Efecto espectador ante un accidente o agresión

El efecto espectador y el efecto mirón son dos conductas pasivas que pueden llevar a la omisión de socorro ante una agresión o a que se produzcan más accidentes tras un primer siniestro. Tienen sus consecuencias desde el punto de vista psicológico y de la atención sanitaria de emergencias.

Una testigo presencia un asesinato
  1. María Sánchez-Monge

La respuesta de los ciudadanos ante un accidente o una agresión está condicionada por múltiples factores que impulsan a socorrer a las víctimas, pero también pueden llevar a una actuación poco responsable. El efecto espectador y el efecto mirón son dos ejemplos de actitudes pasivas que llegan a obstaculizar la atención sanitaria de emergencia.

El efecto espectador tiene algo de verdad y mucho de generalización que distorsiona la realidad. Es un fenómeno psicológico que se estudió a fondo en los años 60 del siglo pasado a raíz del asesinato de Kitty Genovese, una mujer de 28 años que fue apuñalada y agredida sexualmente en el portal de su casa, en Nueva York, mientras, según se dijo en un primer momento, al menos 38 vecinos contemplaban el crimen sin hacer nada ni avisar a la policía o a emergencias. ¿Por qué nadie la socorrió? Porque, supuestamente, cada testigo estaba pendiente de lo que hacía el resto y, al final, nadie tomó la decisión de solicitar ayuda. Razonamientos como los siguientes estarían detrás de esa pasividad, según se comentó en aquella época: “Si nadie hace nada, ¿por qué lo tengo que hacer yo?”, “o si ninguna persona actúa, tal vez será porque no es necesario”. 

Varios psicólogos estudiaron este efecto y realizaron experimentos de simulación de agresiones que les llevaron a conclusiones en esta línea: cuando solo está presente un espectador, el 85% de las personas responde a la situación de emergencia; cuando hay dos personas y la víctima, responde el 62%; y la cifra desciende al 31% cuando los espectadores son tres o más. 

La verdad sobre el efecto espectador

Todo lo anterior puede parecer lógico porque, como reconoce el psicólogo sanitario y divulgador Ramón Nogueras, “la influencia social es especialmente poderosa”. Sin embargo, hay algo que no cuadra. ¿Una mujer está siendo agredida y hay 38 personas que miran sin hacer absolutamente nada? La respuesta es no; es mentira que todo el mundo mirase hacia otro lado. Lo que sucede es que se publicó una noticia que así lo afirmaba y, en vez de documentarse mejor y verificarla con otras fuentes, el resto de los medios de comunicación siguió difundiendo esos datos erróneos. “Con el tiempo, se descubrió que fue una mala praxis periodística porque, en realidad, había menos vecinos presenciando la agresión -eran las 4 de la madrugada- y algunos sí habían llamado a la policía”, aclara el psicólogo.

Dejando aparte la cuestión de la veracidad de la noticia que sirvió para designarlo, ¿qué hay de cierto en el efecto espectador? Nogueras considera que puede darse, pero no necesariamente en todas las situaciones de urgencia porque, en general, “la gente tiene tendencia a ayudar”. El problema puede surgir ante un escenario ambiguo, como una discusión de pareja en la que no parece que estén llegando a las manos o una persona tumbada en la calle que no es posible discernir si es alguien que está durmiendo a la intemperie o ha tenido un desvanecimiento. Asimismo, cuando se presencia un crimen, el miedo a ser también agredido actúa como freno.

En experimentos psicológicos realizados en pleno centro de Londres, alguien fingía un desmayo y se analizaba cuánto tardaba la gente en ayudar. “Es curioso porque influyen aspectos como la forma de vestir de la supuesta víctima”, resalta Nogueras. Así, “los individuos que estaban mejor vestidos recibían ayuda mucho más rápido que las personas que iban pobremente vestidas”.

