principio, el ejemplo máximo del engaño: tenía la apariencia de informar sobre el comportamiento bursátil, pero en realidad daba la posibilidad de ocultar imágenes y videos.

La pareja de nuestro siglo, que ya no cree en el matrimonio, es una pareja acosada por miedos.

Luciano Lutereau, psicoanalista

Esta app de “doble fondo” y “doble vida” se difundió muy rápidamente. ¿Entonces son las redes y las aplicaciones las que fomentan la infidelidad?

Échale la culpa al celu

Si bien el escándalo local que sitúa nuevamente a la infidelidad en un contexto tecnológico que parece conspirar contra la monogamia es el Wandagate, desde la aparición de las apps de citas, la tecnología viene metiendo su cola en el asunto.

En particular, la gran señalada es la más popular, Tinder, ya que en 2013 llega a los smartphones y ya tiene más de 50 millones de usuarios en el mundo. Es considerada la app más utilizada por los infieles.

La multiplicidad de opciones, la accesibilidad, e inclusive, la posibilidad de conocer gente de manera anónima u ocultarlo a tu pareja actual, parecieron poner en jaque a las viejas estructuras y cambiar las citas para siempre.Según estudios globales, el 42% de los usuarios de Tinder son infieles.. Foto: Shutterstock.

Según estudios globales, el 42% de los usuarios de Tinder son infieles.. Foto: Shutterstock.

Según un estudio de GlobalWebIndex de hace unos años, el 42% de los usuarios de Tinder son infieles. El informe, desmentido por la compañía por considerarlo poco riguroso, se basó en una población de 140 mil personas a las cuales se les preguntó si tenían pareja, estaban casados y si seguían usando la app una vez en pareja. Asimismo, ¿hecha la trampa, hecho el antídoto?

¿Esto es ser libres?

Debido a que cada vez es más común el uso de apps en relaciones de pareja monógamas, varios sitios o aplicaciones como Swipe Buster ofrecen sus servicios para buscar si tu pareja tiene una cuenta en Tinder u otros.

Así, por el módico precio de 5 dólares, se puede averiguar si tu novio o novia tienen una cuenta en alguna app de citas, qué tan frecuente es su actividad o si están buscando a un hombre o a una mujer.

Lo único que se necesita es ingresar el nombre, edad, género y localización de tu pareja. De más está decir que esta traducción techie del hecho revisarle el teléfono a tu novio/a viola las leyes de privacidad.

“La pareja de nuestra época busca asegurar la presencia del otro a través la expectativa de transparencia”, sigue Luciano Lutereau.

“El otro puede ser un extraño en cualquier momento, por eso mejor asediarlo, fijarme si está en línea, que nada suyo se me escape”, agrega. Hoy día la cuestión se reparte entre el miedo a la ausencia del otro y al mismo tiempo en su exceso de presencia. “¿Cómo tolerar esa presencia cuando es efectiva? Porque todas esas formas de controlar al otro suponen su eventual ausencia, pero si está acá, al lado mío, siempre, ¿cómo conservar el erotismo de la relación?”, se pregunta Lutereau.

Los cambios en las propias apps y nuevos desarrollos parecen acompañar esta idea de monitoreo constante y cada vez más exhaustivo; por ejemplo, algunos de los los features más pedidos en Tinder son poder ver quién borró su perfil, quién se encuentra activo en Tinder (una suerte de estado como en WhatsApp, IG o Facebook Messenger), o saber cuándo se conectó alguien por última vez.

Podría decirse que, irónicamente, si bien se habla de alcanzar una mayor libertad relacional, tenemos cada vez más herramientas y dispositivos para controlar(nos). ¿Hasta qué punto somos libres entonces?

Tecnología y “Engaño ético”

Pero sería injusto decir que la culpa la tiene sólo la tecnología, y de hecho, es sabido que al menos la mitad de las parejas se conocieron en la web, una tendencia que según la Universidad de Standford viene en alza desde el año 2000.

Pese a la mala fama que tienen las apps por affaires físicos o emocionales, lo que para muchos este contexto viene facilitando es nada más y nada menos que “que sea más fácil dejar relaciones infelices”.

De hecho, en una nota de la revista The Atlantic que se preguntaba por la muerte del amor a manos de las apps, la antropóloga y asesora científica de Match.com, Helen Fisher, decía que “la vasta mayoría de las personas que están en Internet, incluso en Tinderestán buscando relaciones a largo plazo y comprometidas”. Así que detrás de todo “touch and go”, hay un deseo de permanencia y afecto.

