Sobre la duración de la siesta
Según un experto en sueño: “No te debe anestesiar la tarde, sino rescatártela”
La duración de la siesta puede marcar la diferencia entre recuperar energía o despertarse con más aturdimiento que antes. Un experto en sueño explica cuánto debería durar este descanso para mejorar el rendimiento sin perjudicar el sueño nocturno.
Tras la comida, el efecto es inmediato: sueño. Es lo que tiene la digestión, que las ganas de dormir se hacen insoportables. Por eso, la hora de la siesta se convierte en la favorita del día para todos aquellos que se lo pueden permitir. Eso sí, en la duración está la clave, pues de ella depende que uno se despierte renovado o, por el contrario, peor de lo que encontraba antes de echar la cabezadita.
“No existe una ‘siesta universal’ válida para todo el mundo porque influye la edad, el cronotipo, las horas dormidas por la noche o, incluso, si uno tiene hábito de dormir siesta”, indica a CuídatePlus Alfredo Rodríguez, experto en sueño y autor del libro Dormir para vivir, quien señala que, sin embargo, “sí sabemos que suele funcionar bien para la mayoría: una siesta corta, de entre 10 y 30 minutos”.
El secreto, asegura, está en que ese descanso no deje “fuera de combate”, sino que devuelva energía y claridad mental: “La buena siesta no es la que te anestesia la tarde, sino la que te la rescata. La evidencia científica muestra que si es breve, puede mejorar el estado de alerta, el humor y el rendimiento cognitivo”.
Acerca de por qué es común despertar de una siesta aún más aturdido de lo que se estaba antes, Rodríguez responde que se debe a que “no siempre nos despertamos en el momento adecuado”. En este sentido, “cuando la siesta se prolonga y entramos en fases más profundas del sueño, el cerebro necesita tiempo para volver a ponerse en marcha”. Esto es lo que se conoce como inercia del sueño, una sensación transitoria de confusión, lentitud mental, somnolencia e, incluso, irritabilidad. “Muchas personas interpretan ese aturdimiento como una señal de que la siesta les sienta mal, cuando en realidad suele indicar que simplemente ha sido demasiado larga. El cerebro necesita tiempo para volver a activarse plenamente. Por eso, uno puede despertarse peor a los 45 minutos que a los 20”, subraya.
Cuando una siesta se alarga demasiado, entramos en sueño profundo, lo que hace que el cerebro reduzca su nivel de activación y entre en una fase de recuperación especialmente intensa. El problema, advierte el especialista consultado, aparece cuando nos despertamos bruscamente en mitad de ese proceso. “Es como si intentáramos arrancar un ordenador mientras todavía está instalando una actualización. El cerebro necesita un tiempo para recuperar plenamente la atención, la velocidad de procesamiento y la sensación subjetiva de estar despierto”, resalta. Esta es la razón, insiste, por la que una siesta excesivamente larga puede generar el efecto contrario al que se busca.
Beneficios de una siesta de entre 10 y 30 minutos
Recapitulando: para la mayoría de los adultos, entre 10 y 30 minutos es probablemente la duración óptima de una siesta. De acuerdo con Rodríguez, ese intervalo permite mejorar la vigilancia, la atención, la memoria de trabajo y el rendimiento cognitivo sin entrar habitualmente en sueño profundo.
Las siestas cortas tienen una relación beneficio-riesgo muy favorable. “Proporcionan una recuperación rápida y minimizan tanto la inercia del sueño como el posible impacto sobre el descanso nocturno. Si además se realizan durante el periodo de menor alerta biológica, normalmente entre las 13:00 y las 16:00 horas, sus beneficios suelen ser mayores”, añade el experto.
¿El calor influye en la necesidad de dormir?

(Foto: Cordon Creative)
Las altas temperaturas pueden aumentar la sensación subjetiva de fatiga y somnolencia. Además, las noches calurosas suelen deteriorar la calidad del sueño. “Dormimos peor, nos despertamos más veces y obtenemos menos sueño profundo y reparador”, lamenta Rodríguez, quien agrega que, como consecuencia, durante el día el cansancio y la necesidad de dormir siesta son mayores. “No es que el calor nos haga dormir más directamente, sino que nos hace dormir peor por la noche y pagamos esa deuda de sueño durante el día”, matiza.
El experto en sueño resume cómo es la siesta ideal en tres reglas sencillas: corta, temprana y estratégica:
- Corta para evitar el sueño profundo.
- Temprana para no competir con la noche.
- Estratégica porque la siesta debe ser un apoyo, no un salvavidas permanente para sobrevivir al cansancio.
“La siesta puede ayudar, pero no debería ocultar una realidad más importante: el mejor lugar para recuperar sueño sigue siendo la noche”, concluye.
Fuente: cuidateplus