Cómo gestionar el estrés para vivir más y mejor
Dormir bien, bajar la autoexigencia y recuperar el equilibrio del sistema nervioso aparecen como ejes de una estrategia que, según una experta, puede reducir el riesgo de múltiples enfermedades
PorMirko Racovsky
Gestionar el estrés crónico puede reducir el riesgo de enfermedades crónicas e inflamatorias y mejorar la calidad de vida (Imagen Ilustrativa Infobae)
18 Ago, 2026 12:02 a. m. AR
Hablar de longevidad ya no implica solo sumar años. La discusión apunta cada vez más a otra meta: vivir más tiempo, con mejor salud, más energía y mayor bienestar. En ese debate, una idea gana espacio entre especialistas en hábitos y salud integrativa: el estrés crónico no solo afecta el ánimo, también altera funciones del cuerpo que pueden abrir la puerta a múltiples enfermedades.

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La nutrióloga clínica Nathaly Marcus, entrevistada en el podcast Tengo un Plan, advirtió: “La raíz de muchas de las enfermedades tiene que ver con el estrés, con un sistema nervioso desregulado, con vivir en supervivencia”.
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Su planteo se apoya en una observación cotidiana: personas con ansiedad, insomnio, autoexigencia extrema y desconexión del cuerpo. “Estamos en la ansiedad, en el futuro o en el pasado y se nos está olvidando disfrutar la vida”, afirmó. En ese estado, descansar cuesta, disfrutar también, y la sensación de amenaza se vuelve permanente.

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Nathaly Marcus advirtió que el estrés y la desregulación del sistema nervioso se relacionan con muchas enfermedades (Imagen Ilustrativa Infobae)
La frase “eliminar el 99% de las enfermedades” puede sonar extrema si se toma de forma literal. Ningún método ofrece una garantía total contra los padecimientos físicos. Pero el punto central sí resulta potente: gestionar el estrés de forma adecuada puede reducir de manera drástica el riesgo de muchas enfermedades, sobre todo las crónicas e inflamatorias, y mejorar de forma profunda la calidad de vida.
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El estrés como origen silencioso del deterioro
Marcus describe el estrés como “una activación constante del sistema nervioso”. Cuando el cuerpo interpreta que está en peligro, prioriza sobrevivir. Ese mecanismo sirve en una emergencia puntual, pero se vuelve perjudicial cuando dura semanas, meses o años.

