¿Cómo reacciona tu mente ante un incendio?
Alerta por incendios: Así puede reaccionar tu mente tanto si lo sufres como si eres un espectador
El impacto físico de un incendio está de sobra documentado. Poco se habla de cómo afecta psicológicamente a aquellos cuyas posesiones están afectadas o al espectador que ve con desazón cómo un lugar conocido (o desconocido) ha sido pasto de las llamas.

Ávila, Madrid, Guadalajara y Castellón son noticia por ser los escenarios de un incendio que ya cuenta con miles de evacuados y con más de 70.000 hectáreas quemadas. Tal es la envergadura del fuego que el Ministerio del Interior lo declaró hace ya algunos días como emergencia de interés nacional.
“Un incendio es una cosa, una alerta nacional es otra historia”, explica a CuídatePlus Mariola Fernández, profesora de Psicología de la Universidad Europea de Madrid (UEM). El humo de los incendios tiene efectos probados sobre la salud física, especialmente sobre la salud respiratoria y del corazón. ¿Cómo afecta a nuestra salud mental?
¿Cómo afectan estas tragedias a nuestra salud mental?
Rosa Pérez, enfermera de Emergencias y coordinadora de la iniciativa Divulga de la Sociedad Española de Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), afirma que el humo de un incendio puede viajar varios kilómetros: “el humo va haciéndose más tóxico según avanza en el espacio porque todos sus componentes se van oxidando. También dependerá de la temperatura y del material que se queme. Estos efectos acumulativos impactan a largo plazo tanto en las personas como en el medioambiente”.
Pero además, ese humo, y especialmente el fuego, también puede afectar psicológicamente. Pérez, añade que estas situaciones “tienen efecto sobre la salud mental de las personas, tanto por ver afectadas sus posesiones como por ver la magnitud de la tragedia. Sobre todo afectan los incendios que van a afectar a núcleos poblacionales, que son los más graves y a los que se destinan más recursos para la gestión del incendio como de la evacuación de la población”. De hecho, hasta el momento hay miles de personas evacuadas o confinadas.
Sentimientos en los primeros días
La psicóloga de la UEM apunta que en los primeros días desde que aparece el incendio, lo primero que hace el organismo es protegernos. “Cuando hablamos de una emergencia de estas dimensiones, ya no estamos ante un único acontecimiento estresante, sino ante una situación prolongada en la que miles de personas viven con incertidumbre, miedo y una sensación constante de amenaza”, apunta Fernández. Por eso es normal que aparezca:
- Ansiedad.
- Hipervigilancia.
- Dificultades para dormir.
- Problemas de concentración.
- Sensación continua de estar ‘en alerta’.
Sin embargo, Fernández puntualiza que en los primeros momentos no es un problema de salud mental sino una respuesta de adaptación del cuerpo ante una situación extraordinaria.
Evacuación y confinamiento
Los sentimientos que aparecerán serán diferentes entre las personas evacuadas de sus hogares y las que se encuentren confinados. Por eso, la enfermera de Semes apunta que “las personas evacuadas no van a ver si sus posesiones están afectadas o no”, pero tendrán el temor de que las llamas arrasen con sus propiedades o con sus animales si viven en una granja o tienen una explotación ganadera. “Esto genera más angustia. Cuando se les evacúa no saben el estado de sus propiedades o de sus animales hasta que no pueden volver a la zona, lo que añade más angustia e incertidumbre”.
Sobre la evacuación, Fernández añade que estas personas suelen sentir más indefensión y pérdida de control. “La incertidumbre es una de las peores enemigas en este caso”, al no saber cuándo podrán regresar a sus hogares ni en qué estado los encontrarán.
En el caso de los confinamientos, la espera hace que se viva en una tensión constante. Fernández sugiere añadir un tercer grupo que también experimenta tensión: “quienes no están directamente afectados por el incendio, pero llevan días siguiendo su evolución a través de los medios de comunicación. La exposición continuada a imágenes de destrucción, evacuaciones o testimonios de personas afectadas también puede generar un importante desgaste emocional porque nuestro cerebro también responde a las amenazas que percibe, aunque no las esté viviendo en primera persona”.
Estado emocional a largo plazo
“A largo plazo estos incendios pueden provocar enfermedades respiratorias y cardíacas. Pero también hay evidencia también de un aumento de enfermedades de salud mental, como ansiedad, depresión y síndrome de estrés postraumático”, añade la enfermera de Semes.
En aquellas personas en las que estas enfermedades persisten hay que buscar ayuda profesional y realizar un seguimiento para recuperar la normalidad y la sensación de seguridad, pero en muchas otras las reacciones son transitorias. “Nuestro organismo está preparado para responder de forma intensa ante un peligro y, cuando la amenaza desaparece, poco a poco recupera el equilibrio”, explica la psicóloga.

Eso sí, no esperemos que la recuperación sea inmediata ya que necesitamos tiempo para que el organismo vuelva a la calma o el incendio esté controlado. “El sistema nervioso no funciona con esa rapidez”, dice Fernández. Por eso durante varios días o semanas pueden persistir las dificultades para dormir, las imágenes repetitivas, los sobresaltos o una mayor sensibilidad emocional. “No hay que asustarse por ello, lo importante es permitir que el organismo complete ese proceso de recuperación. Para ello conviene recuperar rutinas, favorecer el descanso, limitar la sobreexposición a las noticias y hablar de la experiencia con personas de confianza”, aconseja Fernández.
¿Qué implica perderlo todo?
Cuando un desastre hace que perdamos nuestras casas y su contenido, con todo ello no desaparecen solo objetos materiales. En nuestras casas se acumulan recuerdos, pero también costumbres, proyectos, fotografías, objetos de valor afectivo “e, incluso, una parte de la propia identidad con la que se ha ido forjando la pertenencia a ese hogar. Nuestra casa representa mucho más que un espacio físico. Es el lugar donde construimos rutinas, donde nos sentimos seguros y donde organizamos nuestra vida”, explica la psicóloga.
Por eso, cuando desaparece de forma súbita, Fernández apunta que es normal experimentar algo muy parecido al duelo. Con este duelo no solo aparece tristeza, sino otros sentimientos como la rabia, la culpa, la impotencia o la incredulidad.
Para ilustrar estas sensaciones, la psicóloga de la UEM pone un ejemplo: “Hay personas que sienten alivio simplemente por haber salvado la vida y, al mismo tiempo, una enorme tristeza por todo lo perdido. Ambas emociones son compatibles. En este sentido, conviene recordar que reconstruir una vivienda puede ser un proceso relativamente rápido en comparación con reconstruir la sensación de hogar. Esa recuperación emocional necesita tiempo y acompañamiento, que a veces es social, pero otras también profesional”.
Fuente: cuidateplus