Aun así el concepto de amor para toda la vida –creado cuando la misma no duraba tanto como ahora– hace tiempo que ya no “prende” entre las nuevas generaciones. Eso da lugar a replanteos sobre infidelidad, la exclusividad sexual y emocional, pero también el entramado socioafectivo. El trayecto es menos que lineal pero resignificar los contratos nunca fue tan complejo.

Encuestas recientes como la de la compañía estadounidense YouGovAmerica de 2020, muestra que las creencias están empezando a cambiar, incluso en los más grandes (Boomers y generación X): el 32% de los adultos en Norteamérica cree que la relación ideal es no-monógama hasta cierto grado (con un 25% de hombres y un 13% de mujeres teniendo relaciones por fuera de su pareja), mientras que el 43% de los millennials opina que su relación ideal es no-monógama.

El engaño ético implica decirle a tu esposa que vas a ser infiel o incluirla en nuevas relaciones extramatrimoniales.

Brandon Wade, empresario.

Este “hasta cierto grado” de la encuesta se representa en categorías y modernizaciones que aparecieron en los últimos años, como hablar por ejemplo de Almost monogamy (“Casi monogamia”) o inclusive de Ethical Cheating (“Engaño ético”) .

Así lo explica el creador del sitio de citas OpenMinded.com, el empresario Brandon Wade, quien busca diferenciarse de otros servicios orientados a los “piratas clásicos” como el popular sitio AshleyMadison.com (red social para infieles que desembarcó en Argentina y ocasionó numerosos escándalos):

“Existe un número creciente de personas que son capaces de ser honestas con su pareja acerca de que este modelo tradicional no está funcionando. El engaño ético implica decirle a tu esposa que vas a ser infiel o incluirla en nuevas relaciones extramatrimoniales”, explica Wade.

Este señor ha encendido polémicas sobre asuntos de infidelidad en nombre del “amor libre”, ya que con ensayos “para principiantes” con títulos tipo Cómo engañar a tu esposa, resultó demasiado machista.

El colmo de la contradicción tuvo lugar cuando Wade se casó legalmente. Según afirmó, le dijo a su esposa: “Si esta relación no funciona, nunca más voy a casarme”. ¿Un experimento? ¿O aquello de “Haz lo que digo y no lo que hago”?

Soy mujer e infiel, ¿y qué?

También existe Gleeden, una plataforma diseñada por un equipo 100% femenino que les permite a las mujeres casadas “dar rienda suelta” a sus deseos de tener aventuras extramaritales “de una manera segura y anónima”. Gratis para las mujeres, es paga para los varones. ¿Tinder feminista?

Fundada en 2009 en Francia, logró superar el embate de un grupo católico francés que le hizo juicio por promover la traición al matrimonio legal.

El Tribunal falló a favor de la aplicación de mujeres. Hoy, Gleeden cuenta con una comunidad de más de 8 millones de miembros alrededor del mundo, y ya se ha convertido en el referente de las plataformas para citas extramatrimoniales de Latinoamérica y Europa. Y al igual que en OpenMinded, la idea es que las personas que desean crear un perfil en el sitio no tienen que mentir sobre su estado civil para conocer un nuevo amante.

Gleeden ha tenido un gran crecimiento en América Latina, donde se encuentra en países como Colombia, México, Chile, Brasil y… Argentina.

Sólo en India, se suman 1 millón de usuarias de Gleeden, una cifra récord. En el artículo anónimo del portal India Times, llamado Cómo una aplicación de citas está salvando mi matrimonio, una mujer profesional de 30 años ,casada hará una década con un hijo, cuenta cómo encontrarse con 8 hombres le brindó una sobrevida a su matrimonio. Gracias a la aplicación, supo sobre hombres (como su esposo) que tampoco eran felices con sus mujeres. El artículo parecía invertir la situación con su moraleja: tener citas con desconocidos finalmente reforzaba el matrimonio. ¿En qué quedamos?

Pandemias y estafas

La pandemia exacerbó el uso de redes y apps para relacionarse, ya sea entre solteros y/o casados. Por ejemplo, desde principios de marzo de 2020, cuando el Covid-19 golpeó por primera vez, la aplicación de citas Inner Circle detectó un aumento en el número de matches en un 99% y comprobó que la gente está hablando y contactándose más. Lo mismo se repitió en otras plataformas, como Tinder, Happn y Cupid.

