Mucha gente toma omeprazol para la acidez y no lo necesita
Así lo indica una investigación presentada en un congreso europeo de gastroenterología.Probaron tres maneras de dejar de tomar el medicamento y en todos los casos se logró.En Argentina pasó a ser de venta libre, lo que puede potenciar la automedicación.
Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son medicamentos muy utilizados para tratar el reflujo y la acidez, pero una parte de las personas que los toman durante períodos prolongados ya no tendría una indicación médica para hacerlo. Por eso, una investigación evaluó distintas formas de reducir su consumo y encontró tres estrategias igual de eficaces. La novedad se conoció en la 34ª Semana Europea de la Gastroenterología, que tuvo lugar en Barcelona.
El omeprazol se convirtió en uno de esos medicamentos que son incorporados a la rutina cotidiana y se terminan tomando durante años, más allá de si existe una necesidad real. Suele indicarse para tratar el reflujo gastroesofágico, la acidez o las úlceras. También, para proteger el estómago frente a determinados tratamientos. Desde mayo de 2024, la familia de los prazoles es de venta libre en Argentina.
El problema que preocupa a los expertos deviene cuando el motivo original que motivó su uso ha desaparecido y el fármaco continúa en la lista de medicamentos por inercia. La clave en la que se centró la presentación europea fue, entonces, como ir eliminando este medicamento sin que reaparezcan los síntomas ni sufrir un efecto rebote.
El estudio incluyó a 629 pacientes que utilizaban los IBP desde hacía años y no tenían una indicación médica que justificara mantenerlos de manera permanente. Los participantes llevaban tomando estos medicamentos un promedio de nueve años.
Los investigadores compararon tres estrategias para abandonar el tratamiento: utilizar el fármaco a demanda, recurrir a una alternativa natural para aliviar los síntomas y emplear el medicamento de manera intermitente, con un esquema establecido. En quienes recibían dosis altas, primero se redujo la dosis durante un mes hasta alcanzar una pauta de mantenimiento.

Luego de un año, el 43,2 por ciento de los participantes había alcanzado el objetivo de éxito terapéutico prolongado. Las tasas fueron comparables entre las tres estrategias. El resultado, explicaron los expertos, no significa que todos los pacientes puedan dejar estos medicamentos ni que la mitad restante haya sufrido necesariamente complicaciones.
Las guías de la Asociación Estadounidense de Gastroenterología admiten tanto la reducción gradual como la suspensión directa en pacientes seleccionados. La decisión debe considerar el cuadro clínico, la dosis, el tiempo de utilización y la posibilidad de que reaparezcan los síntomas.
Uno de los obstáculos es que, después de un uso prolongado, la suspensión puede provocar un aumento transitorio de la secreción ácida del estómago, lo que se conoce como efecto rebote. Y que esas molestias se interpreten como una señal de que se necesita seguir tomando el medicamento de manera permanente. Sin embargo, la reaparición transitoria de los síntomas no demostraría por sí sola que el tratamiento deba continuar indefinidamente.
Raquel González, gastroenteróloga del Hospital Alemán, suma a la problemática un elemento extra, al ser consultada por Clarín: “Muchos pacientes toman omeprazol porque no cumplen con el resto de las medidas para evitar el reflujo. Fundamentalmente son aquellos alimentos que irritan el esófago y el estómago. Entonces lo más fácil es tomar medicación para sentirse bien, y continúan con eso”.
La experta agrega que “hay pacientes que sí o sí necesitan tomar el omeprazol, pacientes puntuales que tienen determinadas patologías. Pero la mayoría de los pacientes no tiene estos cuadros. Habitualmente lo que hacemos es bajarle la dosis, hacer una estrategia de día por medio o diferentes estrategias. En definitiva, si cumple con el resto de las medidas para evitar el reflujo terminan suspendiendo sin problemas el omeprazol”.
La acidez y el reflujo llevan muchas veces a tomar medicación sin control. Foto: Shutterstock
Karina Leta, titular del sector Gastroenterología Infantil del Hospital de Clínicas, señala que el problema no afecta sólo a los adultos, sino también a la población pediátrica. “En los últimos tiempos, se ha notado un aumento en el sobreúso de estos medicamentos. Aunque en Argentina no contamos con estudios representativos al respecto, también se ha visto esta tendencia en cuanto a las indicaciones inadecuadas de los IBP”.
Y añade: “Cabe destacar que estos medicamentos son de excelente resultado, pero su uso debe tener indicaciones precisas, por el especialista gastroenterólogo infantil y/o el pediatra de cabecera, que luego de hacer un interrogatorio y examen físico completo muchas veces debe solicitar los estudios pertinentes para hacer la prescripción adecuada , por ejemplo ante una enfermedad por reflujo gastroesofágico o una gastritis erosiva, entre otras”.
El riesgo de la automedicación
Los IBP, como el omeprazol, son una familia de medicamentos que también incluye al esomeprazol, el pantoprazol, el lansoprazol y el rabeprazol. Su mecanismo consiste en reducir la producción de ácido en el estómago, lo que ayuda a aliviar síntomas y favorece la cicatrización de las lesiones provocadas por el ácido.
En Argentina este tipo de medicamentos pasó a ser catalogado recientemente como de venta libre, por lo que ya no es necesaria una receta para poder comprarlos. Eso significa dos cosas: por un lado que puede perderse más fácilmente el control médico a la hora de la indicación, con el riesgo de la automedicación; por el otro, que han dejado de tener el descuento por obra social o prepaga.
Una revisión publicada en 2026 por la revista Canadian Family Physician estimó que entre el 30 y el 40 por ciento de las prescripciones de IBP carecen de una indicación vigente para su uso prolongado. Según los expertos, en muchos pacientes estos fármacos se indican inicialmente por un período limitado, entre cuatro y ocho semanas, para determinados cuadros de reflujo o dispepsia. En algunos casos, si los síntomas se resuelven se evalúa reducir la dosis o suspender el tratamiento. En otros casos, la enfermedad de base exige mantenerlo.
Durante los últimos años, distintos estudios observacionales asociaron el uso prolongado de estos fármacos a algunos efectos adversos. Los que tienen evidencia más consistente son el aumento del riesgo de algunas infecciones intestinales y, en determinados pacientes, niveles bajos de magnesio. La principal recomendación de los especialistas es revisar periódicamente la lista de medicamentos, en particular en personas que reciben varios tratamientos al mismo tiempo.