El psicólogo concluye que el matiz de la existencia o no de ambigüedad es importante porque, sea por prejuicios sociales o por otros motivos, “cuanto más clara sea la urgencia y menor la ambigüedad que perciben quienes la observan, más probable es que la víctima reciba ayuda”. Por lo tanto, el efecto espectador puede existir, “pero no es una cosa que inevitablemente vaya a ocurrir”.

Ni espectador ni mirón: cómo ayudar en caso de emergencia

Ante un accidente o una agresión, los expertos en urgencias y emergencias tienen claro que el tiempo es oro y hay comportamientos que no deben tener cabida. Junto al efecto espectador hay otro fenómeno que se produce con frecuencia, particularmente en los accidentes de tráfico: el efecto mirón. En este caso, los conductores que sienten una curiosidad irrefrenable ante un siniestro ralentizan en exceso su marcha cuando llegan al lugar en el que se ha producido -en el margen de su carril o en el sentido contrario-, incluso aunque ya esté siendo atendido por los servicios de emergencias y la policía. De esta manera, pueden provocar atascos y accidentes porque disminuir demasiado la velocidad aumenta el riesgo de ser alcanzado por quien circula detrás. Además, muchas veces, ante una distracción, se tiende a girar el volante en la dirección hacia la que se dirige la atención. 

Para evitar el efecto mirón, la Dirección General de Tráfico (DGT) ofrece las siguientes pautas: “Al pasar junto a un accidente ya atendido o una retención, continúe circulando a velocidad moderada y según aconsejen las circunstancias del tráfico, evitando distraer su atención con cuestiones ajenas a la circulación. Evitará peligros (alcances) y también provocar retenciones y atascos”.

Antonio Requena, médico de emergencias del 061 de Aragón y director médico del programa ITLS de formación en trauma en la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), estima que basta con que la población conozca “tres o cuatro recomendaciones básicas para pasar de los efectos mirón y espectador, que son figuras pasivas, a los efectos testigo o interviniente, que son papeles activos”. Y subraya que este cambio de actitud es fundamental porque “las primeras personas que presencian un accidente son los ojos y las manos de los sanitarios hasta que llegan a ese lugar”.

La actuación de esas primeras personas que socorren a las víctimas de un accidente debe regirse por la denominada conducta PAS, que corresponde a las iniciales de proteger, avisar y socorrer y debe realizarse en ese orden. En opinión de Vicente Coca, enfermero y psicólogo de emergencias, es un patrón “al que no se presta suficiente atención y se suele contar de pasada”, cuando debería empezar a enseñarse “en el currículum académico de los niños de primaria”. En algunos casos, como la reanimación cardiopulmonar (RCP), la rapidez puede ser crucial en los primeros momentos. “De poco sirve una UVI móvil si cuando llega no ha habido una actuación previa”, insiste Coca.

La conducta PAS consiste en seguir de forma consecutiva los siguientes pasos:

  • Proteger. Primero a uno mismo y después a las víctimas y a otras personas. Coca advierte de otro fenómeno que puede ocurrir: el efecto túnel, que “a veces se da, incluso, en el personal sanitario” y tiene como resultado ponerse en peligro “por centrar el foco de atención en el accidente y no fijarse en lo que sucede en la periferia”.
     
  • Avisar. El teléfono al que hay que llamar es el 112. Requena hace hincapié en la necesidad de identificarse correctamente al ponerse en contacto con emergencias y, a continuación, dar una información lo más precisa posible del lugar en el que se ha producido el accidente y la situación de las víctimas. Coca anima a «no dar por hecho que otra persona ya ha avisado; es preferible repetir llamadas».
     
  • Socorrer. Si no se posee formación sanitaria hay muchos cuidados que no se pueden proporcionar a los accidentados, pero siempre se les puede acompañar y, en caso necesario, ejecutar actos básicos como controlar las hemorragias aplicando presión, abrigarlos para evitar la hipotermia o colocarlos en posición lateral de seguridad.

Fuente: Cuidateplus