¿A qué llamar hoy “infidelidad”? No sólo hay razones tecnológicas y epidemiológicas para entender cómo funciona la infidelidad en el siglo XXI. También hay explicaciones sociológicas, relacionadas con el cambio de paradigma a la hora de pensar la pareja.

En el viralizado video de TED basado en su libro Repensando la infidelidad, la terapeuta Ester Perel, propone mirar al engaño marital como una oportunidad para cambiar, reconstruir y entender la naturaleza del deseo erótico. Perel, quien ha entrevistado a miles de dúos, sostiene que las relaciones pueden, en efecto, no sólo recuperarse de una traición sino usarla a su favor.

Perel analiza el contexto sociocultural en el que nos encontramos: por primera vez en la historia de la humanidad elegimos tener sexo por mero placer y anhelo de conexión. A partir de este escenario, se pregunta cómo se sostiene el deseo en el tiempo y cómo se reconcilia el erotismo con la domesticidad.Los dispositivos electrónicos ponen nuevamente en jaque a la monogamia. Foto: Shuttestock.

Los dispositivos electrónicos ponen nuevamente en jaque a la monogamia. Foto: Shuttestock.

“Los seres humanos tenemos dos necesidades opuestas: la necesidad de la seguridad y la estabilidad, y por otro lado, la búsqueda de la aventura, el riesgo, la novedad. Nunca hemos tratado de encontrar en la misma relación esas dos necesidades.” Están también los que consideran que la monogamia no es algo monolítico, sino más bien facetado que incorpora componentes prácticos, sociales, emocionales y sexuales que pueden ensamblarse a gusto, como una ensalada o el tour de tus vacaciones. Al fin y al cabo, vivimos en una época de customización.

Eso es lo que proponen Mark A. Michaels y Patricia Johnson, una pareja peculiar, autores del libro ya clásico Diseño de relaciones: Una guía para la monogamia feliz, el poliamor positivo y las relaciones abiertas optimistas (2015), que se dedican a escribir y enseñar sobre relaciones, sexualidad y tantra. También se ha acuñado el concepto de “compersion”, una especie de contracara de los celos, una noción tan nueva que ni figura en los diccionarios y que consiste en disfrutar en vez de padecer la posibilidad –no siempre consumada– de que el otro obtenga placer por fuera de la pareja. Aunque quizás todos estas cosas parezcan extrañas, lo cierto es que, como decía la filósofa Tamara Tenenbaum, autora de El fin del amor, en una entrevista, “hoy la infidelidad se transita de otras maneras. Está el ‘si no me entero no me importa’ y el día que te enterás se discute, pero no es el fin del mundo de nadie. Esos son pactos vinculares diferentes, pactos en los que la fidelidad entendida como ‘No tener nunca un vínculo sexual con otra persona’ no es la piedra de toque de nada”.

Del amor eterno al pacto

Por su lado, la psicóloga especializada en vínculos y terapeuta de parejas Giselle Bordón explica: “El ser humano se mueve a través del deseo, de desear eso que no tenemos. Y si nos hacemos responsable de eso, debemos encontrarle la vuelta para que ese deseo siga vivo estando en pareja, y no hablo solo del deseo sexual, sino del compartir, charlar, interesarme en el otro. Entonces, ¿como seguir deseando a ése que ya tengo? ¿A ése que ya está ahí a mi lado y que me dice que se queda para siempre? Bueno, ahí está la cuestión, entender que nadie puede jurar amor eterno a nadie, que eso es más para los cuentos de hadas. En la vida real somos personas, deseantes, libres y con necesidades”.

Además, Bordón relata que en su experiencia como terapeuta de parejas puede decir que normalmente las personas que pasan por una crisis al final acuerdan y firman un pacto cuando se unen. Pero ese pacto no es revisado con frecuencia.

“Esto último es lo que, muchas veces, produce crisis importantes. Siempre pongo el mismo ejemplo cuando hablo con mis consultantes: ¿si un alquiler necesita que renovemos el contrato revisando cláusulas cada 3 años, por qué en la pareja no reviso esas cláusulas nunca? Bueno, ese sistema no parece ser muy funcional.” El nuevo siglo despide a los amores eternos por ley y le da la bienvenida a los pactos afectivos y sexuales con fecha de renovación, además de igualdad para dar voz y voto. ¿Acaso no les suena conocido? 

Fuente: https://www.clarin.com/viva/infidelidad-siglo-xxi-tecnologia-mete-cama_0_5boCv7eI2M.html