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El especialista recuerda que los beneficios empiezan prácticamente desde el último cigarrillo y advierte que fumar solo dos o tres al día sigue manteniendo una parte importante del riesgo cardiovascular.

Septiembre suele convertirse en una especie de segundo enero. Volver de vacaciones significa recuperar horarios, retomar el ejercicio o intentar corregir algunos hábitos que durante el verano se han relajado, y entre los propósitos que reaparecen cada año está también dejar de fumar. En este caso, sin embargo, los beneficios no necesitan meses para empezar a llegar.

Fernando Fabiani, médico de familia, divulgador y autor de «La salud enferma», explica a La Vanguardia que el organismo empieza a reaccionar prácticamente desde el momento en que se apaga el último cigarrillo.

“Es brutal porque hay efectos prácticamente inmediatos”, asegura. El primero aparece mucho antes de lo que probablemente imagina un fumador: “A los 20 minutosla presión arterial y el pulso vuelven a la normalidad”.

No hace falta esperar siquiera al día siguiente. Fabiani explica que unas ocho horas después empieza a disminuir de forma clara el monóxido de carbono presente en la sangre mientras mejora la disponibilidad de oxígeno y que, al alcanzar las primeras 24 horas sin fumar, ya empieza a reducirse el riesgo cardiovascular.

La recuperación continúa durante los días siguientes. A las 48 horas se empieza a recuperar el olfato, los alimentos vuelven a percibirse con más intensidad y la nicotina prácticamente ha desaparecido del organismo.

“A los tres días empiezas a notar que respiras mejor, tienes un poquito más de energía y menos cansancio”, señala.Fernando Fabiani, médico, describe los beneficios de dejar de fumar.  Foto: CapturaFernando Fabiani, médico, describe los beneficios de dejar de fumar. Foto: Captura

«El cuerpo humano es una máquina de regeneración asombrosa cuando le quitas el agente agresor»

A partir de ahí, los beneficios dejan de medirse en horas y empiezan a acumularse durante meses y años: mejora la circulación y la función pulmonar, disminuyen progresivamente la tos y la sensación de ahogo y continúa descendiendo el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Ese proceso sirve también para desmontar una de las excusas que Fabiani escucha entre personas que llevan décadas fumando, y es que pensar que, después de veinte o treinta años, abandonar el tabaco ya no va a cambiar demasiado las cosas.

“Cualquier excusa es buena si quieres seguir fumando y esa es una de tantas que mucha gente compra”, sostiene en este sentido.

La edad, insiste, no invalida el beneficio. “Da igual que tengas 40, 60 o 70 años”, asegura, pues aproximadamente un año después de dejar de fumar, el riesgo de enfermedad coronaria se reduce de forma muy importante respecto al de una persona que continúa fumando, y ese descenso sigue acumulándose conforme pasan los años.

“El cuerpo humano es una máquina de regeneración asombrosa cuando le quitas el agente agresor”, explica. A largo plazo, además, también disminuye sustancialmente el riesgo de cáncer de pulmón, por lo que “nunca es tarde para dejar de fumar”.Abandonar el cigarrillo mejora la salud cardiovascular, entre otras cosas. Foto: ShutterstockAbandonar el cigarrillo mejora la salud cardiovascular, entre otras cosas. Foto: Shutterstock

Reducir cigarrillos no significa eliminar el riesgo

Una vez tomada la decisión, aparece otra pregunta habitual: ¿es mejor abandonar el tabaco de golpe o ir reduciendo progresivamente el número de cigarrillos?

Fabiani explica que la evidencia no muestra una superioridad clara de una estrategia sobre la otra y considera que ambas pueden funcionar siempre que exista una planificación.

Dejarlo de golpe supone afrontar unos primeros días posiblemente más intensos, aunque compara ese proceso con tirarse a una piscina. “El impacto inicial es más brusco, pero una vez que te tiras, al poco rato te has acostumbrado a la temperatura”, sostiene.

Reducir poco a poco también puede funcionar, pero con una condición que considera fundamental, y es marcar una fecha en la que el consumo vaya a ser definitivamente cero.

Sin ese límite, advierte, es fácil quedarse atrapado durante meses o años en un consumo reducido que acaba percibiéndose erróneamente como poco peligroso.

“Fumar poco no es fumar seguro”, insiste Fabiani, que advierte de que reducir mucho el número de cigarrillos no implica que el riesgo cardiovascular disminuya en la misma proporción.

Una persona que pasa de fumar un paquete diario a solo unos pocos cigarrillos ha reducido notablemente el consumo, pero conserva una parte importante del riesgo. “El corazón no sabe de matemáticas, por lo que pequeñas cantidades de tabaco siguen generando un alto riesgo”, advierte el médico.

Fabiani pone como ejemplo consumos aparentemente mínimos. “Ya solo fumar dos o tres cigarrillos al día te da aproximadamente la mitad del riesgo de sufrir un infarto que fumarte el paquete completo”, detalla.

Por eso, considera que reducir puede servir como camino para abandonar el tabaco, pero no debería convertirse en el objetivo definitivo.

Entre el miedo y la excusa: aumentar de peso si dejamos el cigarrillo

Otro de los grandes temores que aparecen cuando alguien se plantea dejar de fumar es el aumento de peso. Fabiani reconoce que puede ocurrir y sitúa la ganancia habitual en torno a los tres o cinco kilos, aunque recuerda que existen grandes diferencias entre unas personas y otras.

Lo que rechaza es utilizar ese posible aumento como argumento para seguir fumando. “La balanza médica es indiscutible: fumar un paquete de tabaco al día es infinitamente más destructivo que subir esos cuatro o cinco kilos”, explica.

Para ejemplificarlo en consulta, suele recurrir a una comparación llamativa. Algunos estudios han intentado estimar cuánto peso tendría que ganar una persona después de dejar de fumar para neutralizar, únicamente desde el punto de vista cardiovascular, el beneficio que obtiene al abandonar el tabaco.

La cifra, explica Fabiani, tendría que ser extraordinariamente alta. “Tendrías que ganar alrededor de 40 kilos para que tu riesgo cardiovascular siguiera siendo comparable”, señala, insistiendo en que la comparación se refiere únicamente al corazón y deja fuera muchos otros daños asociados al tabaquismo.Habría que subir 40 kilos para que el riesgo cardiovascular sea similar al del cigarrillo. Foto: iStock PhotosHabría que subir 40 kilos para que el riesgo cardiovascular sea similar al del cigarrillo. Foto: iStock Photos

Porque el tabaco no afecta solo al riesgo de infarto, también está relacionado con distintos tipos de cáncer y enfermedades respiratorias. Frente a eso, el médico recuerda que los kilos que puedan ganarse al dejar de fumar pueden abordarse después con alimentación y actividad física.

La prioridad, insiste, es eliminar primero el hábito que sigue dañando al organismo cada día.

Fuente: https://www.clarin.com/internacional/fernando-fabiani-medico-familia-20-minutos-dejar-fumar-presion-arterial-pulso-vuelven-normalidad_0_o4JqzXubsF.html