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Esa activación sostenida puede traducirse en señales muy concretas: dificultad para dormir, despertares nocturnos, fatiga, irritabilidad, niebla mental, digestión alterada, aumento de peso y sensación de ansiedad casi permanente. A eso se suma un factor que la especialista remarca con fuerza: la mente acelerada, esa voz interna que empuja a la perfección, al rendimiento continuo y a la incapacidad de frenar.
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Según su visión, muchas personas no están rotas, sino desconectadas de su cuerpo, de sus límites, de sus ritmos y de sus necesidades básicas. Ese corte entre mente y organismo erosiona la salud con el tiempo.
Dormir bien no es un lujo
Uno de los primeros campos donde se nota el impacto del estrés es el sueño. Quien vive con el sistema nervioso alterado suele tardar en dormirse o se despierta en mitad de la noche y no logra volver a conciliar el sueño. Desde ahí, el problema se multiplica.
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El estrés sostenido puede causar insomnio, fatiga, irritabilidad, niebla mental, digestión alterada, aumento de peso y ansiedad (Imagen Ilustrativa Infobae)
Dormir mal afecta la regulación hormonal, el apetito, la concentración, la memoria y la respuesta inmunológica. También incrementa la dependencia de estimulantes como el café, lo que muchas veces agrava el círculo de cansancio y sobreexcitación.
Por eso, una estrategia real para gestionar el estrés empieza por recuperar el descanso. Marcus describió que, cuando una persona se despierta de madrugada, muchas veces “ya no puedes regresar a conciliar el sueño, porque otra vez entra esta mente a jugar contigo”.
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No se trata solo de dormir más horas, sino de crear condiciones para que el cuerpo vuelva a sentirse seguro. Bajar estímulos antes de acostarse, sostener horarios estables, evitar pantallas en la noche y cuidar el entorno de descanso son medidas simples, pero de alto impacto.
La salud no depende solo de la genética
Otro de los ejes del testimonio de Marcus pasa por la epigenética, es decir, la influencia del estilo de vida sobre la expresión de los genes. “La epigenética es tu estilo de vida”, resumió. Su mensaje es optimista: una predisposición heredada no siempre se convierte en enfermedad.
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La epigenética indica que comer mejor puede modificar el riesgo de desarrollar ciertos trastornos (Imagen Ilustrativa Infobae)
Hábitos cotidianos como comer mejor, hacer ejercicio, dormir entre siete y ocho horas, reducir el consumo de azúcar y contar con vínculos de apoyo pueden modificar de forma importante el riesgo de desarrollar ciertos trastornos. En esa lógica, el manejo del estrés ocupa un lugar central, porque actúa sobre casi todos los sistemas del cuerpo.
La especialista señala que menos del 10% de las enfermedades responden de forma estricta a causas genéticas. El resto queda fuertemente condicionado por la forma en que se vive. Eso incluye la alimentación, el descanso, la actividad física, las emociones y el ambiente.
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Cinco claves concretas para regular el sistema nervioso
Gestionar el estrés no implica escapar de todos los problemas, sino enseñarle al cuerpo a salir del estado de alarma. A partir de lo expuesto en la entrevista, hay cinco prácticas que aparecen como fundamentales.
1. Repetir señales de seguridad
Marcus propone una frase simple: “Estoy a salvo, estoy tranquilo”. Repetirla varias veces al día puede funcionar como un ancla mental. El objetivo es enviarle al cerebro una señal distinta a la amenaza constante.
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2. Volver al presente
Repetir señales de seguridad, volver al presente y escuchar al cuerpo forman parte de las claves para regular el sistema nervioso (Imagen Ilustrativa Infobae)
La ansiedad suele empujar hacia el futuro; la angustia, hacia el pasado. Recuperar presencia a través de la respiración, pausas breves o momentos de atención plena ayuda a cortar esa inercia.
3. Escuchar al cuerpo
Cansancio, tensión muscular, insomnio, dolor digestivo o falta de energía no siempre son molestias aisladas. Muchas veces son mensajes de saturación. Ignorarlos por largo tiempo puede profundizar el problema.
4. Cuidar la nutrición y la hidratación
Los alimentos de calidad aportan recursos para una respuesta adecuada del cuerpo al estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)
La entrevista remarca que el cuerpo necesita recursos para responder bien al estrés. Agua, alimentos de calidad y una nutrición adecuada forman parte del equilibrio general.
5. Revisar el entorno y los hábitos
La especialista también menciona la exposición a tóxicos, plásticos y otros factores ambientales que pueden sumar inflamación al organismo. El estrés no actúa solo: se combina con otras cargas físicas y emocionales.
El papel de la medicina funcional
Marcus contrapone la medicina funcional con un modelo más orientado a resolver episodios agudos. Su planteo no descarta la medicina tradicional, que resulta clave en emergencias, cirugías o cuadros graves. Lo que cuestiona es la falta de profundidad para buscar causas en enfermedades crónicas.
Desde esa perspectiva, no alcanza con tapar síntomas. Hace falta preguntar más: cómo duerme una persona, cuánto estrés soporta, qué come, cuánto se mueve, si fuma, si está hidratada, cómo vive sus relaciones y qué señales da su cuerpo.
La medicina funcional propone buscar las causas del estrés y de las enfermedades crónicas con un enfoque personalizado (Imagen Ilustrativa Infobae)
Ese enfoque intenta personalizar. No todos necesitan lo mismo, porque no todos viven igual ni cargan con los mismos riesgos. El tratamiento, entonces, deja de ser una receta uniforme y pasa a construirse a medida.
Vivir más, pero también vivir mejor
La longevidad saludable no parece depender de una fórmula mágica. Se apoya en decisiones repetidas: descansar, comer mejor, bajar la autoexigencia, pedir ayuda, moverse, respirar y recuperar la sensación de seguridad. En ese marco, gestionar el estrés deja de ser un consejo abstracto y pasa a ser una herramienta concreta de prevención.
Si la salud se construye todos los días, el sistema nervioso merece un lugar central en esa tarea. No para prometer inmunidad absoluta frente a la enfermedad, sino para reducir riesgos reales y sostener una vida con más equilibrio, claridad y energía.
Fuente: Infobae