1 de cada 4 personas en el mundo sufrirá un ictus en su vida

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El ictus es una enfermedad que aparece, sobre todo, en personas mayores, sin embargo, se está viendo un cambio por el que cada vez más jóvenes lo sufren. ¿Por qué? Te contamos qué factores de riesgo son los más habituales. 

  1. Joanna Guillén Valera

Se estima que una de cada cuatro personas en el mundo sufrirá un ictus a lo largo de su vida, una enfermedad que cada año afecta a alrededor de 120.000 personas en España y provoca cerca de 25.000 fallecimientos. De hecho, se ha evidenciado que las urgencias neurológicas suponen hasta el 15% de las asistencias hospitalarias en España. Ante esta realidad, reconocer los síntomas y actuar con rapidez resulta decisivo, ya que el tiempo hasta la atención especializada condiciona de forma directa el pronóstico y las posibilidades de recuperación. 

El ictus es una enfermedad que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. También se conoce como accidente cerebrovascular y ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe, ya sea debido a un coágulo sanguíneo (en estos casos se denomina ictus isquémico y supone más del 80% de los casos) o a una hemorragia (ictus hemorrágico). Debido a esta ruptura o bloqueo, esa zona del cerebro no recibe el oxígeno, glucosa y otros elementos que necesita por lo que las células nerviosas de ese área no pueden funcionar adecuadamente y mueren transcurridos unos minutos.

Tradicionalmente, el ictus se ha asociado a personas mayores, con una edad media superior a los 70 años, pero esta realidad está cambiando. Según estudios recientes en la actualidad, entre un 5% y un 15% de los ictus se producen en menores de 55 años en países de ingresos altos, y hasta un 24% en países con menos recursos.

Expertos del Hospital Clinic de Barcelona alertan de que la incidencia en jóvenes está aumentando desde principios del siglo XXI, rompiendo la tendencia general a la baja observada en personas mayores.

Los datos, aseguran, “son contundentes”. Si antes se producían aproximadamente 11 ictus al año por cada 100.000 personas jóvenes, “ahora se producen alrededor de 21”. Esto implica que los casos en jóvenes “han aumentado hasta un 90%”. 

Los expertos apuntan a una combinación de factores:

  • Aumento de los factores de riesgo clásicos.
  • Nuevos riesgos emergentes relacionados con el estilo de vida y el entorno.
  • Posibles cambios sociales y sanitarios globales.

Aun así, “no existe una única causa clara, y probablemente se trata de una combinación compleja”.

Factores de riesgo modificables

La buena noticia es que hasta el 90% de los ictus están relacionados con factores de riesgo modificables, como la hipertensión arterial, por lo que intervenciones tan básicas como el control de la tensión pueden evitar millones de casos de discapacidad y mortalidad. 

Como señalan desde el Clinic, los factores de riesgo más importantes son:

  • Hipertensión (responsable de casi la mitad del riesgo)
  • Sedentarismo
  • Tabaquismo
  • Obesidad
  • Diabetes
  • Colesterol elevado

En estudios recientes, se ha visto que casi la mitad de los jóvenes con ictus eran fumadores y que más del 40% tenían hipertensión. Además, cada vez es más frecuente que estos factores aparezcan combinados: hasta un 40% de los pacientes jóvenes presentan tres o más factores de riesgo simultáneamente.

Síntomas de alerta

Los principales síntomas del ictus son “la pérdida brusca de fuerza o sensibilidad, generalmente en una mitad del cuerpo y sobre todo en la cara y/o en las extremidades; la alteración brusca en el lenguaje, con dificultades para hablar o entender; la alteración brusca de la visión, como pérdida de visión por un ojo o la visión doble; y la pérdida brusca de la coordinación o el equilibrio”, comenta Jesús Porta- Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología. 

En general, son de inicio súbito y de rápido desarrollo, y causan una lesión cerebral en minutos (ictus establecido). Con menos frecuencia, un ictus puede ir empeorando a lo largo de horas, incluso durante uno o dos días, a medida que se va necrosando un área cada vez mayor de tejido cerebral (ictus en evolución). Por lo general, esta progresión suele interrumpirse, aunque no siempre, dando paso a períodos de estabilidad en que el área de tejido necrosado deja de crecer de forma transitoria o en los que se observa cierta mejoría.

Posibles secuelas

Las personas que han sufrido un ictus pueden experimentar secuelas físicas, cognitivas y emocionales que afectan su vida diaria. Desde el Hospital Vall de Hebrón, en Barcelona, los expertos recuerdan que “más allá de la parte física, el enfermo también puede sufrir heridas psicológicas que necesitarán tratamiento”.

Dicho esto, las secuelas físicas más habituales son las que están relacionadas con déficits motores, alteraciones sensitivas o del lenguaje e incontinencia urinaria:

  • Pérdida de fuerza muscular y equilibrio
  • Trastornos del lenguaje como incomprensión o problemas al emitir palabras, alteraciones en el habla o incapacidad para pronunciar palabras. 
  • Alteraciones sensitivas en el lado donde se presentan problemas de movilidad, en forma de hormigueo, sensaciones desagradables o falta de tacto. 
  • La espasticidad o contracción permanente de ciertos músculos puede ocasionar rigidez, dolor, contracturas y dificultad de algunos movimientos. 
  • Trastornos visuales relacionados con la pérdida de visión de la mitad del campo visual (hemianopsia). 
  • Dificultad para tragar (disfagia)
  • Dolor central 
  • Incontinencia urinaria suele ser transitoria, aunque puede perdurar en pacientes con secuelas importantes.

Fuente: cuidateplus